CADA PAÍS cuenta con expresiones propias que sólo parecen entender plenamente los locales. Estas expresiones son un producto de la sociedad y cultura propia de cada sitio. No sirve de nada que intenten entenderlas literalmente, cual alemán sesudo. El significado intrínseco va más allá de las palabras. Y en España, no vamos a ser menos.

Estas son algunas de las expresiones que traen de cabeza a todo extranjero, turista dispuesto a aprender nuestra lengua, y por supuesto, a traductores de medio mundo.

1. No me rayes

Besar es bien. Abrazar es bien. Rayar es mal. Cuando alguien te está molestando y siendo muuuuuy pesado, esa es la expresión que debes decirle. Aunque si usamos “estoy rayado”, será más bien estar obsesionado o volviéndose loco con algo.

2. Irse la olla

No, no tenemos en España menaje de cocina que, tipo película de Disney, se pone a bailar de repente. Teniendo en cuenta que la cabeza es la “olla” donde se cocinan las ideas, pues sería irse la cabeza. Volverse loco, enajenarse.

3. Comerse un marrón

A priori suena asquerosito, ¿no? Pues no tiene nada que ver con prácticas escatológicas. Significa cargar con un problema propio o de otra persona. También se dice “tener un marrón encima”. Un marrón era la viga de madera donde se colgaban los aperos de labranza, los restos de las matanzas, etc.. Es decir, el pobre marrón de toda la vida ha soportado el peso de todo.

4. Montar un pollo

¿Carreras de pollos? No demos ideas, que de maltrato animal ya vamos sobrados en España. Montar un pollo es armar un escándalo, montar un show. Pero un pollo no es lo mismo que un poyo, y ahí está la confusión. Un poyo era el podio donde se subían los oradores políticos del siglo XIX que hablaban en espacios público, y cuyos discursos acababan casi siempre en enfrentamientos.

5 .El quinto pino.

Pues parece ser que el quinto pino está mucho más lejos que el décimo. Y eso es inquietante. El quinto estaba inicialmente en Madrid en lo que ahora sería “Nuevos Ministerios”. En el siglo XVIII se plantaron cinco grandes pinos en una arteria principal de la ciudad. La gente solía usarlos como puntos de encuentro. Y al más alejado se iban las parejitas a tener un poco de intimidad, porque el quinto pino quedaba lejos, no, lejísimos de miradas indiscretas.

6. Estar en el ajo

Significa estar enterado de algo que se supone que era secreto, o también formar parte, estar inmerso en un asunto, digamos “poco claro”. Fíjate con lo sanísimo que es el ajo, y la mala fama que tiene por su sabor fuerte, acre y picante, que hasta le hacen frases inquietantes.

7. Hacerse el sueco

Hacerse el tonto. No ser tonto, hacérselo premeditadamente por interés o porque simplemente no te da la gana. Se piensa que viene de los marineros suecos, que como no tenían ni idea del idioma, sólo aprendían lo que les interesaba.

8. Empanada mental

Esto no es una empanada de cerebro que a un gallego con estrella Michelín le ha dado por patentar. La alta cocina ha avanzado mucho, pero la antropofagia aún no está bien vista. Tener una empanada mental quiere decir estar dormido, amodorrado, anestesiado mentalmente. Estar confuso, no tener las ideas claras. Vamos, estar atontao. Y, digo yo, pobrecita la empanada, el papelón que le hemos dado, con lo rica que está!

9. De perdidos, al río

Cuando hemos llegado a un punto en los acontecimientos en el que no hay vuelta atrás y toca llegar hasta el final (tirarse al río). O cuando toca tomar una decisión final y drástica, cuando no queda otra opción. Su origen viene de las batallas cerca de un río. Cuando un ejército se veía perdido y debía retirarse corriendo, muchos soldados optaban por tirarse al río y que los llevara la corriente.

10. No tener el chichi para farolillos

Esta es una de mis preferidas porque es tan..tan… ¡folclórica! Y no es que las mujeres llevemos, día sí o no —al gusto—, farolillos de feria de adorno en nuestra entrepierna. La expresión quiere decir que no se tiene un buen día, y que no se está de humor para fiestas. Fiesta-farolillo… lo veo, lo veo.

Y nada, hasta aquí hemos llegado, porque si siguiera, se me iría la olla, os terminaría rayando tela, y acabaríamos montando un pollo. Y mira, no es plan.