Crédito: María del Carmen Gómez

1. La percepción del clima

En el norte el frío y el calor son extremos: de día puedes ver las ondas de calor en la carretera mientras la recorres en tu troca con el aire acondicionado a todo lo que da, pero por las noches hay que envolverse en tres cobijas térmicas. El norteño aguanta estos extremos con resignación y serenidad. Mientras tanto, la Ciudad de México rara vez tiene temperaturas extremas; sin embargo, el chilango se la vive quejándose cada que el termómetro se desvía ligeramente de sus tan queridos veinte grados.

 

2. Los éxitos del momento

Basta con echarle un ojo al Top 50 de Spotify México para darse cuenta de la variedad de estilos y gustos musicales que hay en nuestro país. Mientras que los norteños disfrutan de los últimos éxitos de Julión Álvarez, exploran el narcocorrido de novedad o recuerdan al famoso Valentín Elizalde, los chilangos se deleitan con las cumbias de Margarita, lo suavecito de Laura León y las profundas letras de Paquita la del Barrio. Como dicen por ahí… ¡Cada quien sus vicios!

 

3. La forma de pistear

No es lo mismo la cheve que la chela. Los norteños toman Carta Blanca, Pacífico y Tecate, mientras que los chilangos prefieren Indio, Corona o alguna bebida exótica en copa de martini. Por cierto, no hay mejor forma de identificarte como norteño en la Ciudad de México que utilizando el término “pistear”.

 

4. Las expresiones de todos los días

Para los norteños es común preguntarle a las plebes si la están pasando chilo o si más bien andan con un alhuate en las nalgas. En chilangolandia es más chingón preguntarle a tus carnales cómo andan o si alguien les está cagando el palo. Igual se entiende, ¿no?

 

5. La logística en las fiestas infantiles

Los cumpleaños en la Ciudad de México se caracterizan por el inflable con olor a pies, el pastel desbordando betún, la piñata llena de dulces y tal vez un show de payasos, magos o payasos que hacen magia. Lo que distingue a las fiestas infantiles del norte es el famoso sandwichón: un extraño híbrido entre un pastel y el típico sándwich de jamón que te ponían de lunch en la primaria. El sandwichón acompañado de frijoles puercos y gelatinas de colores como postre es lo que caracteriza a una piñata hecha y derecha… porque los norteños le dicen piñata a la fiesta, haya o no piñatas involucradas.

 

6. La comida

Los norteños dominan el rubro de las carnes y los mariscos, pero los chilangos son los especialistas en todo lo relacionado con la vitamina T… ¡y tienen la timba para respaldarlo! Mientras que el centro del país ofrece la mayor variedad de tacos, tortas, tamales, tostadas y tlacoyos, en el norte se favorece la carne asada y algunas transformaciones de alimentos gringos en su versión más rica y evolucionada, como los famosos jochos gigantes estilo Sonora, por ejemplo.

 

7. La conexión con la naturaleza

Para un norteño es normal ver montaña tras montaña, cielos azules y cruzar valles llenos de cactus y otras plantitas en su camino al trabajo o a la escuela. Un chilango rara vez puede ver la montaña que tiene en frente -ya no digamos el azul del cielo-, ya sea porque hay una contingencia de aquellas o porque los cuarenta condominios que acaban de construir enfrente de su casa le tapan hasta el sol.

 

8. El fanatismo deportivo

El norte respira béisbol, aunque también le echa un ojo coqueto al fútbol y al baloncesto. Para los norteños un domingo incluye ponerse la casaca y gorra de los Diablos, los Centinelas, los Yaquis o los Toritos y disfrutar el partido con una buena cheve y un jocho enorme. Los chilangos no son muy asiduos al béisbol, pero viven el fútbol a flor de piel y hasta arman quinielas para sacar dinero con sus predicciones de la temporada. Un domingo chilango involucra chelas, alitas, pizzas y, por supuesto, el clásico América-Chivas.

 

9. El tonito y la forma de hablar

Los norteños son más directos y formales a la hora de hablar, lo cuál rompe un poco con el exceso de cordialidad del chilango. Tal vez de aquí vienen la rencilla entre estas dos regiones: a unos hay que tratarlos con pincitas y los otros son un insulto esperando ocurrir. Lo que todo chilango debería saber es que en el norte se habla a grito pelado y hasta los insultos son muestras de cariño.

 

10. La chamba

La falta de tráfico y el calorón son dos factores que contribuyen a que los adultos norteños disfruten de un privilegio que a los chilangos se les termina al entrar a primaria: ¡la siesta! Todo el mundo es libre de ir a su casa a echarse una pestaña a la hora de comer y regresar espabilado al trabajo. A lo más que llega un chilango es a echarse un sueñito de cinco minutos a escondidas… en su silla de rueditas. 

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