1. Te preguntas cómo es que los parisinos son tan delgados.

La paradoja francesa es real. Comen pan, toman vino y las comidas incluyen un tiempo extra con tres pedazos de exquisitos quesos y una baguette. Además les encanta pasar tiempo en los cafés, bares y restaurantes. Por si fuera poco, son fanáticos de los buenos postres. ¿Cómo le hacen?

 

2. Crees que deberías combinar mejor tu ropa.

Los parisinos visten muy bien. Caminar por St. Paul o Saint-Germain-des-Prés es como ir a un desfile de modas. Incluso en los barrios menos lujosos es fácil ubicar a más de un parisino que haya combinado a la perfección su abrigo con sus zapatos.  

 

3. Haces la conversión de euros a pesos y te dan ganas de llorar.

París no solo es caro, sino que muchas veces es inaccesible. Basta con entrar a alguna de las tiendas ubicadas en la plaza de la ópera para comprobarlo. ¿Un traje de 150 mil pesos? ¡Eh, ‘merci madame’, mejor otro día!

 

4. Te preguntas si será cierto que los parisinos odian hablar en inglés.

Los franceses aman su cultura y el idioma es parte de ésta. Los parisinos saben inglés, sobre todo los más jóvenes, pero lo utilizan sólo si es totalmente necesario. El español muchos lo entienden, sin embargo el inglés es más utilizado.

 

5. Te preguntas cómo es que una ciudad puede ser tan bonita.

Aunque Haussmann, barón francés del siglo XIX, es el principal responsable del París que hoy conocemos, en la capital gala coexisten joyas arquitectónicas de distintas épocas. El estilo gótico se puede apreciar en la Catedral de Notre-Dame; el art nouveau en la Torre Eiffel, y el neoclásico en el Panteón de París.

 

6. ¿Dónde está la torre?

Esto en realidad le pasa a todo aquel que visita París por primera vez, sin importar su nacionalidad. El primer encuentro con la Torre Eiffel es inolvidable; es como ver el mar por primera vez.

 

7. Te pones a adivinar la nacionalidad de la gente.

París es una ciudad increíblemente multicultural. Además, la capital gala es la ciudad más visitada del mundo. El resultado de esto es una de las metrópolis más diversas del planeta. ¿De dónde será esa chava?  

 

8. Aunque siempre reconoces a los latinos.

¡Creo que el de allá habló en español! ¡Deja le hablo! Y no importa de qué región sea. Encontrar a un latinoamericano en el extranjero es encontrar a alguien que nos entenderá a la primera.    

 

9. Perdón, no sabía que tenía que ir por la derecha.

En París, así como en otras ciudades de Europa, existen códigos de convivencia urbana que no aplicamos en México. Uno de ellos, el cual comúnmente aprendemos a la mala, es conocer tu lugar al caminar por el metro. Si llevas prisa vas por la izquierda; si no, vas por la derecha.

Por lo regular los parisinos son los que llevan prisa, y algunos se molestarán, con toda razón, si llegas a obstruirles el paso.

 

10. Llegas al Museo del Louvre y no sabes por dónde empezar.

Sin duda una parada obligada. Ahí se encuentran la Mona Lisa y la Venus de Milo. El problema es que nadie te advierte que es enorme. El museo tiene 35 mil obras de arte y 380 mil objetos para ver. La recomendación: ubiquen las obras que quieren ver sí o sí, y si les queda tiempo, concéntrense en una o dos salas que les interese conocer.