Galilea está cubierta de montañas, ríos, lagos y bosques frondosos. El conjunto del paisaje es verde y azul, salpicado de flores, y la generosidad que brota de la tierra me hizo sentir que era muy congruente que Jesús hubiera pasado la mayoría de sus años allí, y que también, entre la gente humilde de Galilea, hubiera encontrado a su comunidad espiritual.

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Galilea está al norte de Israel y su población es mayoritariamente de origen árabe, musulmanes y cristianos, aunque también viven muchos judíos. Además, hay otras comunidades religiosas, como los drusos y los circasianos. En la foto se ve a un hombre druso, en una población cercana al Lago de Tiberíades (Mar de Galilea).

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Aquí el almuerzo que compartimos en la villa drusa, consistente en su pan tradicional relleno con queso de cabra y, como siempre en la comida de Medio Oriente, muchas verduras de acompañamiento.

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El pico más alto de Galilea es el Monte Merón, a 1.208 metros sobre el nivel del mar, ¡miren qué vista!

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Galilea es un lugar muy interesante para visitar por varios motivos: sus parques nacionales, sus reservas naturales, su papel en la historia de las comunidades agro-culturales llamadas moshavim y sus sitios sagrados. En la foto, el Parque Nacional Arbel, muy cerca de Tiberíades.

A mis espaldas, ¡la bellísima y mágica ciudad de Nazaret! En este caso vista desde el Monte Precipicio.

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La Ciudad Vieja de Nazaret hay que recorrerla sin prisa, parando en los puestos del mercado, o deteniéndose para oler las flores que hay en sus jardines. Un amigo me había dicho que “Nazaret parece siempre estar a medio construir… pero ese es justamente lo que le da su encanto único”. Así es.

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Te advierto que inevitablemente vas a perderte en las callecitas imposibles de la ciudad vieja. Disfrútalo. La gente es muy amable y va a estar muy feliz de poder ayudarte a encontrar tu camino.

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Yo no soy de sentir a Dios en los templos, sino en la naturaleza y a través de la mirada de la gente, pero la visita a la Basílica de la Anunciación, en Nazaret, en una tarde fría y ventosa, me conmovió profundamente.

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Es en esta gruta donde cuenta la tradición que el Arcángel Gabriel le anunció a María la llegada de Jesús. Hay una energía aquí que no se puede explicar, hay que sentirla… Me quedé un rato largo meditando en el silencio de este templo sobre los tiempos que corren, preguntándome qué estamos permitiendo que nos sea anunciado.

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Los dulces de Nazaret son los mejores del país (y del mundo, me atrevería a decir). Estos los compré en Mahroum, una de las dulcerías más antiguas y tradicionales de la ciudad.

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Miren estos katayef que chorrean almíbar, aceite y mucho, mucho amor… Son ideales para las nochecitas frescas de Nazaret (o también para los días calurosos y sin viento alguno, jaja). Eso sí: siempre coman estos dulces acompañados del glorioso café árabe. Los más ricos que comí son los de Dewan al Saraya Abu Ashraf, en la ciudad vieja.

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Pero antes de pedir el postre no se olviden de almorzar 😉

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Para quienes son católicos, les recomiendo la visita al Centro Internacional Marie de Nazareth, donde hay un espectáculo con muy buenos efectos especiales que pasea al visitante por la vida de Jesús. Además, si suben a la terraza se encontrarán con la mejor vista de la ciudad vieja de Nazaret.

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Otro lugar que figura entre mis favoritos del viaje a Galilea es el Monte de las Bienaventuranzas (o Monte de Beatitud), lugar en el que Jesús habría pronunciado el Sermón del monte. Más allá de cuál sea tu religión, o de que no profeses ninguna, te recomiendo sentarte frente a las costas del Mar de Galilea y leer ahí mismo ese texto lleno de sabiduría. Te sentirás, créeme, muy bienaventurado.

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Cafarnaúm, o “la ciudad de Jesús”, está a orillas del Mar de Galilea (Lago Tiberíades). De aquí venían los apóstoles Simón Pedro, Andrés, Santiago, Juan y Mateo, y es desde donde Jesús ejerció su ministerio en las aldeas de Galilea.

Los cristianos consideran que en Cafarnaúm se encuentra “la primera iglesia en el mundo”, ya que se cree que allí estaba la casa de Pedro. En la foto, los restos de la antigua sinagoga de Capernaúm. Te aseguro que no es difícil caminar por estas ruinas e imaginarte a los personajes de los relatos bíblicos.

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El Lago Tiberíades o Mar de Galilea es un lago de agua fresca, con playas riquísimas de arena clara para pasar el día.

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O para pasear en uno de estos barquitos…

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El Monte Tabor es donde la tradición dice que ocurrió la transfiguración de Jesús.

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Esta es la antigua ciudad de Tiberíades, a orillas del Mar de Galilea.

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Las Termas de Hadat Gamer, cerca de Tiberíades, son exquisitas para relajarse.

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La Iglesia de la Boda, en Caná, es el lugar donde, según los relatos bíblicos, se produjo el primer milagro de Jesús. Muchas parejas católicas llegan hasta aquí para renovar su votos matrimoniales (no fue mi caso, jeje).

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Los mosaicos bizantinos en la Iglesia de Multiplicación de los panes y los peces, en Tabgha, recuerdan el famoso milagro atribuido a Jesús.

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Desde Galilea fuimos a las Alturas del Golán, donde pudimos apreciar las fronteras de Israel con Siria y con Líbano. En la foto, el puesto de los soldados cascos azules de las Naciones Unidas y, detrás de la nieve, el Líbano.

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También en los Altos del Golán visité la Reserva Natural de Banias, llena de cascadas y de paisajes espectaculares.

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Por último, les comparto esta foto de una fuente dedicada a la paz, ubicada en una rotonda en el centro de Nazaret. Mis compañeros de viaje no la consideraron gran cosa, pero a mí me encantó porque estaba en el centro de la ciudad real, ya no la antigua o la de los lugares sagrados, sino la Nazareth donde la gente pasa manejando todos los días y va a caminar, a comer shawarma o a comprar dulces. Entre tanto lugar sagrado e histórico, era para mí un cable a tierra el reencontrarme cada tarde con esta fuentecita alegre y colorida, pedirme un cafecito árabe y mirar pasar la vida cotidiana de la ciudad en la que, hace un poco más de dos mil años, vivió mi querido Jesús.

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