1

Callejear por Santa Cruz.

Que no, que no solo es un barrio para turistas. Santa Cruz recuerda la Sevilla que pudo ser, por eso es uno de los barrios más conocidos de nuestra ciudad. Por aquí dicen que pasó Don Juan Tenorio, aquí duerme la Sevilla que no cambia, la de la pared encalada y el naranjo. Foto: peribanyez

2

Si llueve, mirar al suelo.

Aunque es sabido que la lluvia en Sevilla es una maravilla, pocas veces acostumbramos a mirar al suelo cuando los charcos llenan las calles antiguas de la ciudad. Los charcos sobre el empedrado son el mejor espejo para ver la ciudad como si fuera un sueño. Pasea y mira hacia el adoquinado, que ahí está la ciudad esperándote. Foto: Covadonga del Peso

3

Adentrarte en el Museo de Bellas Artes.

Allí se encuentran las grandes obras de Murillo, entre otros. El museo es imprescindible para todo aquel que visite Sevilla o viva en ella. Y busca la llamada Virgen de la Servilleta, pintada sobre una servilleta de tela y que, te coloques donde te coloques, siempre parece que te está mirando. La magia de la pintura. Foto: Elliott Brown

4

Subir a la Giralda.

Aunque parezca una cosa obvia, no todos los sevillanos han subido a la gran atalaya de la ciudad. No te preocupes porque no tiene escalones, sino rampas. La causa es que, cuando era el alminar de la mezquita, el que llamaba a la oración subía a caballo hasta la cima de la torre. Y por supuesto, las vistas desde el cuerpo de campanas bien merecen el ascenso. Foto: Jorge Correa

5

Encontrar el pajarito en el azulejo de San Pedro.

Dos azulejos presiden la puerta principal de la Iglesia de San Pedro. Uno representa a un crucificado, y el otro a las ánimas esperando clemencia celestial. Es en este segundo donde hay que buscar un pequeño gorrión, que solía ser la firma del autor del azulejo. Aunque creas que es sencillo, no lo es tanto. Foto: Leszek Kozlowski

6

Acudir a la Maestranza una tarde de primavera –a los toros o no.

Siéntate en el poyete de ladrillo de la plaza y siente el bullicio de un lugar con mucha historia tremendamente vivo. Si te gustan los toros, en una tarde de corrida a golpe de pasodoble; si no, en algún concierto al amparo de la noche de verano. Foto: Son of Groucho

7

Aunque no creas, disfrutar del barroco de la Semana Santa.

Da igual que signifique o no algo para ti. Las procesiones de Semana Santa encierran arte y belleza. Aunque sea una vez en la vida, ponte ante una de ellas sin ideas preconcebidas, y solo siente. Foto: Julie Raccuglia

8

Enseñar a un forastero el último mirador de la ciudad.

Sube hasta las alturas de las llamadas “Setas” de la Plaza de la Encarnación y enséñale a un visitante cómo se ve Sevilla desde el cielo de la estructura de madera más grande del mundo. Foto: Harshil Shah

9

Escuchar la música que derrochan las fuentes del Alcázar.

Vinieron los árabes del norte de África a Al-Andalus buscando sus tierras fértiles, y sus mayores tesorso fueron el agua y la vegetación, tan escasos en el desierto. Escuchando los surtidores del Alcázar compuso aquí sus versos Al Mutamid, el rey poeta. Foto: Carlos Jiménez Ruiz

10

Dar de comer a las palomas en la Plaza de América, como si fueras un niño.

Vuelve a tu infancia, que siempre está presente en esta plaza llena de palomas blancas, y da de comer a las palomas. Y si tienes pan duro en casa, luego acércate también a dárselo a los patos en el próximo estanque del cenador. Foto: Kaja Kozłowska

11

Sentirte un príncipe o un duque tomando las estancias de sus palacios.

La Casa de Pilatos o el Palacio de la Condesa de Lebrija, repletos de restos arqueológicos, son tesoros vivos de la ciudad. A estos, visitables, se suma en primavera el Palacio de Dueñas, propiedad de la Duquesa de Alba. Foto: Kathleen Waters Photography

12

Recorrer en coche de caballos el Parque de María Luisa.

Mientras escuchas el claqueteo de las herraduras sobre el suelo y la brisa primaveral te acaricia, disfruta del parque con más historia de Sevilla. Lo donaron a la ciudad los Duques de Montpensier. Foto: Raúl A.

13

Pasear en silencio por las naves de la Catedral gótica más grande del mundo.

La imponencia de las naves de la Catedral de Sevilla te dejará sin palabras, por lo que el silencio va a venir solo. Si tienes suerte, podrás escuchar la grandeza de los órganos románticos sonando en el eco del templo. Foto: Hernán Piñera

14

Contemplar los azulejos de la Plaza de España.

Esta plaza de Aníbal González, que fue escenario de “Star Wars” y construida en 1929, es un ejemplo de rica azulejería. Representa el abrazo de España a sus colonias y en ella están representadas todas las provincias españolas. Foto: S. Hoya

15

Sentarte junto al río a ver caer el sol sobre Triana.

Este puente con un aire tan parisino es uno de los focos de atención de todo el que visita Sevilla. Triana es el barrio que no quiere cambiar, el que es “puente y aparte”, y por el que se despide el día. Foto: José Manuel Ríos Valiente