1. ¿Tener la oportunidad de pararte justo en la Mitad de Mundo, de poder ver a huevos haciendo equilibrio sobre la cabeza de un clavo y comprobar que en el hemisferio sur el agua gira en el sentido de las agujas del reloj y en el hemisferio norte al sentido contrario? No gracias, no estás para esos truquitos de magia.

Crédito: Lisa Weichel

2. Ni qué decir de subirse al teleférico de Quito y llegar hasta los 4,053 metros de altitud sobre el nivel del mar sólo para poder observar al menos cuatro picos nevados. Demasiado riesgoso recorrer en el aire 2,5 kilómetros.

Crédito: Bélica

3. Habiendo tantas iglesias en el mundo, sería absurdo que también quieras visitar La Compañía que es una iglesia con una fachada de piedra volcánica en donde encontrarás altares, púlpitos, retablos y cúpulas totalmente cubiertas de pan de oro.

4. ¿Por qué diablos pagarías por una empanada gigante rellena de “viento”? No, a mí no me van a ver la cara.

5. ¿Hacer una fiesta en una especie de bus que recorre las calles del Quito moderno y del Quito colonial y poder ir cantando, saltando y bailando, con música a todo volumen? No suena para nada divertido, mejor quedarse en casa mirando la tele.

6. ¿Por qué ibas a querer ir a una plaza conocida como la plaza de los jubilados en donde se reúnen varios viejitos que se te acercan y te cuentan anécdotas de la ciudad? Si quiero saber sobre la historia de Quito mejor voy y me compro un libro.

7. No veo qué tiene de especial una calle que a lo largo tenga siete cruces y que conecte a las principales iglesias de Quito. Debe tratarse simplemente de una coincidencia.

 

8. ¿Probar un helado de frutas hecho en una gran paila de cobre que echa humo? Mejor no arriesgarse.

9. ¿Subir al Panecillo sólo para ver la estructura gigante de la Virgen de Quito hecha con más de 7 mil piezas de aluminio y tener una de las mejores vistas de la capital desde las alturas? Paso, ya la vista panorámica la tuve cuando el avión estaba sobrevolando por la ciudad.

10. No entiendo la fascinación que hay con La Ronda. Sólo es una calle tradicional quiteña que en la noche se vuelve bohemia y en donde podrás ver a artesanos trabajando, a muchos músicos y a gente que parece que se quedó atrapada en la época colonial.

11. ¿Emprender un viaje por los parajes andinos y costeros en ferrocarril? Ni que estuviéramos en la era del vapor.

12. Y no, no suena divertido salir en la noche a tomar unos cócteles, a una zona superiluminada que está llena de restaurantes, bares, karaokes y ¡turistas!

13. Para qué visitar un mercado en donde podrás comprar productos hechas a mano por artesanos ecuatorianos a precios súper accesibles si en Quito vas a encontrar muchísimos centros comerciales donde venden cosas industrializadas.

Crédito: sooolaro

14. En verdad, ¿por qué ibas a querer conocer la primera ciudad en el mundo declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad? ¡Ni porque sea conocida mundialmente como la “Carita de Dios” me convencen! 

Crédito: Marcio Ramalho