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10 cosas que los sonorenses extrañamos cuando nos vamos lejos

Sonora
by Dámaris con Acento 13 Nov 2017

1. Las delicias de la cocina sonorense

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Incluyendo esas tortillas de harina más grandes que la funda de tu almohada, la mejor carne de México, hot dogs reconocidos internacionalmente y una excepcional variedad de mariscos. Y eso sin mencionar los antojitos típicos, como las deliciosas empanadas de Cócorit, los churros locos y los cocos de la Laguna del Náinari.

 

2. La sinceridad arrolladora de tus amigas

Al lugar al que vayas encontrarás gente increíble y harás grandes amistades, pero la confianza y sinceridad absolutas con las que tu amiga te dice que tu nuevo novio es un baquetón hijuelachingada y que estás bien pendeja por aguantarle sus chingaderas, no tiene precio. Claro que toda esta crítica viene seguida de una sesión de empoderamiento femenino y autoayuda. Terapia completa.

 

3. Los cielos sonorenses

No es cosa rara que antes de salir “del rancho” nos quejemos de lo poco que nos ofrecen nuestras ciudades sonorenses. Claro que las opciones de entretenimiento que encontrarás en las grandes ciudades más allá de nuestras fronteras sobrepasan lo imaginable, pero a cambio tendrás cielos grises, llenos de smog y aire contaminado. Es entonces cuando valoramos los cielos limpios, azules, brillantes y despejados de nuestra bella tierra.

 

4. Los domingos en familia

Nada deprime más a un estudiante foráneo mal comido que esos domingos de sopa instantánea y aburrimiento. Los mismos en lo que tus amigos locales tienen plan en casa de la abuela mientras tú sufres en el teléfono cuando tu mamá te pone en altavoz para que te escuchen las tías y te presuman lo bueno que quedó el ceviche y el zarandeado que hizo tu papá. Sí, se vale llorar.

 

5. El calorcito que amerita una cerveza bien helada

Los 48 grados a la sombra del verano dudo mucho que los extrañes, pero qué tal esas tardes relajadas con los amigos amortiguando las temperaturas infernales con unas “heladas” mientras respiras el el aroma suave del campo… Bueno, puedes saltarte esa última parte si sufres de alergias.

 

6. San Carlos, Kino, Peñasco, Huatabampito y un largo etcétera


Especialmente si ahora vives alejado del mar, recordarás con nostalgia aquellos días en los que en menos de dos horas estabas frente al Mar de Cortez, con un buen aguachile de camarón y unas chocolatas frescas.

 

7. Los dogos en la madrugada

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Ya habíamos mencionado la comida, pero los dogos merecen estar en una categoría aparte. Salir entre borracho y crudo de la fiesta a las tres de la madrugada y no tener acceso a un carrito de dogos —en suave pan de panadería, con tocino crujiente, champiñones con soya, guacamole y chiles toreados— y tener que conformarte con un Vikingo del Oxxo, es un trauma que tardarás mucho tiempo en superar.

 

8. Las frases, los dichos, las palabras y el acento sonorense

Porque el sonorense sabe de qué lado masca la iguana y que no es lo mismo un bichi que un vichi. Ese acento golpeado y volumen abundante que nada tiene que ver con que estemos enojados, guarda una calidez que es detectada de inmediato y que activa los receptores de solidaridad y empatía del sonorense. Reconocer nuestro querido acento lejos de Sonora es un preámbulo a hacer nuevos amigos con los que compartimos el amor por una misma tierra y sus costumbres.

 

9. Comer sin remordimientos y como si no hubiera un mañana

Porque mientras vivías en Sonora no sabías de comida sin gluten, vegana, libre de lácteos u orgánica. Sólo conocías un tipo de comida, ¡la deliciosa! Por eso cada vez que regresas a casa te olvidas de tus restricciones alimentarias y te dedicas al disfrute. Además de que ser un lujo que no te puedes dar todos los días, a la abuelita le valen un kilo de madres tus dietas. ¡Y su palabra es ley!

 

10. El bacanora y los chiltepines


Dos riquísimos tesoros sonorenses que hay que disfrutar con moderación si no quieres sufrir las consecuencias.

 

Sí, el mundo está lleno de maravillas, pero la simpleza y la calidez de nuestra tierra son únicas.

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