1. Tu idea del cielo nocturno cambiará para siempre al visitar San Juan…

El Parque Nacional El Leoncito te ofrece unas 300 noches al año de cielo diáfano, siendo uno de los mejores lugares en el mundo para ir a observar a las estrellas. Después de tan espectacular paisaje, sentirás melancolía cuando lo único que veas por tu ventana sean las Tres Marías y la Luna.

2. Encontrarás rincones de paz por todos lados, con silencio y cielo despejado. Y después, ¿cómo harás para volver a la locura de la ciudad?

3. Es probable que quieras romper algunas reglas de Parques Nacionales y ponerte a jugar en esta cancha de bochas…

Cancha de bochas, Valle de la Luna. Crédito: anijdam

4. Terminarás tomando demasiadas fotos de paisajes que no parecen de este mundo.

El problema será al regresar… ¿Cómo explicarle a tus amigos qué se siente caminar entre estas formaciones en una noche de luna llena?
Imágenes tomadas en el Parque Provincial Ischigualasto.

Esfinge, Valle de la Luna. Crédito: anijdam

 

5. Descubrirás que el lugar conocido como una de las “capitales argentinas del viento” no es broma…

Como no es chiste la calidad de los acróbatas del viento que te cruzarás ahí.

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6. Y en el Dique Cuesta del Viento, te enamorarás perdidamente de las gamas de colores siempre cambiantes de las aguas y de los cerros.

¡Será too much para tus ojos sensibles!

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7. Muchas de las personas que conozcas te invitarán a compartir su estilo de vida, pero vos no sos un deportista ni te interesa nada que suene remotamente divertido.

8. Tampoco te “copa” la idea de dejarte mimar en las termas de Pismanta…

El hotel-cooperativa, que te ofrece tratamientos naturales y económicos en medio de este paisaje idílico, subirá tus estándares respecto a los centros de belleza. Luego, en los pequeños spas de las ciudades, no podrás dejar de añorar esta experiencia.

9. San Juan es una de esas provincias que te hacen tomar dimensión de la inmensidad y diversidad de la Argentina. ¿Pero quién quiere que le abran la cabeza?

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10. Probablemente te veas “obligado” a aprender a apreciar el agua…

11. ¡Y finalmente comprobarás que los oasis son reales! (con el peligro de que quieras quedarte a vivir en uno de ellos)

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12. Verás con tus propios ojos cómo funcionan las técnicas de construcción tradicionales y sustentables, y desde entonces no podrás dejar de soñar con tu propia casa de adobe.

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13. Está claro que vos no sos un geólogo, así que los Cerros Pintados de Barreal, en Calingasta, no te llaman la atención…

14. Tampoco serás capaz de comprender a esos deportistas de todo el mundo que llegan a San Juan para saciar sus dosis de adrenalina y de contacto con la naturaleza…

15. Aunque quizás sí te acostumbres rápido al tiempo lento, ese tiempo de charlas y de siestas, “tiempo de jugar que es el mejor” como decía María Elena Walsh.

Crédito de la imagen: Nicolás Trombino.

16. Especialmente después de descubrir los vinos y los viñedos de San Juan.

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17. Algunos especímenes sanjuaninos dan un poco de miedo… ¡Tendrías que estar loco para querer conocer su historia!

18. ¡Mejor no vayas a San Juan! Quedate en tu zona de confort gris, que la paleta de colores de San Juan está saturadísima 😉 

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Crédito de la imagen de portada: Nicolás Trombino.