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1. Caer bien a la gente.

En general siempre se habla de la gente de Asturias como muy maja o simpática. Vaya a donde vaya, siempre recibo esa impresión de la gente. Y es sin duda algo de lo que estar orgullosos. El asturiano o asturiana suele ser una persona llana, sin pretensiones, humilde y cercana. ¡Y la gente sabe apreciarlo!

2. Aguantar el mal tiempo.

“Se me va a estropear el pelo por la lluvia”, “¡Ay, qué frio!” o “¡Qué día más gris!” son expresiones que poco escuché cuando vivía en Asturias. Incluso teniendo más sentido que en otros lugares de España.

El mal tiempo allí viene de fábrica y no solemos quejarnos por ello. Es más, somos conscientes de su necesidad a la hora de crear paisajes tan bonitos como los que tiene Asturias o para limpiar el aire.

3. Beber sidra.

Aunque parezca un tópico, en Asturias beber sidra es una costumbre tan extendida que aunque no te guste demasiado, la beberás en grandes cantidades (al menos hasta que te des cuenta que la verdad es que no te gusta). Por supuesto, los asturianos tenemos ventaja a la hora de aguantar las consecuencias de esta bebida. ¡Así que cuidado si eres de fuera y estás empezando con ella!

4. Llevar la bandera de la tierra a todos los lados.

En un partido de fútbol de alto nivel, en las carreras de Fórmula 1, manifestaciones internacionales o la celebración de un mundial. Casi en todos los eventos que se precien, la bandera de Asturias ondea allí. No sabemos qué buen asturiano se encarga de llevarla a lugares insospechados, pero desde luego, la bandera asturiana llega a rincones de todo tipo y condición. ¡Y los asturianos siempre logramos verla, llenándonos de orgullo!

5. “Generar” famosos de procedencia siempre conocida.

Otra realidad es que siempre hay asturianos en la esfera pública de nuestro país y se suele recalcar su procedencia. Así, la reina Letizia, políticos como Cascos, cantantes como Melendi, Víctor Manuel o Nacho Vegas o deportistas como Fernando Alonso, Villa o Mata son asturianos y reconocidos nacionalmente como tal. Son personas que muestran el talento de nuestra tierra y a la vez llevan más lejos nuestro nombre, así que gusten o no gusten, les estamos agradecidos.

6. Beber y comer en grandes cantidades.

Menús de tres platos, grandes fabadas como entrantes o innumerables litros de calimocho en juegos como la peseta o el duro son algunas de las muestras de que en Asturias se come y bebe en grandes cantidades. Esto ha derivado también en retos como el que llevó a un restaurante de Salinas a cocinar el “cachopo más grande del mundo”. Y todo así…

7. Hablar con orgullo de nuestra tierra y sus símbolos.

En Asturias si algo hay es orgullo hacia la tierra. Pocos asturianos reniegan del lugar que les vio nacer y aún teniendo pocas raíces en ella, uno acaba por sentir como propios todos sus símbolos. La lucha minera, Pelayo, La Santina… Pocas personas vuelven a casa y logran no emocionarse al pasar el Negrón o sentir de nuevo “el orbayu” en la piel.

8. Defender la naturaleza.

Aun siendo de ciudad, en Asturias siempre tienes cerca la naturaleza. Otros muchos nacimos en pueblos, pudiendo jugar en el prau, ver todo tipo de animales y convivir con ellos y entendiendo el medio natural como el más natural de los medios posibles.

Los asturianos defendemos siempre la naturaleza y vemos la contaminación, la congestión del tráfico o la excesiva explotación de los recursos naturales como algo antinatural y malo.

9. Ser hospitalarios.

Aunque muchas veces se tiene la concepción de que la gente del norte es seca, esto no quiere decir que no sepamos y tendamos a ofrecer nuestras cosas a los demás. La gran mayoría de los asturianos son generosos y hospitalarios y si por ejemplo viajas a la tierra y tienes algún problema, pedir ayuda te servirá seguro de mucho. Los asturianos no dejaremos, por norma general, que tengas una mala experiencia en nuestra casa.

10. Echar de menos nuestra tierra.

“La tierrina” es una expresión cariñosa para hablar de Asturias, pero para los muchísimos asturianos que estamos fuera es sinónimo de “casa”, “retorno” o “vuelta”; en otros casos de nostalgia. Así que cualquier huella de Asturias (un bar asturiano, un día en que compremos oricios para comer en casa o una llamada a casa), nos hará ponernos tontos. Asturias y todo lo que ella conlleva nunca se olvidan.