Foto: AFS USA

1. Entren que caben 100.

Hay una canción de salsa que dice “entren que caben 100” y parece que los panameños han tomado esta frase como filosofía de vida. Siempre hay espacio para un invitado más. Da igual si hay que sentarse en el suelo, dormir en el portal de una casa, o ir en el maletero de un coche. Lo importante no es la comodidad, sino el compartir con los familiares y amigos, e incluso con extraños. Tanto el anfitrión como el huésped así lo entienden, así que no hay ningún problema con solicitar un trozo de suelo donde dormir o sugerir que alguien venga a pasar Nochevieja a casa aunque tenga que cenar de pie.

2. Crecer bailando.

Ante el cliché de si todos los españoles sabemos bailar flamenco, solemos responder que no, que la gran mayoría no tenemos ni idea. Los panameños, por su parte, sí pueden fardar de que la mayoría sabe bailar salsa, merengue y otros ritmos tropicales. Crecen con ello: no pueden concebir una fiesta, ya sea de cumpleaños, bautizo, Navidad o lo que sea, sin un buen bailoteo. Algunos después pierden el gusto por el baile, pero seguro que con un par de copas se animan a mover el esqueleto, haciéndote pensar que se ganan la vida bailando.

3. No usar tantos tacos.

Cuando en una reunión del departamento mi jefe y yo decíamos cosas como “a tomar por culo” o “estoy hasta los cojones”, los ojos de mis compañeros panameños se salían de sus órbitas y luego seguían sus risas. Los panameños emplean muchos tacos en su lenguaje coloquial, pero suelen ser mucho más comedidos. Especialmente en reuniones y ante desconocidos, no suelen soltar ni uno.

4. Decir las cosas de forma más suave.

Los españoles solemos decir lo que pensamos sin tapujos y de forma muy brusca, pero a los panameños les choca mucho, ya que son extremadamente diplomáticos en sus conversaciones. Aunque al principio no te des cuenta, acabarás entendiendo que todas esas ideas que comparten contigo tus amigos y compañeros de trabajo panameños son en realidad formas de decirte qué hacer, disfrazadas de sugerencias. Puede que se pierda algo de tiempo dando tantas vueltas, y que se corra el riesgo de que el mensaje no se entienda claramente, pero es una manera bastante agradable de convivir, donde es raro escuchar que alguien piensa que otro es un borde.

5. Preparar y comer patacones.

Poco conocido en nuestros lares, el plátano macho es una especie más grande y abundante en almidón que normalmente se tiene que cocinar para ser comestible. Los panameños la utilizan para preparar varios platos, entre ellos los patacones, que son algo así como unas patatas fritas en forma de círculo aplastado, que en mi opinión son superiores a las patatas fritas. Estoy bastante seguro de que no hay comida que no pueda mejorarse acompañándola con patacones.

6. Celebrar una fiesta nacional de verdad.

Quizá sea por ser un país más joven o por tener un territorio no muy extenso, pero Panamá tiene fiestas que son realmente nacionales, en las que sacan a relucir su identidad y patriotismo en todos los rincones. La fiesta por excelencia son los Carnavales, en los que empiezan a pensar ya en diciembre del del año anterior. Cuando llegan, el país entero se vuelca a celebrar cuatro días de fiesta, con carrozas alegóricas, festivales de agua (los culecos) y mucho alcohol, danza y diversión. En noviembre llegan las fiestas patrias, en las que se celebran varios hitos de las luchas por ser un país soberano, generalmente con desfiles en todas las ciudades, con banderas y otros símbolos nacionales en cada coche y esquina, y con muchos panameños vistiendo sus trajes y vestidos típicos.

7. El onmipresente cooler.

En un clima tan caliente como el de Panamá, las cervezas duran poco tiempo frías, pero esto se soluciona con los coolers, unas enormes cubiteras que se llenan de birras, gaseosas, aguas, etc. Las encuentras en todas las fiestas, permitiendo tener las bebidas frías en el jardín, en la playa, en medio de los culecos del carnaval, o adonde quieras trasladar la fiesta.

8. Las películas en V.O.S.

Si quieres ver una película en versión original subtitulada en España, te toca ir a un cine antiguo, sin todas las comodidades del siglo XXI. En Panamá, en cambio, la mayoría de los cines pone las películas en V.O.S., con la excepción de los dibujos animados. Incluso en la televisión de pago encuentras canales con programación en V.O.S. El resultado es que una gran cantidad de panameños tiene algún conocimiento del idioma de Shakespeare y en general su pronunciación en inglés es inmensamente mejor que la de los españoles.

9. La falta de rencores antiquísimos.

Los panameños no suelen demostrar resentimiento hacia otras nacionalidades basado en momentos históricos, batallas y otros eventos del pasado. Es raro que rechacen a españoles, colombianos o estadounidenses aduciendo que fueron conquistadores e imperialistas en el pasado, y ni siquiera suelen acordarse de la guerra de Coto, en la que los panameños cedieron territorios a Costa Rica sin haber perdido ni una batalla. El panameño está centrado en el presente y el futuro, y no le preocupa tanto lo que ocurrió en el pasado. Eso sí, ofende a su país o su gente en la actualidad y conocerás el desprecio en su máxima expresión.

10. Los desayunos fuertes.

En España nos limitamos a tomar algo de bollería, un zumo o café y listo. Los panameños, en cambio, desayunan en ocasiones algo que bien podría considerarse un almuerzo, sobre todo en los fines de semana. Uno de los más tradicionales se trata de un filete de ternera en su salsa con tortillas de maíz fritas, o bien puede ser un filete de hígado de vaca. También es muy común iniciar la mañana con un dim sum, un tipo de banquete cantonés en el que se sirven empanadillas rellenas de gambas, cerdo, ternera y vegetales. Por último, casi todos los hoteles ofrecen un opíparo brunch.