Foto: Juan Pablo Mazorra

1. SENTIRTE UN PIPOPE DIFERENTE

Conoces gente diferente, haces nuevos amigos y en algún punto sale a la conversación que eres de Puebla y te sueltan el típico – Eres bien chido, ni pareces poblano – A pesar de toda la mala fama, sí existimos los poblanos chingones, que no somos fresas y sí somos buenos amigos. En resumen, una verdadera pieza poblana perfecta.

2. DESCONFIAR DE LOS TAXISTAS

Sigo sin confiar en los taxistas de la CDMX porque aunque tengan taxímetros siempre marcan precios diferentes. Nada como negociar con el taxista antes de abordar, regatear y poner precio fijo a tu viaje justo como acostumbras hacerlo en Puebla.

3. DISCUTIR SOBRE EL QUESO EN LA QUESADILLA

Amigo poblano, seguro has tenido largas charlas sobre si debe llevar queso o no, y déjame decirte que el argumento de que la palabra “quesadilla” proviene del náhuatl “quetzaditzin” (tortilla doblada) es una gran MENTIRA. El experto en lengua náhuatl y en la gastronomía mexicana Alberto Peralta ha aclarado que la palabra quesadilla es 100% de origen español y viene del sustantivo “queso” con la terminación en diminutivo “illa». No discutamos más. Las quesadillas SIEMPRE LLEVAN QUESO.

4. CONFUNDIRTE EN EL METRO

Entenderlo cuesta mucho trabajo. Las señalizaciones están muy confusas, es difícil entrarle al juego de que “hay que empujar para entrar”, nos asombra todo lo que se vende dentro de forma clandestina, y casi no aguantamos el calor humano con tanta gente a bordo. Conozco a muchos poblanos que afirman que el metro es un medio de transporte eficaz, rápido e incluso seguro. Y es que solo un poblano que se ha jugado la vida a bordo del Cree Madero o del Rápidos San Antonio lo entiende.

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5. NO ENCONTRAR CALLES

Todas las calles tienen nombre, incluso algunas se repiten. Venimos de una ciudad con un trazo casi perfecto donde la orientación va según el punto cardinal al que te dirijas y con una numeración ordenada. Qué fácil es perderse al visitar CDMX.

6. DESTRAMPARSE CON LOCURA

La maravillosa CDMX es una ciudad más cosmopolita a comparación de Puebla. Las ideologías son más abiertas y las actividades son más variadas. He visto amigos salir del closet gracias a la animada ciudad, o volverse verdaderos fans de ir a conciertos cada fin de semana; conocidos que se han hecho expertos en arte y se saben de memoria todas las exposiciones de todos los museos. Amigas mochas que se han vuelto más relajadas, amigos hijos de papi que se han vuelto liberales e independientes, camaradas que se sienten libres de vestir como quieran. En fin, la ciudad nos modifica para sacar ese espíritu que a veces en nuestro pueblo no se deja sacar.

7. QUEDAR INCONFORME CON LA COMIDA

Puebla es una ciudad con una cultura gastronómica considerada patrimonio de la humanidad, por eso a los poblanos nos cuesta mucho adaptarnos a los sazones de la CDMX. ¿Tamales fritos? ¿Chile en Nogada sin capear? ¿Cemitas en pan de torta? ¿Tamal de dulce sin relleno de crema? ¿Torta al pastor con mayonesa, frijoles y jitomate? ¿NETA? ¿Torta de tacos de canasta? ¡WTF!

8. NO SABER A QUÉ AUTOBÚS SUBIRTE

Nunca entendí cómo logran saber a dónde va cada ruta. Todos son del mismo color y no tienen ningún número que los identifique, como en mi rancho. Solo tienen pequeños carteles que son imposibles de leer a distancia (olvídate si es de noche) y que confunden más de lo que informan. Casi siempre tuve que parar autobuses y preguntar al chofer si iba para donde yo necesitaba. Por supuesto toda la gente abordo me juzgaba por ser foráneo.

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9. SENTIR QUE EL TIEMPO VUELA

La sensación de que el tiempo es más rápido aumenta. La ciudad tiene un ritmo más acelerado al que estamos acostumbrados. Las distancias para llegar a algún lugar son tan aleatorias que tu vida se vuelve un llegar tarde o llegar muy temprano.

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10. AMAR U ODIAR LA CIUDAD

Y es que no conozco una postura intermedia. Habemos quienes amamos CDMX y disfrutamos de visitarla cuantas veces sea posible y hay quienes la odian y evitarán a toda costa tener que poner un pie ahí.

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