1. Que agarra y me dice

Este es uno de los vicios lingüísticos más utilizados por los mexicanos, sobre todo cuando se trata de contar un chisme. Que agarra y me dice es equivalente a decir entonces me dijo, pero con un verbo extra que vuelve todo infinitamente más complicado.

Cualquiera que no esté acostumbrado a esta expresión podría estarse preguntando ¿qué fue lo que el susodicho agarró?, mientras que su interlocutor sigue la historia con lujo de detalles y con otros tantos agarrones que —para el que habla— sirven para dar contexto al chisme. ¿Que no entendiste nada? ¿Por qué no agarras y le dices a tu amigo que te repita la historia?

 

2. Tons, pa, pus, ta

A los mexicanos nos gusta ahorrar en lo que sea, incluyendo las palabras. Un claro ejemplo son estas contracciones lingüísticas con las que ahorramos saliva y valiosos segundos en la conversación. Como por arte de magia, un entonces se convierte en tons, para en pa, pues en pus y está en ta. Tons, ¿ta claro?

3. ¿Quién? ¡Yo!

El protocolo inicia de forma bastante común. Alguien toca el timbre de alguna casa y una voz del otro lado de la puerta pregunta ¿quién? El meollo del asunto viene en la típica respuesta a este cuestionamiento. El simple, monosilábico y nada útil yo.

Es como si esta simple respuesta actuara como un escáner biométrico para darle certeza al dueño de la casa de que debe abrirte la puerta. Lo peor de este asunto es que muchas veces tendemos a abrir la puerta después de este somero intercambio de información… aunque no tengamos la menor idea de quién es yo.

4. ¿Quién era? Nadie

Una situación muy parecida al ejemplo anterior. Pensemos que alguien toca el timbre, atiendes la puerta y cierras. Si alguien te cuestiona sobre la identidad del visitante (asumiendo que no era nadie de la familia o algún amigo en común), seguramente responderás que no era nadie, estaban vendiendo quesos.

Aquí es cuando tu amigo extranjero se da un sacón de onda y se pregunta ¿cómo diablos no va a ser nadie si acabas de decir que era un vendedor? Una paradoja más del lenguaje coloquial mexicano.

5. ¿Cómo va a ir?

Pues si no te estás yendo a ningún lado. Si eres primerizo probando la comida callejera mexicana —sobre todo sucede con los tacos— seguramente esta pregunta te confundirá totalmente. Los mexicanos sabemos que cuando un taquero pregunta cómo van a ir, tienes dos opciones de respuesta: con todo o especificas qué ingredientes NO quieres que lleve tu comida.

6. ¿De a cómo?

Es muy común escuchar esta expresión en mercados y puestos ambulantes. Su función es suplir un ¿cuánto cuesta? Obviamente, si no conoces este lenguaje mercantil callejero, seguramente no le encontrarás sentido a este cuestionamiento.

7. ¡Qué manchado!

Decir qué manchado es equivalente a decir qué abusivo. Pero a oídos de alguien que está por primera vez a México, seguramente no encontrará una relación lógica entre ambos términos porque, ¿qué tiene que ver el abuso con la falta de pulcritud?

8. Está bien, gracias

El mesero se acerca a preguntarte si te ofrece algo más y tú contestas con un está bien, gracias. Cualquiera que no esté acostumbrado a esta expresión entenderá que sí quieres más… aunque en realidad quieres expresar todo lo contrario. Esta es la forma cortés que tenemos en México para decir ya no quiero. Algo que solo un mesero mexicano puede captar.

9. Yo disparo

Quieres mostrar tu hospitalidad a tus visitas del extranjero y les ofreces pagar la cuenta de la cena, pero en lugar de decir yo invito lo cambias por un yo disparo. No hace falta imaginarse la cara de tus invitados preguntándose por qué estás tan inclinado a la violencia.

10. Luego luego

Una de las expresiones más confusas que tenemos, sobre todo considerando que se utiliza principalmente a la hora de dar indicaciones. Si te pierdes en México y alguien te responde que el lugar que buscas está a dos cuadras y luego luego a la izquierda, sólo cambia esta expresión por un inmediatamente y todo estará en orden.