“Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”. Francisco de Asís de Icaza y Beña le dedicó estas palabras a la ciudad de Granada, pero bien podría extenderse a toda la provincia, que es bellísima y rica en maravillas naturales y culturales. En Granada se pueden distinguir tres zonas bien diferenciadas: la costa, la vega granadina y la zona de las montañas, cada una de ellas con sus propios encantos. Aquí damos una vuelta por los paisajes granadinos durante las cuatro estaciones del año.

La Sierra Nevada en todo su esplendor.

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Los almendros empiezan a florecer en marzo y son un verdadero deleite.

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Aunque no solo de almendros está hecha la primavera granadina.

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Un pueblito blanco de la Alpujarra visto desde lo alto, donde solo se puede llegar a pie (en la foto, Trevélez).

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Las chimeneas alpujarreñas son siempre parte del paisaje.

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Es inevitable no cruzarse en algún momento con vacas, cabras o con un rebaño de ovejas, cuando se está de visita en la Alpujarra granadina.

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No has estado en Granada si no has visto un campo de olivos.

El verdor de La Vega granadina es inigualable.

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La Costa Tropical de Granada demuestra que, cuando se trata de diversidad de paisajes, esta provincia lo tiene todo.

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Mira esta vista del mar Mediterráneo desde lo alto de Almuñécar si no…

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Después de una nevada, la Alpujarra se torna blanco y negro.

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La Alpujarra también va a regalarte los mejores atardeceres del mundo (foto tomada en Trevélez).

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Por último, y si bien no es un paisaje cien por ciento natural, no podemos dejar de mencionar la vista de La Alhambra, en este caso desde el Mirador San Nicolás, en El Albaicín.

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