1. Punta de solomillo de Las Golondrinas

Lugar con solera de Triana donde los haya, si pides una punta, el camarero lo considerará tan obvio que solo gritará a cocina “¡una!”. Aunque pueda parecer sencillo un trozo de solomillo sobre pan, probarla es querer más y más.

2. Croquetas de Casa Ricardo

Si decimos que las croquetas que se hacen en este bar tienen una fama que traspasa las fronteras de la ciudad, no nos quedamos cortos. Con una bechamel casi líquida y una cubierta crujiente, este manjar ya es historia viva de la ciudad.

3. Pavía de bacalao de El Rinconcillo

El lugar es ya en sí uno de los bares con más encanto de Sevilla, pero si encima le sumas las pavías de bacalao que preparan, pueden ser maravilla del mundo. Bacalao en una masa jugosa con un rebozado dorado que hará las delicias de cualquier amante del pescado.

4. Boquerones en adobo de Blanco Cerrillo

Solo con el olor que desprende este bar por la calle Tetuán ya estás degustando la tapa. No esperes decoración ambiciosa ni moderneces, porque esto es un bar de toda la vida. De los de cuenta con tiza sobre la barra. Hay gente que viene de todos los puntos de Sevilla solo para probar su adobo tan peculiar, una maravilla.

5. Montadito de pringá de Las Columnas

Con vistas a la Giralda desde Mateos Gago -¿cuántas fotos se habrán hecho en esa esquina?-, este local con aire antiguo elabora un montadito sin igual. La pringá, para los no iniciados, es la mezcla muy picada de las carnes guisadas con el cocido. Por un día, merece la pena saltarse la dieta.

6. Ensaladilla de gambas de Mariscos Emilio

Sevilla se preocupa tanto de la ensaladilla, que hasta hay una cuenta de Twitter que vigila por la calidad de este plato bajo el lema de Observatorio de la Ensaladilla. Con una mayonesa sabrosa y jugosa y las mejores gambas, un plato refrescante para cualquier época del año.

7. Tortillitas de camarones de Barbiana

Más céntrico imposible, este local trae hasta Sevilla los sabores de Sanlúcar de Barrameda. En su carta aparecen las tortillitas de camarones, unas finísimas y crujientes estructuras con mucho de ingeniería con el mejor sabor del mar.

8. Piripi de la Bodeguita Romero

Afianzada en la ciudad como un coche de caballos, la bodeguita ha encontrado una de las mejores combinaciones de ingredientes para crear su montadito estrella. Bacon, queso, cinta de lomo, tomate y mayonesa insertados en crujiente pan. Un bocado exquisito.

9. Codornices en Casa Ruperto

Allí la mayoría de las veces las llaman solo “pajaritos”, y si eres un poco escrupuloso en cuanto a ver un pájaro completo cocinado, quizá no sea tu lugar. Pero te aseguramos que el sabor de estas codornices lo compensa, con su receta completamente trianera.

10. Pescaíto frito en Freiduría Reina Victoria

Mucho sabe Triana de freír los mejores productos del mar. Harina de garbanzos para una cubierta más crujiente de cazón en adobo, chocos o puntillitas. Si lo pruebas, volverás.

11. Serranito de Mesón el Serranito

En muchos otros lugares ni siquiera saben lo que es un “serranito”. Ellos se lo pierden. ¿Puede haber algo mejor que este bocadillo de lomo, pimientos fritos y tomate? Otros le ponen queso, tortilla, mayonesa… Para gustos los colores.

12. Salmorejo de Bodeguita Casablanca

En la esquina con la céntrica Avenida de la Constitución, muchos buscan el refresco de una cerveza y un buen cuenco de salmorejo. El de aquí es potente, muy sabroso y con la textura ideal, sin desmerecer a Córdoba.

13. Cola de toro en Pepe Hillo

Justo detrás de la plaza de toros de la Maestranza, la carne de lidia tiene aquí su último capotazo. La cola de toro, guiso jugoso y con un sabor potente, se cocina en esta taberna torera con mucho mimo. Un buen lugar para los amantes de los guisos.

14. Caracoles en Bar Rosita

Alejado del centro, en el corazón del popular barrio de El Plantinar, se encuentra este modesto bar que tiene la receta de la mejor salsa de caracoles de la ciudad. Si después de degustarlos no mojas un bollo de pan, es que tienes mucha fuerza de voluntad.

15. Espinacas con garbanzos de Casa Ruiz

Lo bueno de este plato es que se hace esperar, porque es habitual de Cuaresma, el tiempo previo a la Semana Santa. Un guiso sano y apto para vegetarianos que combina la contundencia del garbanzo con la suavidad de las espinacas con su toque de amargor.

Fotos de los propios bares y restaurantes