Probablemente la idea que cada persona tenga del paraíso sea diferente, pero en algo seguro habrá coincidencia: se trata de un lugar puro en donde los paisajes son tan bellos que nos hacen querer pasar allí el resto de nuestra vida. Así es la Patagonia, ese territorio mágico que comprende el extremos sur de Chile y de Argentina. Y para muestra… ¡vayan estas imágenes!

En El Chaltén (Santa Cruz, Argentina) los colores vibran. Azules, celestes, turquesas, rojos, ocres… Un pueblo en medio del Parque Nacional Los Glaciares donde la naturaleza es inmensa, imponente y libre de contaminación.

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En Punta Tombo (Chubut, Argentina) está la colonia más grande de pingüinos Magallanes. Miles de aves hacen allí sus nidos entre septiembre y abril. Es imperdible la experiencia de caminar entre pingüinos que van y vienen entre sus nidos y el mar, observarlos y conocerlos en su habitat natural y a pocos metros de distancia.

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Se lo conoce como el faro del fin del mundo (Tierra del Fuego, Argentina) pero su verdadero nombre es Les Eclaireurs (Los Iluminadores). Esta torre cónica de 11 metros de altura está emplazada en un conjunto de islotes -que llevan el mismo nombre- frente a las costas de Ushuaia. Inaugurado en 1920, todavía hoy sigue en funcionamiento.

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Camarones (Chubut, Argentina) es un “pueblo auténtico” en donde cada imagen pertenece a otro tiempo. Uno de los pueblos costeros más pintorescos de la Argentina y que fue declarado de interés histórico dentro de un plan de puesta en valor.

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El bosque petrificado Sarmiento (Chubut, Argentina) es un monumento natural de más de 65 millones de años. El sílice aportado por las erupciones volcánicas y millones de años convirtieron a la madera de estas coníferas en piedra.

Bahía Bustamante (Chubut, Argentina) es un pueblito turístico lleno de magia. Todavía allí se mantiene la impronta de la próspera estancia dedicada a la recolección de algas que alguna vez fue, sobre las aguas azules del océano Atlántico.

El glaciar Perito Moreno (Santa Cruz, Argentina) es un lugar único en el mundo. Todo está enmarcado entre la blancura extrema de los hielos y la intensidad de los azules del cielo. El sonido predominante es el silencio. Lo ideal es recorrerlo en verano y aprovechar las largas jornadas de sol.

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Las Torres del Paine (Magallanes y Antártica chilena, Chile) están en el parque nacional del mismo nombre. Se trata de un área silvestre protegida. Este parque fue seleccionado en 2013 como la octava maravilla del mundo en una votación de la que participaron más de cinco millones de personas.

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El volcán Lanín (Parque Nacional Lanín, Neuquén, Argentina) emerge con su cumbre siempre nevada entre montañas más bajas, rodeado de bosques de cipreses, ñires, lengas, coihues y araucarias. Para los mapuches es un lugar sagrado y es el ícono que los identifica.

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El Parque Nacional Los Alerces (Chubut, Argentina) fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, por ser uno de los parques nacionales más ricos en vegetación. Allí hay bosques milenarios de alerces de más de 2.600 años de antigüedad.

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El cóndor andino es una de las aves más grandes del planeta… En cualquier parte de los andes patagónicos se los puede ver planeando simplemente con levantar la vista. Verlos volar con sus alas desplegadas es uno de los espectáculos más hermosos que un ave puede ofrecer.

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El Río Futaleufú (Región de Los Lagos, Chile/Parque Nacional Los Alerces, Chubut, Argentina) es uno de los mejores de la Patagonia para practicar rafting y kayak. Sus aguas verde esmeralda y turquesa cruzan la cordillera y desembocan en el océano Pacífico.

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Villa Pehuenia (Neuquén, Argentina) está entre coloridos cerros, lagos azul intenso, costas de arenas blanquísimas y bosques de mil verdes. Como curiosidad, en el cráter del volcán Batea Mahuida se formó una laguna.

El Río Azul (Chubut, Argentina) sin dudas debe su nombre a su intenso color. Su cauce por momentos es ancho y poco profundo, hasta que se encajona y lo bordean paredes de 40 metros de alto, para luego formar piletones azul turquesa.

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El cerro Tronador está en el Parque Nacional Nahuel Huapi (Río Negro, Argentina). Tiene siete glaciares milenarios que le dieron el nombre, a partir de los estruendos provocados por los desprendimientos de hielo. Se puede recorrer durante todo el año.

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Puerto Madryn (Chubut, Argentina) es la capital nacional del buceo. Sus aguas son especiales para bucear junto a lobos marinos y -con suerte- hasta puede pasar cerca una ballena franca austral.

Dientes de Navarino (provincia Antártica, Chile) es el circuito de trekking más austral del mundo. Hay lagunas congeladas, cumbres nevadas, taludes de roca, y nacimiento de torrentes y ríos subterráneos. Todo rodeando el cordón de los Dientes.

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El Parque Pumalín (Provincia de Palena, Región de los Lagos, Chile) es una reserva declarada santuario de la naturaleza. Estas tierras fueron preservadas de la explotación forestal por el empresario y activista norteamericano Douglas Tompkins.

Donde hoy está Villa El Chocón alguna vez vivió una variada y numerosa fauna de dinosaurios. En el museo está el original y la réplica completa del Giganotosaurus carolinii, de 100 millones de años de antigüedad y considerado el dinosaurio carnívoro más grande de todos los tiempos.

Bahía Lapataia (Tierra del Fuego, Argentina) es un sitio emblemático argentino porque es allí donde está el cartel que indica el final de la ruta nacional 3, a 3.079 kilómetros de Buenos Aires y 17.848 de Alaska, en el extremo norte. Está ubicada en el Parque Nacional Tierra del Fuego.

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En medio de la cordillera patagónica hay un pedacito de Gales, Inglaterra: se llama Trevelin (Chubut, Argentina). Típicas construcciones galesas, casas de té, rosedales en las calles y son el marco para un viaje a través del tiempo y del océano.

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El archipiélago conformado por las Islas Malvinas (Tierra del Fuego, Argentina) es un terreno rocoso, cubierto de pastos y musgos, con peñascos y planicies. Un paisaje crudo e inmenso, con ríos de piedra en los que se formaban pequeños glaciares.

Pero además de paisajes que prueban que la Patagonia es el paraíso en la tierra, también lo prueban sus comidas típicas. En cada pueblo hay fábricas de chocolates, plantaciones de berries y producción de dulces artesanales.

En cuanto a platos elaborados, el curanto es originario del sur de Chile pero muy popular también en la Patagonia argentina, y sumamente delicioso: una cocción a base de carne y verduras que se realiza durante horas en un pozo cavado en la tierra cubierto con piedras calientes.

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La Trochita…
Este pintoresco trencito a vapor que une las localidades de Ingeniero Jacobacci (Río Negro) y Esquel (Chubut) se llama Viejo Expreso Patagónico, pero se lo conoce como “La Trochita”, porque su trocha es de apenas 75 centímetros (casi 30 pulgadas). Su recorrido original (inaugurado en 1922) es de 402 kilómetros y 600 curvas que recorren los paisajes de los Andes patagónicos, entre picos nevados y bosques de pinos.

Primero como tren de carga y después de pasajeros, funcionó en su recorrido completo hasta 1993. Años después, se reabrió pero con un trayecto corto entre Esquel y Nahuel Pan como paseo turístico. Los vagones y sus asientos de madera son los originales, al igual que sus locomotoras a vapor.

Protagonista del libro “El viejo expreso de la Patagonia”, de Paul Theroux, este tren es un paseo increíble para sentir el espíritu del sur argentino.

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Los cielos patagónicos son un lujo que tenés que ver al menos una vez en tu vida…

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