Foto: joseloya

1. A alimentar tu gastritis.

Pelonas, molotes, chalupas…¡Cualquiera de las delicias fritas poblanas es buena para mantener contenta a tu amada gastritis!

2. A sentirte menos gordo.

Al día siguiente de tu atasque nocturno de garnachas, cómo aguantarte las incontrolables ganas de correr o pasear en bici por la Avenida Juárez, el Parque del Arte o el Parque Ecológico…Admito que a algunos no nos cuesta nada aguantarnos esas ganas ¡porque nunca aparecen! 😛

3. A chacharear por el centro.

¡Y cómo resistirse a curiosear entre la variedad de « chucherías » en Analco, el Parián o Los Sapos! ¿Qué tal si por chacharear bien encuentras a ese tesoro que grita tu nombre?

4. A las promos en los bares.

En Puebla puedes dejar de beber con tus amigos por razones de ética, desarrollo personal, o por lo que tú quieras…¡Pero no por dinero! Hay bares para todos los gustos que pueden dar alegría a tu Barney Gómez interior, sin sacarle todo el relleno a tu cartera.

5. A ser juez de chiles en nogada.

Cada año, hay una temporada (ya sabes cuál) en la que Puebla queda poseída por el espíritu de un difunto crítico gastronómico, a quien solamente le gustaba comer chiles en nogada de su abuela, y nada más. Se dice que el crítico murió por comer un chile en nogada en el Distrito Federal, y por eso año tras año regresa a encargarse de que todos en Puebla juzguemos a cada chile que ose llamarse « en nogada ».

6. A estar al pendiente de los volcanes.

Que si amanecieron nevados, que si la fumarola, que si están despejados, que si tienen OVNIS…es muy fácil obsesionarse con esas bellas protuberancias de la naturaleza.

7. A tus dosis de cultura.

De vez en cuando, una paseadita por una exposición en algún museo de la ciudad, o tan solo ver una película proyectada en el Museo Amparo, es suficiente para mantener calmada a esa voz que te dice que debes pagar por el tiempo que has desperdiciado en Facebook.

8. A desayunar como campeón.

¿Torta de tamal? ¿Memelas? ¿Atole? ¿Tacos de canasta? Sí, sí, sí y sí. ¡Tú qué culpa! Necesitas la energía para… bueno… ¡tú no tienes porqué estar dando explicaciones!

9. A viajar en el tiempo.

Cómo desaprovechar la oportunidad de trasladarte a la época que más se acomode a tus necesidades. En la mañana puedes ser muy romántico « a la antigüita » y llevar a tu novia por un helado al zócalo y, esa misma noche, disfrutar de una película con tecnología 4DX en un Cinépolis.

10. A pueblear los fines de semana.

Con tanto pueblo mágico a tan poco tiempo de la ciudad, es difícil resistirse escaparse los fines de semana a estos lugares tan extraordinarios a los que muchos deben pagar cientos de euros, libras o dólares por llegar a ver. Tendrás que decir que no a más bautizos y primeras comuniones de tus familiares ( ¡Ni modo! ), porque una vez que descubres las maravillas que tienes tan accesibles… ¡Siempre vas a querer más!