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10 señales de que creciste en Galicia

Galicia
by Ana Bulnes 21 Jun 2014

1. Llevas siempre una chaqueta contigo.

Siempre. Aunque estés en Andalucía en pleno verano, no eres capaz de salir de casa sin una rebequita, por si refresca. El día que refresque serás tú quien ría último.

2. El Xabarín Club y las orquestas se ocuparon de tu educación musical.

Así eres tan ecléctico ahora: de los pocos que no pestañearon cuando anunciaron que Raphael tocaba en el Sonorama. Te emocionas igual con conciertos de Triángulo de Amor Bizarro que con actuaciones de la Panorama. Te gustaría verlos juntos y no tienes claro quién debería telonear a quién.

3. Fuiste a la Domus de A Coruña con el cole y te traumatizó el vídeo del parto.

Quizá esto valga solo para una generación determinada, pero los que habéis pasado por este trauma sabéis de qué hablo. Vas inocente, con tus 8 años, a ese museo tan divertido en el que todo es tocar y experimentar. Entonces ves un lugar cerrado en el que están proyectando un vídeo. Entras tranquilo y ves… ¡sangre y más sangre! Responsables de las bajas tasas de natalidad en Galicia, sin duda.

4. Tienes una relación amor-odio con la lluvia.

Esto funciona así: si llueve, te quejas. Sin parar, hasta el infinito. Pero entonces para. Una semana sin lluvia completamente feliz. Dos semanas y notas que la piel se te está secando. Tres semanas y ya hablas de sequía. Cuatro semanas y crees que el apocalipsis del calentamiento global ha llegado y que la Galicia verde va a ser un desierto en tres meses. (Todas las preocupaciones desaparecen cuando vuelve a llover y vuelves a odiar la lluvia y añorar el sol de forma inmediata).

5. No aguantas temperaturas de más de 35º.

Todo el invierno quejándonos del frío, esperando el calor, suspirando por poder ir en manga corta… y esos dos días al año en el que las temperaturas superan los 35º (es decir, que llegan a 36º) no eres capaz de dormir y casi ni de moverte. A no ser que seas de Ourense, claro.

6. Has participado en alguna discusión sobre por qué a los coruñeses se les llama turcos (y tienes tu propia teoría).

Lo aprendiste en el cole (de tus compañeros, no de los profes): los vigueses son portugueses y los coruñeses turcos. La primera parte tiene su lógica. La segunda es más críptica. Que si piratas turcos, que si los autobuses de TourCoruña, que si Franco… hay teorías para todos los gustos y tú las has discutido todas.

7. Miras con suspicacia a cualquier gallego que llame a las silvas “zarzas” y a los fentos, “helechos”.

O a los que hablan del pan revenido y no reseso, o a los que en vez de colo tienen regazo. Eso sin entrar en la discusión de los cazos y cucharones. La Real Academia Española no tiene ni idea.

8. Desde que se retiró Pemán no sabes en quién confiar para el pronóstico del tiempo.

Vas perdido de Meteogalicia a Windguru (si eres de la costa), pasas por 4Gotas y hasta ves La Primera, pero crees que Martiño no es el mismo desde que se cortó la coleta. Al final haces una media y a veces aciertas.

9. Crees que las carreras musicales van a morir a Luar.

¿Artista de capa caída? ¿Folclórica que ya no llena plazas de toros? Xosé Ramón Gayoso te recibirá con los brazos abiertos y te dará una segunda oportunidad, ayudándote a llegar al corazón de todas las abuelas gallegas. Es capaz hasta de anunciar tu muerte –¿por error? -para relanzar tu carrera. Comprueba la garantía Luar: una aparición en el programa, ¡gira veraniega por fiestas en las aldeas de toda Galicia garantizada!

10. Eres incapaz de tomarte la última aceituna.

O el último trozo de empanada. O la última croqueta. La vergüenza de los gallegos es un topicazo, sí, pero de esos que existen y no se sabe bien por qué. No es que nuestras madres nos hayan enseñado que es de mala educación ser quien se acaba una tapa compartida, es que no somos capaces de hacerlo. Si hay algún no gallego en el grupo será obligado a tomarse esa última aceituna. Aunque no le guste.