1. “Hakuna Matata” – El Rey León (1997)

Esas dos palabras resolverán todos tus problemas…

¿Te equivocaste de aeropuerto? ¿Tu equipaje va camino a Brasilia y vos, a Lima? ¿El tren partía de la plataforma de la otra punta? ¿Llegaste al hostel, pero tu reserva no está registrada? ¿Te dejaste el pasaporte en la caja fuerte del hotel? No hay problema. Respirá hondo ocho veces y recordá los consejos de tus amigos Timón y Pumba, e internamente (o a los gritos) canta:

Sin preocuparse… es como hay que vivir. A vivir así, yo aquí aprendí. Hakuna Matata. Y hablando de vivir sin preocupaciones…

 

2. “Lo más vital” – El Libro de la Selva (1967)


¿Qué es lo más esencial para vivir?, pregunta Baloo, quien por sobre todo nos enseña con claridad:

Doquiera que vaya

Doquiera que estoy

Soy oso dichoso

Soy oso feliz.

 

3. “Volarás, volarás, volarás” – Peter Pan (1953)


No todos los viajantes somos intrépidos paracaidistas o escaladores. Ciertos temores se cuelan en nuestro equipaje y no nos permiten disfrutar de nuestra travesía al cien por ciento. Uno de los miedos más comunes es el miedo a volar en avión. Algunos nos entregamos a la lata voladora, pero sufrimos de insomnio varias noches antes de viajar y sudamos las 14 horas de vuelo aunque intentemos distraernos con el entretenimiento abordo. Otros se las ingenian para viajar solo regionalmente en tren o autobús, pero sacrifican conocer destinos soñados. ¡Y pensar que es tan fácil para Peter Pan! Hagamos como él: pensemos en algo encantador, consigamos un poco de polvo de duende (o dramamine) y… ¡a volar!

 

4. “Verano” – Frozen: Una Aventura Congelada (2013)


¿Quién no rogó alguna vez, cansado de días que comienzan y terminan cuando el sol ya no se ve, porque llegara el clima más cálido? Si nuestro lugar de estadía actual nos congela, idealizamos entonces a esa playa de arena blanca, con palmeras y suaves olas en el mar, al ritmo de Olaf con su sueño imposible de broncearse en calma en el veranoooooo.

 

5. “Colores en el Viento” – Pocahontas (1995)


Cae la tarde, estás de campamento en las sierras (o cualquier área de belleza natural alejada de la ciudad) y necesitás ir a juntar leña para encender el fogón. Entonces, te sorprende un arroyito. Te agachás a probar la temperatura del agua y tomar una piedrita del fondo como recuerdo. De pronto, una suave brisa te alborota el pelo y mariposas de todos colores te rodean invitándote a ser parte de su danza aérea. Te dejás llevar, extendés los brazos y girás, girás y girás hasta dejarte caer para descubrir los colores del cielo al atardecer. Y sí, es evidente: te poseyó el espíritu de Pocahontas.

O quizás recuerdes su mensaje al ver con tristeza los efectos de la acción del hombre occidental que se cree “señor” de todo territorio…

 

6. “Bounjour” – La Bella y la Bestia (1991)

Yo quiero más que vida provincial…

Si viajando te sentiste una chica rara en medio de un lugar demasiado conservador, o si sentirte así en donde creciste fue lo que te impulsó a viajar en primer lugar, es probable que compartas el sentimiento de Bella de querer más que una vida provincial.

Quién pudiera decir eso en la campiña francesa del Valle de Loire… entre antiguos castillos y degustando deliciosos quesos y vinos. Pero lo cierto es que todos podemos sentirnos atrapados en un lugar, tristemente incomprendidos. Ojo, quien te “rescate” de tu aburrimiento puede ser una Bestia.

 

7. “Un Mundo Ideal” – Aladdín (1992)


Quizás nos enamoramos en un work and travel en un lugar remoto… ¿Confiaremos, entonces, en la propuesta del Aladino de turno? Quizás terminemos mochileando los paradisíacos paisajes del Sudeste Asiático, o como “mínimo” conociendo nuevas culturas y formas de vida que recordaremos por siempre como un mundo ideal.

 

8. “Supercalifragilisticoexpialidoso” – Mary Poppins (1964)

A veces, en menúes, mapas o publicidades callejeras, aparecen palabritas en el idioma local que por su escritura, pronunciación o significado nos llaman la atención. A partir de ese momento, como por arte de magia, empezamos a encontrarlas en todos los lugares que visitamos en ese destino. Se convierten así en esa expresión especial que usamos para brindar en la cena o para sonreír al sacarnos una foto.

Ya de regreso, aunque para nuestros seres queridos en casa suene enredosa o espantosa, para nosotros será un souvenir no material y/o el código que siempre nos unirá a nuestros compañeros de viaje.

 

9. “Ven a Nueva Orleans” – La Princesa y El Sapo (2009)


A veces los destinos clásicos son solo la puerta de entrada. Visitando amigos, buscando las locaciones de nuestras películas favoritas, siguiendo la gira de una banda que amamos, o simplemente dejándonos llevar por el viento, terminamos en lugares no planeados. La clave es mantener la mente abierta y escuchar al ritmo de qué compás latimos. ¿Quién sabe? Quizás haya mucha magia y música en el pantano. Quizás el chico ese del ukelele que te invita al pueblo sureño allá por el río termina siendo el príncipe al que ya habías descartado encontrar.

 

10. “Parte de tu Mundo” – La Sirenita (1989)


¿Qué debo dar para vivir fuera del agua?

Aunque nos sintamos bien en casa y estemos rodeados de gente que nos quiera, al igual que Ariel, idealizamos lugares que conocimos viajando y al que nos morimos por volver para quedarnos y ser parte de él. Es probable que esa idealización surja de un sentimiento de identificación o curiosidad por un modo de vida muy diferente a la del lugar en el que vivimos. Sentimos que encajamos perfectamente con lo que conocimos y suponemos que nos encantará lo que nos falta conocer.

Los más valientes, hacen el equipaje y se embarcan en la aventura de mudarse a ese lugar soñado. Los demás, si tenemos los medios, volvemos a esos destinos cada vez con más frecuencia y con cualquier excusa. Y apenas conocemos a alguien le pedimos que nos cuente de su infancia, de su familia, de sus hobbies, de lo que sea… porque nos morimos por saber más mucho más y escuchar esa “señal” que justifique dejar todo para no volver.