1. Valle de las Piedras Encimadas. Puebla

 

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Como si se tratara de un paisaje descrito por J.R.R. Tolkien en El Señor de los Anillos, el Valle de Piedras Encimadas en la Sierra Norte de Puebla es capaz de hacernos sentir en un escenario de fantasía. Aquí las rocas se acomodan de formas inesperadas, como si hubieran sido encantadas o sobrepuestas por fuerzas sobrenaturales. Por todos lados surgen misteriosas formaciones que parecen quedar suspendidas en el aire cada vez que la neblina las envuelve. Y claro que los bosques circundantes son el complemento perfecto para este fantástico escenario.

 

2. Minas de Naica. Chihuahua

 

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No es una ilustración de la famosa novela Viaje al Centro de la Tierra. Se trata de la increíble mina de cristales gigantes de Naica. El descubrimiento de la primer cámara de cristales ocurrió en 1910 y la última en el año 2000. Hasta la fecha se tienen localizadas cuatro bóvedas de cristales: Ojo de la Reina, Cueva de las Velas, Cueva de las Espadas y Cueva de los Cristales. Esta última es una de las más espectaculares ya que sus cristales de selenita llegan a medir hasta once metros de longitud y las condiciones ambientales en las que se encuentran son extremas, pues la cámara está sometida a una temperatura de más de 50 grados centígrados y un 100 por ciento de humedad.

Nota: Debido a las condiciones extremas del lugar, las minas de Naica no se encuentran abiertas al público.

 

3. Dunas de yeso. Coahuila

 

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Localizada en las inmediaciones de Cuatro Ciénegas, Coahuila, estas dunas bien podrían confundirse con un paisaje extraterrestre. Lo que a primera vista parece ser arena blanca, en realidad es un yacimiento de sulfato de calcio combinado con silicio que se extiende por 800 hectáreas. Debido a lo suave de este yeso blanco, los visitantes suelen caminar descalzos por esta alfombra natural que fue parte del lecho marino hace millones de años. Solo hay otros tres lugares del mundo con un paisaje similar: Túnez, en África, y los estados de Texas y Nuevo México en los Estados Unidos.

 

4. Bosque de las Truchas. Hidalgo

 

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Huasca de Ocampo, en el estado de Hidalgo, es un lugar famoso por sus numerosas historias y leyendas relacionadas con los duendes que supuestamente merodean por sus bosques. Es fácil entender de dónde surgieron estas historias cuando se ponen en contexto de lugares como el Bosque de las Truchas en el Corredor de la Montaña. Y es que este bosque realmente parece un lugar habitado por duendes o hadas. Basta mirar el intenso azul de su lago para sentirse dentro de una historia fantástica. Y si eso no es suficiente, no hay más que adentrarse en alguno de los senderos del bosque, guardar silencio y dejar que el viento y el sonido de sus riachuelos se conviertan en voces susurrantes.

 

5. Cañón del río La Venta. Chiapas

 

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Aunque el Cañón del Sumidero es uno de los principales atractivos de Chiapas, este no le quita mérito a otro de los maravillosos rincones del estado, el cañón de La Venta. Esta impresionante fractura geológica tiene una longitud de 80 kilómetros y su río es encausado por paredes de piedra caliza de hasta 400 metros de altura. Recorrer este cañón en kayak o en bote es toda una aventura y un deleite para cualquier expedicionario. La vegetación compuesta por musgos y helechos, además de su fauna salvaje y cavernas, parece transportarnos a un mundo jurásico.

 

6. Cenote Dzul Ha. Yucatán

 

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La hacienda Sotuta de Peón posee una de las joyas subterraneas más bellas de la Península de Yucatán: el cenote Dzul Ha. Al ingresar en la caverna que protege al cenote, tu vista no dará crédito de la belleza de este manantial subterráneo, cuyas aguas brillan con un intenso verde esmeralda, como si se tratara de jade líquido.

 

7. Laguna de Bacalar. Quintana Roo

 

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No podemos dejar de mencionar en esta lista a la hermosa laguna de Bacalar, el sueño de siete colores. Sin importar cuántas veces visites este lugar, que es nutrido por las aguas de diferentes cenotes, siempre te arrancará un suspiro con solo poner los ojos sobre ella. Pensar que sobre el manto azul de la laguna aparecieron alguna vez barcos de piratas y corsarios —que codiciaban el famoso palo de tinte que crecía en la región— pone a volar la imaginación y nos hace revivir épocas en las que los cañones del antiguo fuerte de Bacalar aún apuntaban hacia la entrada de la laguna.

 

8. Cráteres del Pinacate. Sonora

 

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Los inmensos cráteres volcánicos y ríos de lava solidificada de la reserva del Pinacate y Gran Desierto de Altar se asemejan más a un paisaje marciano que a uno terrestre. El cráter más grande del lugar, bautizado como El Elegante, mide 1609 metros de diámetro por 244 metros de profundidad. El Colorado es otro cráter más pequeño, pero no menos impresionante, que bien podría servir de escenario para una película de ciencia ficción. Estos cráteres presentan una coloración rojiza debido a la combinación del suelo arcilloso y la lava volcánica.

 

9. Santuario de las luciérnagas de Nanacamilpa. Tlaxcala

 

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Dicen que la belleza es efímera y el Santuario de las Luciérnagas nos lo recuerda con un espectácuo inusual que solo ocurre durante el verano. La temporada de reproducción de las luciérnagas nos permite ver en los bosques de Nanacamilpa, Tlaxcala, una danza luminosa de cientos de luciérnagas que cada noche acuden a su ritual amoroso regalándonos la posibilidad de sentirnos en un bosque que parece encantado por hadas.

 

10. Sierra de Órganos. Zacatecas

 

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Si miras a la distancia puede ser que veas extraños rostros de seres de roca e incluso animales petrificados. Este es parte del efecto visual que provoca echar una mirada hacia el paisaje pétreo de la Sierra de Órganos, un parque nacional ubicado en Sombrerete, Zacatecas. El nombre de este lugar se debe a que muchas de sus formaciones se asemejan a los órganos tubulares de las catedrales. El paisaje de este parque nacional ha sido utilizado como escenario para el rodaje de varias películas, incluso el ex Beatle, Ringo Star estuvo aquí durante la filmación de su película, El Cavernícola. Tú dirás si vale o no la pena visitar este fantástico lugar.

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