Crédito: Chema Concellón

1. Sabes que tenemos cierta fama de brutos, pero la comprendes y sabes que se compensa por nuestra nobleza.

No nos vale con correr delante de los toros, sino que encima, y porque tenemos más arrestos que nadie, lo podemos hacer mientras bajamos una montaña con los toros detrás, como en el encierro del Pilón en Falces. Sabes que no es fácil hacerte con la amistad de un navarro, pero que una vez conseguido su nobleza te garantizará su apoyo hasta cuando la líes parda.

 

2. Allá donde estés, el 7 de julio es un día especial.

Puede que muchas veces hayas renegado de los Sanfermines por la cantidad de gente que trae y lo sucia que puede llegar a estar la ciudad, pero cuando llega el 7 de julio se te encoge el corazón. Incluso llegas a madrugar para poder ver alguno de los encierros por Internet o por televisión.

 

3. No te sorprende que haya un grupo de Facebook llamado Pamplona es Mordor.

A ciencia cierta te ha tocado sufrir varios veranos en los que te las prometías muy felices yendo a la piscina a diario y luego te han tocado semanas de lluvia y oscuridad, más propias de la tierra media que de los meses estivales. ¿A que todavía recuerdos el último catarro que te agarraste por ir de valiente y salir por la noche sin jersey en San Fermín?

 

4. Hablas una versión común del castellano pero con palabras ininteligibles más allá de Navarra.

¿Quién entendería fuera de la región que chandrío es un desastre, pantaloneta es un pantalón corto, txamarra es abrigo o silleta es una sillita para niños?.

 

5. Guardas una rivalidad (amistosa) con tus vecinos guipuzcoanos.

Entiendes perfectamente que se les llame ‘robasetas’, por su afición a venir a los bosques navarros a coger hongos. Pero también entiendes que nos llamen ‘meaplayas’ por nuestra afición a ocupar sus playas cuando llega el verano.

 

6. Sabes que Pamplona y sus alrededores se convierten en un poblado fantasma a partir del 15 julio.

No hay mejor momento para huir que cuando los Sanfermines han acabado. La ciudad se convierte en un poblado fantasma de los del Oeste. Hay que escapar al Mediterráneo o al Cantábrico.

 

7. Añades el ‘ico’ a a muchas de tus palabras sin darte cuenta.

Y te dicen que hablas cantando. Probablemente no te hayas dado cuenta hasta que saliste de Navarra y alguien te lo señaló, pero lo cierto es que tiendes a decir “pequeñico” como sufijo en vez del habitual ‘pequeñito’. Sin quererlo se te escapa ese clásico saludo de “¿qué pasa o qué? con fuerte acento al final.

 

8. Sabes que Navarra encierra muchas Navarras dentro de sí.

Más que una región parece un planeta, ya que en apena 100 kilómetros pasas de un paisaje desértico como las Bardenas Reales a la segunda selva más importante de Europa (la de Irati). Los contrastes entre la gente del sur (más abierta) y la del norte también son acentuados. El acento y las tradiciones de los navarros del norte, como el deporte rural, nos acerca más a nuestros vecinos vascos mientras que en el sur se pueden encontrar tradiciones compartidas con los aragoneses, como la jota.

 

9. Si has pasado por la Universidad, sabes que el mundo se divide de repente en dos.

Sabes que las universidades no se conocen por su nombre, sino por la pública y la privada. Da igual que algunos de las licenciaturas sean ofertadas y sean similares en teoría que son mundos inseparables, como si estuvieras en planetas diferentes. En la privada un crucifijo estará en la pared de todas las clases, encontrarás a algunos alumnos más conservadores y acentos variados mucha más gente de fuera de Navarra. En la pública estaréis los de Navarra.

 

10. Todavía te da corte ponerte a hablar con una persona que no conoces en un bar, especialmente si es del sexo opuesto.

Desde pequeño has visto que las cuadrilllas se dividen entre chicos y chicas y que en pocas ocasiones se rompe esa tradición. Además, aquella vez única vez que te aventuraste en territorios inhóspitos, te llevaste un buen corte.