Foto: Eneas de Troya

El Centro Histórico es el corazón de la Ciudad de México, el punto de partida para cualquier persona que desea descubrir la ciudad y también un lugar que no deja de sorprender, no importa cuántas veces hayamos estado en él. En esta zona de la capital mexicana hay cientos de cosas que se pueden hacer, pero en definitiva hay ciertas experiencias que no se pueden (ni deben) dejar de vivir.

 

1. Echar el trago en una cantina con más de 100 años de antigüedad.

Odette Herrera vía TravelStoke

Un concepto parecido al de las cantinas comenzó a surgir en México algunos años después de la Independencia, pero fue durante el porfiriato cuando se consolidaron tal cual las conocemos hoy. Durante los primeros años del siglo XX había más de mil cantinas en la Ciudad de México, hoy sólo sobreviven unas cuantas, y algunas de las más antiguas y tradicionales se encuentran en pleno corazón del Centro Histórico.

Nuestras recomendaciones:

El Gallo de Oro: Venustiano Carranza esquina Bolívar.

Restaurante Bar La Ópera: 5 de mayo esquina Filomeno Mata.

La Peninsular: Corregidora esquina Alhóndiga.

 

2. Recorrer la calle peatonal de Madero.

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Madero es una de las calles más caminadas del Centro, tanto que la convirtieron en peatonal hace apenas unos años. Es una de las vías que conectan al Palacio de Bellas Artes con el Zócalo y en ella se pueden encontrar varios templos, recintos culturales (como el Palacio de Iturbide, el Museo del Estanquillo y el Museo Mexicano del Diseño), palacios, restaurantes, bares y tiendas de ropa. Aquí se encuentra la afamada Casa de los Azulejos que alberga una tienda-restaurante Sanborn’s, donde bien vale la pena admirar su fachada y el mural de José Clemente Orozco que se encuentra en el cubo de la escalera del restaurante.

 

3. Echarte una chela o un mezcal en el andador Regina.

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Regina es una calle que fue recuperada y remodelada para convertirla en un andador peatonal con restaurantes y mezcalerías, mucho menos bulliciosa que la calle Madero, por lo que es muy agradable ir a echar la chela o un buen mezcal. No importa la hora del día (el servicio empieza desde alrededor de las diez de la mañana y hasta ya entrada la noche). Si andas caminando por el Centro, es una excelente parada para relajarte y recargar pila.

 

4. Comer en alguna terraza con buena vista.

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El Centro Histórico puede ser muy caótico a nivel de calle, pero el ambiente cambia por completo si se mira desde las alturas. Para esto, nada mejor que comer, cenar o echar tragos en alguna terraza que regale alguna buena vista del corazón de la ciudad. Algunas de las terrazas más conocidas se encuentran en los alrededores del Zócalo, como la del Gran Hotel de la Ciudad de México o la del restaurante El Balcón del Zócalo, pero si quieres cambiarle, yo te recomiendo que visites La Azotea, un restaurante bar con mucha ondita y una increíble vista de 360°, principalmente a la Alameda Central. Se encuentra en la parte superior de Barrio Alameda, arriba de Chaya, un bed and breakfast boutique.

Te recomendamos:

La Azotea: Interior de Barrio Alameda, calle Dr. Mora #9.

 

5. Admirar murales dentro de un magnífico palacio.

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Ya sean los que están en el Palacio de Bellas Artes, o los que se encuentran en Palacio Nacional,  simplemente no te puedes ir del Centro Histórico sin ver alguno(s) de ellos. En Palacio Nacional encontrarás murales de Diego Rivera, mientras que en Bellas Artes hay de éste y otros seis muralistas: Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Jorge González Camarena, Manuel Rodríguez Lozano y Roberto Montenegro.

 

6. Visitar alguno de sus increíbles museos.

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En el Centro Histórico de la ciudad puedes encontrar increíbles museos de arte mexicano, contemporáneo e internacional, como el Museo Nacional de Arte y el Antiguo Colegio de San Ildefonso. También hay propuestas más alternativas como el Laboratorio Arte Alameda, que está dedicado a la relación arte-tecnología.

 

7. Asomarte a las ventanas arqueológicas.

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Es bien sabido que la Ciudad de los Palacios fue construida sobre la Gran Tenochtitlán, la capital del Imperio azteca, por esto es que en diversas excavaciones se han encontrado algunas joyas arqueológicas y ruinas de antiguos edificios prehispánicos. Actualmente puedes visitar más de 170 ventanas arqueológicas en el Centro Histórico que permiten asomarse al pasado de la ciudad. Estas ventanas están regadas por toda la zona, así que si ves una no la dejes escapar. Si andas por la Catedral entonces aprovecha para ver las que se encuentran ahí y también las del Palacio del Arzobispado en la calle de Moneda.

 

8. Tomarte un chocolate caliente en El Moro.

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El lugar de churros y chocolate más famoso de la ciudad y bien merecido se lo tiene, pues son simplemente deliciosos. Aunque ahora existen varias sucursales, la original y tradicional es la del Centro, que lleva dando servicio desde 1935.

 

9. Comer algo exótico en el Mercado de San Juan.

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El Mercado de San Juan es muy famoso por vender todo tipo de productos gourmet y finos como quesos, embutidos y vinos, pero también por ofrecer platillos exóticos con carne de jabalí, león y hasta canguro. Por supuesto, las opciones con insectos no pueden faltar y este es un buen lugar para entrarle a los alacranes, gusanos y chapulines.

Si la carne realmente es de lo que dicen, o no, tal vez nunca lo sabremos, pero lo que sí es que bien vale la pena darle una visita a este exótico lugar para saciar el hambre.

 

10. Echarte un buen baile en La Ciudadela.

Odette Herrera vía TravelStoke

Si algo nos gusta a los mexicanos es bailar y “cotorrear” y justo esto es lo que sucede todos los sábados en La Ciudadela. A partir de las 11am esta plaza pública se convierte en un gran salón donde amantes del baile, principiantes, turistas y gente que sólo va pasando por ahí, sacan sus mejores pasos para moverse al ritmo de danzón, son cubano, salsa, rock y todo tipo de ritmos. Si no sabes bailar este es un excelente lugar para aprender, porque aunque no se den clases tal cual, terminas aprendiendo de los que sí saben.