Crédito: Pedro González Betancor

Un mediano, por favor.

¿Marchando un hobbit para desayunar? ¡No! En Santander no se beben personajes del Señor de los Anillos. Llamamos mediano al primer café con leche de la mañana, que es grande comparado con el café de la merienda pero no llega a ser un café grande, grande.

 

Eres más tonto que Mundo el de Perines. 

Lo siento, tu interlocutor piensa que no eres un lince. Más bien todo lo contrario, que no eres muy espabilado, que te falta un hervor.

 

Llévame a cuchus que estoy cansao. 

 No, no quiero que me lleves en coche, ni en moto, ni en bici. Quiero que me lleves a cuchus, a caballito, a tu espalda, con la cabeza cerca de tu cabeza y los pies apuntando al suelo. No confundir con llévame como un saco de patatas, esto es, doblada sobre tu hombro por la cadera, con la cabeza y los pies apuntando al suelo cada uno por su lado.

 

Ponte espais si vas a correr.

Que te pongas las playeras, las zapatillas de deporte, pues si corres con chanclas o tacones te vas a hacer daño. Un consejo típico de madre a la hora de enfrentar cualquier ejercicio físico.

 

Nos vemos este domingo en las rabas.

Una cita de lo más santanderina: ir a comer las rabas –calamares fritos– el domingo a eso de las 13:00 horas. Este aperitivo, también muy popular en otros enclaves costeros de Cantabria, es algo casi sagrado que hay que regar con un [vino] blanco, un vermú o un mosto.

 

Esto parece el Paraninfo.

Esto está petao, hasta arriba, es un agobio. Así es como se pone en exámenes el Paraninfo, una sala de estudio a la que solo pueden entrar estudiantes de la Universidad de Cantabria debidamente acreditados. En sus mejores tiempos, la gente hacía cola desde primera hora de la mañana cualquier día de la semana para conseguir en él una mesa. De hecho, hay indicios más que suficientes para afirmar que había gente que vivía en el Paraninfo –¡siempre estaban allí! ¿Cómo lo hacían?–, aunque esta hipótesis nunca pudo ser contrastada al 100 por 100.

 

Lo siento chica, tu novio me parece un raquero.

Vaya, parece que tu chico no ha caído muy bien. Antaño se llamaba raqueros a los niños y adolescentes que merodeaban los muelles de la ciudad, no siempre con las mejores intenciones. No destacaban por hacer gala de unos modales exquisitos ni un cuidado vocabulario.

 

Fuimos al Sardi a echar unas palas.

Estuvimos en la playa del Sardinero jugando a las palas, unas raquetas de madera que pesan más de un kilo con las que damos a una pelota de tenis que no puede votar. Lo pasamos muy bien y no tenemos agujetas en el brazo, a ver qué te piensas.

 

La hija del pescadero es un poco lumia. 

Se le dice lumia a aquella persona que piensa que lo sabe todo y se esfuerza mucho por demostrarlo, a la que siempre tiene que ponerle la puntilla a cualquier conversación. La lumia es una mari resabidilla, una sabelotodo y, generalmente, una persona un tanto irritante. Además, suele tener voz de pito, aunque eso no es estrictamente necesario.

 

La cuesta de la Atalaya es una de las más pindias de Santander.

Prepárate si vas a subir por allí. Si alguien califica algo de pindio quiere decir que está muy, pero que muy empinado. ¡Ánimo!