Bruselas, capital de Europa. Fotos por el escritor.

Cientos de turistas recorren la Grand-Place cada día y degustan los más variopintos tipos de cervezas y chocolates. Las fachadas están decoradas con los héroes míticos del cómic y aún perviven los primeros símbolos del Art Nouveau europeo. Sin embargo, hay otra manera de conocer Bruselas, huyendo de los estereotipos y los tours turísticos más convencionales.

1. ¿Te apasionan las alturas?

Sube al mirador de Bourse. Nadie te habla de él en las guías turísticas, pero desde lo alto del edificio que acoge al supermercado GB se ve Bruselas a vista de pájaro. Es además un lugar de encuentro para los jóvenes belgas, que lo visitan diariamente para refrescarse tras un día agotador. También el mirador del Palais de Justice brinda una panorámica inigualable.

2. El paraíso de la segunda mano.

No esperes encontrar joyas vintage de alta costura en Bruselas, pero sí puedes asegurarte un buen guardarropa a precios imbatibles. En la Place de Jeu de Balle se monta cada mañana un mercadillo donde la segunda mano es el requisito indispensable. En cada puesto se encuentran objetos perdidos en el tiempo, prendas únicas, jerseys hechos a mano, vajillas ancestrales, muebles y filigrana, cámaras fotográficas de colección y demás cosas a las que darles un nuevo sentido. Imagínate cuánta vida han recorrido estos tesoros antes de llegar aquí. Para los curiosos y amantes de la fotografía, por menos de 25 céntimos se pueden adquirir fotografías antiguas de desconocidos, tal vez foco de inspiración para futuros proyectos. Imprescindible regatear.

3. Una pequeña África en Europa.

En el barrio de Matongé, a pocos cientos de metros de la sede de la Unión Europea, conviven más de 45 nacionalidades africanas. En sus calles se siente una como paseando por el barrio homónimo de Kinshasa, capital de Congo, que fue colonia belga hasta 1960. Riquísima la comida “nativa”, y divertido el contraste entre este barrio lleno de color, y el aburrido y futurista enclave de las instituciones europeas.

4. Vuelta al cine clásico.

El cine de autor y culto tiene poca cabida en las carteleras más comerciales. Sin embargo, Bruselas cuenta con dos espacios dedicados expresamente a este tipo de films: retrospectivas de Humphrey Bogart y Greta Garbo, ciclos dedicados al Western o al cine mudo, con énfasis en la extensa filomografía belga. Sesiones diarias en Cinematek y Flagey.

5. Más que live music.

Cada año, cientos de nuevos grupos de música salen a la luz. Algunos nunca llegarán lejos, pero de cualquier forma siempre podremos decir que estuvimos en uno de sus primeros conciertos. Ésta es la perspectiva de la sala de conciertos de Botanique, que acoge todas las semanas conciertos de bandas por lo general poco conocidas, para su promoción y nuestro disfrute. Además hay exposiciones fotográficas gratuitas sumamente curiosas.

Además Bruselas acoge hasta el 19 de junio la exposición “6 Millones de Otros”, un gran proyecto multidisciplinar e itinerante que trata de responder, a través de 6 millones de voces, a las preguntas que nunca dejaremos de cuestionarnos: ¿a qué le tememos?, ¿qué significa ser feliz?, ¿cuál es el objetivo último de la vida? Su próximo destino: San Sebastián, España.

6. Tren a ninguna parte.

Coge un tren y baja en la parada que más llame tu atención. No tengas miedo de atravesar un bosque o de aventurarte por pueblos vacíos y parajes norteños, para descubrir esos sitios ajenos al turismo, la polución y el ruido de las grandes ciudades. Con el Go Pass (10 viajes de tren en territorio belga por 50/74 euros) podrás minimizar los gastos de tus aventuras sin rumbo fijo.