Pelea de almohadas de couchsurfers. Crédito: Beatrice Murch

1- Estudia con cuidado el perfil del couchsurfer con quien te interesa alojarte.

Intenta buscar a alguien con un perfil semejante al tuyo, con el que compartas intereses y con quien tengas bastantes puntos en común. Es la mejor forma de evitar sorpresas. Imagínate que contactas con un anfitrión que es una familia con cinco niños y tú, en este momento, estás buscando unos días de descanso y tranquilidad…Si buscas que tu anfitrión tenga un perfil completo, algo que es más que recomendable, podrás conocer si vive en pareja, si es familia numerosa, si es una persona joven, si tendrás una habitación para ti o tendrás que dormir en el sofá. A través de todos estos datos podrás verificar si “conectas” o no con la persona a la que quieres enviar la solicitud y te aseguramos que todo será mucho más fácil.

 

2- Crea un perfil completo.

Dicen que no hay nada mejor que actuar como uno quiere que actúen con uno y en couchsurfing es igual. Crea un perfil tan completo como el que te gustaría encontrarte cuando buscas alojamiento. Esta será la mejor carta de presentación ante un posible anfitrión. No tendrás las mismas oportunidades de generar la confianza necesaria para que alguien te deje su sofá si pones en tu perfil que eres “un chico simpático y agradable”, que si haces una descripción mucho más personal de ti mismo en la que incluyas muchos más datos de tu personalidad y de tu vida.

 

3- El respeto es lo más importante.

Esto no debería recordarse, aunque nunca está de más mencionarlo para que no se le olvide a nadie. Ni que decir que a nadie le gusta alojar a alguien en su casa que no diga “buenos días” por las mañanas o que se quede hasta las tantas en el comedor de casa con la televisión a todo volumen…

 

4- Haz una solicitud completa, educada y detallada.

Recuerda que alguien va a alojarte en su casa, por lo que lo mínimo que debes hacer es ser detallista con tu solicitud. Sin duda alguna, esto te dará puntos. Imagínate por ejemplo que no detallas cuántos días necesitas alojamiento. Seguramente reducirás el número de posibles anfitriones, porque quién va a querer alojar en su casa a alguien que no sabe cuándo se irá.

 

5- No sólo te alojes. Aloja tú también a alguien.

Porque las cosas acaban por no funcionar si sólo se pide y no se da nada a cambio. Ofrece tú también una habitación, una cama o un sofá en tu casa y vive la experiencia couchsurfing en primera persona. Está claro que a todos nos gusta ahorrar unos euros cuando viajamos, pero esta no debería ser la única motivación. Busca mucho más que un sofá, ¡busca una nueva experiencia!

 

6- Lleva un detalle, siempre se agradece.

Si bien no es necesario, seguro que tu anfitrión se pondrá muy contento. Puedes optar por llevar algún alimento tradicional de tu país o un detalle pequeño que no suponga un exceso de equipaje para ti. Y si no puedes llevar nada, algo que nunca falla es entrar en la cocina y ponerse “con las manos en la masa” para preparar un plato típico de tu país.

 

7- Nunca jamás llegues tarde (y si lo vas a hacer, ¡avisa!).

No hay nada que moleste más que la impuntualidad. Si has quedado a una hora, sé correcto y educado y no llegues tarde. Imagínate la cara de tu anfitrión si en tu presentación ya apareces una hora tarde. Si surge un imprevisto, como que has perdido el tren, coge el teléfono o la compu y avisa. Seguro que te lo agradecerán muchísimo y tú quedarás como un rey.

 

8- Colabora con tu anfitrión.

Si hay algo que agradece un anfitrión es ver un mínimo de colaboración por parte de su invitado. Así que no te acomodes y echa una mano. Si has quedado a cenar en casa, no te sientes en el sofá a esperar que la cena esté lista…colócate el delantal y ayuda en todo lo que puedas montando la mesa, ayudando a preparar la comida o lavando los platos. Cualquier cosa vale para que la experiencia couchsurfing sea mucho más que un sofá.

 

9- Organiza los planes.

Lo mejor para evitar planes inadecuados o que no te apetecen, es comentar el planning que tienes para esos días en la ciudad. De esta forma evitaremos cosas como que nos organicen un paseo por la ciudad después de tres vuelos interminables, o que nos inviten a una cena con amigos cuando realmente estamos agotados y lo único que necesitamos es descansar.
Si somos sinceros podremos dejar la experiencia para un momento mucho más óptimo, que seguro nos hará disfrutar muchísimo más.

 

10- Agradece siempre la experiencia.

Dicen que “es de buen nacido ser agradecido”, así que no te vayas jamás de casa de tu anfitrión sin hacerle saber lo agradecido que estás por la experiencia. Pero no lo hagas con un simple “gracias”. Deja un detalle, como un dibujo con tu firma encima de la mesa. Da un abrazo, pero de esos de verdad. Deja tu número de teléfono para que sepa que el día que vaya a tu ciudad, en tu casa hay un sofá esperando. Hay cosas que por muy simples que parezcan, son GRANDES en su esencia.