Foto: Roberto Taddeo

A FINALES DE ABRIL se hizo viral en Twitter el hashtag #MiPrimerAcoso, donde las mujeres hablamos de la primera vez que fuimos acosadas por un hombre en la calle. Comentarios sexuales, tocamientos, exhibicionismo… Prácticamente todas las mujeres del mundo hemos sufrido acoso callejero.

Los mal llamados piropos que sufrimos casi desde niñas llevan tiempo siendo denunciados por colectivos feministas como una forma machista de dominación del espacio. Que caminemos por el espacio público no significa que nuestro cuerpo sea público. Os dejamos una serie de respuestas que podéis dar a estos acosadores para que te sientas empoderada, te diviertas y contribuyas a unas calles libres de acoso.

1. Finge que no lo has oído bien.

Pídele que te lo repita una y otra vez, finge que no lo escuchas correctamente. Insiste en que te lo repita. Acabará dándose cuenta de la estupidez que ha dicho o sintiéndose incómodo con la situación y marchándose o pidiéndote que te marches.

2. Métete un dedo en la nariz.

Cuando te acosen puedes responder haciendo alguna cosa considerada poco “femenina” o atractiva. Métete un dedo en la nariz, ráscate la axila, escupe en el suelo… Se sentirán asqueados y dejarán de tratarte como a un objeto.

3. Imita el sonido de algún animal.

No me preguntes por qué, pero un día al recibir uno de esos “piropos” se me ocurrió responder con un mugido. Sí, un mugido. De vaca. Todavía me río al recordar la cara de desconcierto del acosador. No haces ningún tipo de pedagogía, pero al menos les descolocas con una respuesta inesperada.

Cualquier respuesta inesperada puede servir para descolocar al acosador. De hecho, prácticamente cualquier respuesta les deja fuera de juego, ya que casi nunca imaginan que puedas responder. Si no te apetece imitar un mugido de vaca siempre puedes cantar una canción o fingir que no te habías dado cuenta de que tenías cuerpo de mujer.

4. Graba la respuesta.

Saca el móvil y graba o haz fotos de su reacción cuando confrontes a tu acosador. Independientemente de si las publicas o no (cuidado, en algunos países es ilegal), te proteges ante su posible respuesta violenta, ya que si le están grabando no se atreverá a tocarte y pones el foco en él. Ellos saben que lo que están haciendo no está bien, la mayoría se sentirán avergonzados y se marcharán.

5. Inicia una conversación.

Si te sientes con ánimo de hacer pedagogía y la situación es segura, puedes iniciar una conversación con el acosador para hacerle ver que esa conducta es sexista y no tiene cabida en el siglo XXI. La mayoría de veces te llamarán fea, gorda o feminazi, aunque antes les parecieras la mujer más bella del mundo, pero yo tengo la esperanza de que aprendan alguna cosa.

6. Ignóralo.

Tienes derecho a continuar con tu día sin responder. A veces estás demasiado cansada o no quieres exponerte al enfado de tu acosador cuando respondes. No eres menos feminista por dejarlo pasar.

7. Desata el infierno.

Expresa exactamente lo que sientes. Grita, insulta, saca sapos y culebras por la boca. Porque tu enfado es legítimo y forma parte del mensaje. Existen varias estrategias de silenciamiento orientadas a deslegitimar tu mensaje si viene acompañado de una emoción fuerte, bajo la falsa premisa de que no puedes ser emocional y racional a la vez. Pero nuestro enfado, nuestra rabia cuando nos tratan como objetos forma parte del mensaje y es importante que nos sintamos con derecho a transmitirlo.

8. Monta un grupo de punk.

El colectivo mexicano Las Hijas De La Violencia contaron en un micro-documental para AJ+ que disparaban a sus acosadores con pistolas de confeti antes de cantarles su tema Sexista Punk. Definitivamente es una alternativa poco convencional, pero como dice una de las componentes del grupo: “que sea divertido, para que tú te vayas tranquila y puedas seguir teniendo un día increíble”.

9. Hollaback! Atrévete a contestar.

Otra alternativa es descargar la app de Hollaback, un colectivo que pretende erradicar el acoso callejero mediante una serie de consejos y recursos, campañas y un mapa colaborativo online al que puedes contar y añadir tu experiencia de acoso callejero geolocalizada.

10. ¡Sé creativa!

Hagas lo que hagas, decides tú. Es tu acoso, es tu cuerpo y el espacio público también te pertenece. No tengas vergüenza y responde como más te apetezca. Aquí tienes algunas propuestas, ¡pero seguro que a ti se te ocurren muchas más! Si no podemos divertirnos, no es nuestra revolución.