10 señales de que creciste con abuelos mexicanos

by Stephany Leslie Diaz Cruz 5 Jan 2016

1. Conoces mil y un formas en las que el clima puede afectar tu cuerpo.

Y es que pareciera que el clima es un tema que los abuelos conocen muy bien, pues con mucha frecuencia le atribuyen el dolor de alguna parte del cuerpo ya sea al frío, al calor, a un chiflón o a la lluvia. ¿Te duele la cabeza? ¡Debe ser por el calorón que está haciendo!

 

2. Sabes que las cosas que te regalan los abuelos son sagradas.

Si te regalan algo, ¡es para que lo uses! Eso aplica para las chambritas, los suéteres, los aretitos, la esclava de oro con tu nombre… lo que sea. Cuando se te olvida hacer uso de tan preciadas prendas, siempre te van a preguntar por ellas. Pero cuando les das gusto, casi te hacen pasar al frente para presumir lo lindo que te ves.

 

3. Sabes que la tecnología es “cosa de otro mundo”.

Concepto que se ve reforzado por esa mirada de desconcierto que tienen cuando les intentas enseñar cómo configurar el celular, conectar su pantalla inteligente o mandar un correo electrónico.

 

4. Creciste siendo un niño señalado por el “yo a tu edad…”

Es cierto que nuestro mundo es muy diferente al de hace setenta años, pero a nuestros abuelos nunca les importó eso y utilizan la frase a la ligera como una forma de meterte en cintura. Cuando hacías travesuras con tus primos, no faltaba un “yo a tu edad era un niño bien portado”; o cuando hacías un berrinche y te aplicaban el “yo a tu edad era muy bien educado”. Incluso en épocas más recientes, a gusto en algunas vacaciones familiares, no estabas libre de que te cayera la voladora con un “¡yo a tu edad ya trabajaba!

 

5. Sabes que el respeto está antes que todo.

No falta el día en el que no te soportas ni a ti mismo y enmedio de tu enojo y tus berrinches, haces uso de los elementos más floridos de tu léxico. Esos arrebatos de elocuencia suelen terminar súbitamente ante la figura de alguno de tus abuelos con la mano en el aire para soltarte un coscorrón, darte un jalón de orejas y gritarte “más respeto con sus mayores”.

 

6. Tienes muy claro que “sólo tú compartes tus locas ideas”.

Explicarle tus planes a futuro a la familia siempre es una odisea cuando tus abuelos están presentes. Sin embargo, por más locos que parezcan tus objetivos, sabes que siempre podrás contar con su apoyo incondicional, incluso detrás de la ominosa frase: “¡quién entiende a los jóvenes de ahora!

 

7. Aprendiste que la vejez es símbolo de sabiduría.

A todos nos llega ese momento en el que necesitamos de un consejo que sólo puede venir de una opinión bien informada. Es aquí cuando decides recurrir a la voz de la experiencia, a alguien que ya pasó por ahí… y regresó. Nuestros abuelos tienen un sinfín de experiencias en temas que nunca nos imaginaríamos, como bien dice el dicho: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Muchas veces pensamos que sus ideas están pasadas de moda o que no tienen relevancia en un mundo como el de hoy, pero a pesar de nuestros prejuicios, ellos siempre estaban dispuestos a compartir con nosotros un chachito de su sabiduría.

 

8. Aunque no lo hayas vivido, tienes muy claro que “hace cincuenta años las cosas no eran lo que son ahora”.

Quizá una de las frases que más nos hacen recordar a nuestros abuelitos son aquellas que hasta hoy resultan repetitivas, ese momento en el que los escuchas decir “en mis tiempos no pasaban estas cosas”, refiriéndose a tu incomprensible peinado o a las horribles modas de los jóvenes de hoy en día.

 

9. Aprendiste que las muestras de amor siempre deben ir acompañadas de un “no le digas a nadie que yo te lo di”.

Los abuelos son consentidores por naturaleza y siempre tratan de hacernos sentir mejor. Como cuando querías ese juguete tan especial pero tus papás se negaban a comprártelo, siempre mantenías la fe en que alguno de tus abues se tentaría el corazón aunque no fuera tu cumpleaños, ni Día de Reyes. O como cuando te encontraban castigado por tus malas calificaciones y te veían tan triste y sacado de onda que te daban algo de dinero para que salieras a divertirte… Pero eso sí, prometiéndoles que no los echarías de cabeza y que para el próximo semestre verían puro diez en cada una de tus materias.

 

10. Aprendiste a ver el futuro como algo incierto… ¡pero divertido!

Sabes que la vida pasa y el mañana es incierto; sin embargo, tus abuelos se encargaron de recordarte que debes de disfrutar la vida al máximo, que es necesario divertirse siempre, que los obstáculos nunca terminan y que, pase lo que pase, siempre debes seguir adelante. ¡De qué otra forma vas a llegar a su edad tan lleno de vida como ellos! 

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