Redescubriendo un clásico: ¡Veracruz!
1. La Isla de los Sacrificios:
Este paseo es un clásico, desde antes de poner un pie en la banqueta frente al acuario ya tienes junto a ti a todo tipo de vendedores ambulantes que cargan carpetas con lindas fotos del mar y de una isla que promete ser la más bonita de todas, todos quieren que les compres el paseo a ellos. No desesperes y pregunta por El Canelo pero hagas lo que hagas ¡No digas que lo necesitas para un paseo! Como el mismo nos contó, diles que te debe dinero o que tiene enfermo un familiar. Los tours de las lanchas son competidísimos y seguramente al que le preguntes te mentirá con tal de ganarse el negocio. El Canelo es todo un personaje del puerto de Veracruz, ha salido en las novelas y ha grabado películas con famosos. Su rol, siempre el mismo que desempeña con completa naturalidad, es de Lanchero. Algún inexperto en cultura veracruzana podría pensar que al Canelo le valen los turistas, que le importan tan poco que no tiene reparos en detener su lancha si se encuentra con algún buzo amigo en medio del mar para tener una plática de 5-10minutos mientras que los pasajeros nos miramos divertidos sin entender bien que es lo que está pasando. ¡FALSO! El Canelo hará todo lo posible por que tengas la mejor experiencia… aunque eso implique saltarse algunas reglas.
Estamos frente a la isla de los sacrificios, El Canelo nos enseña el obelisco construido en honor a los franceses (los franchutes, los comebaguettes, como diría uno de los chilangos sin saber que justo frente a el hay uno); Esperamos a que un marino que cambia de turno desembarque, esto claramente, nunca fue mencionado al momento de la venta, otro marino nos mira desde la torre de vigilancia cargando su rifle, hace bromas con el Canelo mientras que los pasajeros invadidos por ese espíritu jarocho intentan convencerlo para que nos deje desembarcar “aunque sea un ratito”. El canelo hace preguntas del tipo: ¿Quién está a cargo? ¿De dónde es el comandante?, busca la información necesaria para su siguiente paso… Retomamos el camino ahora bordeando la pequeña isla hasta quedar justo en la parte opuesta, otro marino nos hace señas desde lejos y el Canelo apaga el motor de la lancha. Esta zona de corales es muy delicada, hay que pasar con cuidado para no dañar el ecosistema, de hecho es muy probable que el paso esté prohibido. El Canelo empieza a negociar con el marino para que nos deje desembarcar por ese lado de manera clandestina: un paseo en la playa rápido y ya les dice, todos ponemos nuestra mejor cara de martirio y ansias pero no funciona, al parecer los contactos fallaron ésta vez y tendremos que irnos sin poner un pie en la arena de la única playa prohibida del puerto de Veracruz.
2. Cancuncito:
La guía (y los vendedores de tours) dicen que es un hermoso islote de arena blanca y aguas cristalinas formado con el paso del huracán Gilberto en donde estarás rodeado de miles de pececillos de colores. Dicen. Nos detenemos en medio del mar, muy cerca de otras embarcaciones como la nuestra. El Canelo avienta el ancla y yo pregunto: ¿En dónde estamos? ¿A qué hora llegamos a Cancuncito? -Esto es Cancuncito!- Me responde el Canelo, con voz desesperada y volteando los ojos, – ya van dos! – Me amenaza (haciendo referencia a alguna otra pregunta estúpida hecha al principio del viaje). ¿Cómo y el islote? ¡Esto es mar abierto! -No hay islote! La marea está alta y solo hay lo que ves! -
Como explicarles la experiencia de llegar a un islote sin islote después de una hora esperando a que el Canelo termine de platicar con buzos, marinos y militares que ha ido encontrando de forma completamente inexplicable en altamar. Resulta ser que Cancuncito solo existe en ciertas épocas del año cuando la marea baja. Por el momento lo que nos espera es agua de mar hasta la cintura, arena de coral molido que lastima los pies y muchos erizos de los que hay que tener cuidado para evitar el pésimo rato de pisar alguno.
Afortunadamente nuestra hielera nos salvó… En una racha de pensamiento iluminado se nos ocurrió llevar una hielera al tour pensando que sería magnífico tener un poco de motivación extra para aprovechar el día. Al principio los demás pasajeros nos hacían unas bromas pero después fue un tema liberador, alguien del grupo de los chilangos sacó una pachita de tequila y media hora más tarde haríamos brindis, echaríamos porras a los recién casados y hasta jugaríamos pases de americano en altamar… El poder integrador que pueden llegar a tener el tequila y las cervezas!
En su idea de buen guía de turistas el Canelo nos atrapa estrellas de mar, erizos vivos, corales y hasta camarones, aunque está estrictamente prohibido llevarse cosas del mar el Canelo nos dice que “por el no hay problema” mientras que no nos revisen los marinos. Al final nadie está tan loco para robarle al mar y después de otra escala en la isla de los sacrificios para cambiar 1kg de café y 24 huevos por pasaje de vuelta en lancha a Veracruz por fin estamos de vuelta en tierra firme.
3. Danzón en el zócalo de Veracruz:
Llegamos al zócalo 20 minutos después del baile de apertura. Aunque esperábamos encontrarnos con parejas bailando danzón no estábamos preparados para lo que vimos, más de 50 parejas de todas las edades dentro de un gran círculo bailaban al compás de los danzones tocados por la banda en vivo. Simplemente maravilloso. Los hay de todos: los evidentes alumnos de una escuela de danzón que vienen con vestidos verdes y abanicos, bailan solo entre ellos y van cambiando de pareja cada que cambia la canción; está la esquina “de los viejitos bien viejitos” en donde mucho más lento que los demás los ancianos bailan con parejas atípicas y atuendos descabellados el anciano con la gorra roja o la señora con los zapatos de lentejuelas; más allá dos jóvenes de no más de 25 bailan con verdadero profesionalismo, siguiendo las formas y los modos, su atuendo es de jeans y en lugar de un abanico tienen su iphone en la mano; del lado contrario casi en la esquina junto a la banda puedes ver a un señor de no menos de 90 que baila con una joven de no más de 16, el viejito intenta enseñarle lo básico, ella se ríe y no logra tomar el paso; abanicos, lentejuelas, guayaberas, zapatos de dandy y tacones de ocasión se mueven al mismo tiempo, como si lo hubieran ensayado antes. Nosotros estamos de pie fuera del círculo, como unos espectadores más. Venimos directo del mar, todavía con sabor a sal en la piel y trajes de baño puestos. En el fondo esperábamos poder integrarnos al gran círculo de danzantes para aplicar el famoso “cuadrito”, paso básico que aprendimos viendo videos en youtube, pero llegar ahí y ver toda la ceremonia que implica bailar danzón en el zócalo de Veracruz nos ha dado una clase de humildad, permanecemos fuera, moviendo los pies, girando la cabeza, asombrados tomando fotos y notas de los bailarines. No resistimos, nos tomamos de las manos y bailamos torpemente, la gente nos mira y se ríe sin siquiera hacer el esfuerzo de ocultarlo. Nosotros, ya acostumbrados a procurar diversión en cada lugar que vamos, intentamos no hacer caso y disfrutar. Sabemos que no somos profesionales, sabemos que nuestro cuadrito no es perfecto, sabemos que las chanclas y los crocs no van con ésta música, pero estamos en Veracruz y la gente es cálida y el ambiente magnífico y es imposible resistirse a los acordes de la banda que toca en vivo “Nereidas”.
Prometemos volver: de tacones, vestido, guayabera y mocasines; con abanico en mano, la actitud bien puesta y claro ¡con el cuadrito dominado!
4. La comida.
El Richards no está en la playa, ni siquiera cerca de la playa, es más ni siquiera en la zona turística. El Richards está una de las avenidas más grandes de Veracruz y cuando uno lo ve lo primero que piensa es “pinche restaurante agringado”. La realidad no está tan lejos de ésta descripción, con su gran tiburón de caricatura y las mesas periqueras que dan nada más y nada menos que a la avenida, el Richards es un restaurante que no termina de encajar por completo en Veracruz. Si decides comer en la gran barra, que podría estar a la orilla de cualquier alberca de los mejores hoteles del puerto, de música de fondo tendrás el melodioso sonido de los autos al pasar y los claxons de los furiosos automovilistas; si optas por una mesa dentro lo más seguro es que la pases mal porque el aire acondicionado tiene la temperatura justa para congelar cadáveres. ¿Entonces por qué sufrir? La respuesta es sencillísima: El Ceviche! Con la receta secreta de la casa, será imposible que no quieras dar una segunda ronda, deliciosamente aderezado con pequeñas láminas de pescado cocido en limón, pimienta y otras cosas esta receta es lo más rico de la carta. No caigas en la tentación de pedir doble, mejor opta por las “Bolas de Fuego” que no te decepcionarán (camarones, jaiba, chile jalapeño envueltos en una costra crujiente de algo que solo pueden ser Korn Flakes) o si tienes ganas de algo mucho más alternativo puedes pedir los Nachos de Jaiba, si, leíste bien, Nachos de Jaiba que combinan los clásicos totopos con queso pero agregándole una salsa blanca de minilla de jaiba con queso manchego. Imperdibles! Además, cómo no amar un lugar donde el mesero te mira con ojos sospechosos porque ordenaste demasiado o donde el dueño gringo te da la mejor bienvenida y hace todo lo posible para que no te falte nada.
La comida veracruzana es un placer de sabores que no puedes quedarte sin probar… El Richards definitivamente no cae en ésta categoría, pero si estás en Veracruz es pecado no acudir por un ceviche!
5. La bebida.
Muy cerca del zócalo de Boca del Río esta una cantinita llamada “El torito”. En realidad es un lugar feíto, con tres mesitas de madera color caoba, una gran pantalla que puede tener un concierto de salsa o el partido del América, la barra también es de madera y atrás te atiende una señora amable que te da la degustación de todos los toritos que quieras. Propongo el de mango aunque el de cacahuate es el más clásico de todos, lo ideal es pedirlo para llevar y darte un paseo por el malecón de boca y sentir la brisa de la laguna o escuchar a los jaraneros en el parque. Cuando estés a punto de irte date otra vuelta por el Torito, ahora para comprar la botella completa y llevar a casa un poco de sol y canto en forma líquida.
6. La playa.
Tienes dos vasos de café y dos pain au chocolat que sobrevivieron el viaje desde Puebla, ahora solo te falta el lugar perfecto para desayunar. La respuesta solo es una: ve a la playa! Aunque no lo parezca desayunar en la playa puede cambiar tu día para bien, puedes dejar tu carro y caminar hasta encontrar la piedrita perfecta que se ajuste a tus pompis mientras te quitas los zapatos y dejas que la arena pasee por tus dedos. Son las 10am y como es temporada baja no hay nadie cerca, solo el mar y el sol de la mañana que aún no es suficiente para quemar. Disfruta el sonido, el café y hasta los panes. Pequeño placer matutino que créeme, querrás repetir al día siguiente.
Por la tarde puedes ir a Antón Lizardo, un pequeño pueblo de pescadores, hay muchas opciones para comer al pie de la carretera pero no es eso lo que buscas, da vuelta en una de las tantas callecitas hasta topar con el mar. Ahí encontrarás una playa limpia y algún restaurante típico con mesas con sombrillas. Pide lo que sea, al final no estás ahí por la comida. Instálate y déjate consentir por la brisa del mar mientras tomas una cerveza. El lugar es tan tranquilo que por tu mente solo puede pasar una idea: ¿Cuándo nos mudamos?
Leave a Reply Cancel reply
Friends (25)
-
Expert
buzzfromthebush
-
Expert
Lea Goldfish Bassa
Skopje -
Expert
tere estudillo
Alvarado -
Expert
kostantine
-
Expert
Lani
Chiang Mai








