Photo: Tono Balaguer/Shutterstock

11 conceptos muy dispares que los mexicanos siempre vamos a asociar

México
by Rulo Luna Ramos 22 Oct 2018

1. La pizza y la catsup

Antes de que empiecen con que yo soy de México y nunca le he puesto catsup a la pizza, los invito a hacer un poco de reflexión. ¿Qué te mandan en sobrecitos cuando pides una pizza a domicilio? ¿De qué es la botella más grande sobre la mesa de una pizzería? ¿Cuál es el único condimento que hay en esos puestos que venden pizza por rebanada? A los mexicanos nos encanta llenar la pizza con lo que sea que tengamos a la mano, pero la reina de todos los posibles acompañantes es la salsa de tomate. Si no formas parte del club, bien sabes que eres la excepción y no la regla.

 

2. Los Reyes Magos y los regaños de tu mamá

Se me hace que este año no van a venir los Reyes… Esta es una sentencia clave que hace que hasta el chamaco más berrinchudo se frene en seco y trate de enmendar todos sus errores en medio de sollozos y disculpas ininteligibles. No importa que sea febrero, este es un as bajo la manga que nunca le ha fallado a ninguna madre mexicana que se precie de serlo.

 

3. El maíz, el chile y los frijoles

Bueno, bueno, sé que estos tres no son nada dispares, pero permitámonos la excepción. Este triunvirato culinario define a casi toda la comida que los mexicanos conocemos con el nombre genérico de antojitos. Sopes, huaraches, tlacoyos, tlayudas, tostadas… resulta casi un chiste explicarle a un extranjero la diferencia entre todos estos platillos, ya que aunque para nosotros son tan diferentes como el día y la noche, a final de cuentas siempre se trata de una especie de tortilla con una embarrada de frijoles y su salsita. Lo demás es vanidad.

 

4. La Semana Santa y la playa

Claro que podemos tomar vacaciones en cualquier momento del año, pero por alguna razón existe una necesidad casi compulsiva por explotar ese puente de cuatro días lanzándonos al cuerpo de agua más cercano. ¿El resultado? Hombros quemados, boletos de avión carísimos y carreteras colapsadas durante el domingo de Pascua. El regreso a casa será un suplicio, pero un año es suficiente para olvidar y lanzarnos a la aventura otra vez.

 

5. Las abuelitas y los remedios caseros

¿Unas cucharadas de Pepto-Bismol? ¡Ni madres! Si el empacho solo se cura con unos buenos jalones en la parte baja de la espalda o con una sobada con quien sabe que menjurges que te van a dejar apestoso y adolorido por días. Muchos mexicanos crecimos al amparo de remedios caseros para problemas poco claros como el empacho, el mal de ojo y el espanto. ¿Que si son efectivos? Por supuesto. Pocos niños se vuelven a quejar del dolor de panza cuando aún tienen fresco el recuerdo de la última sobada.

 

6. La temporada de lluvias y los baches

Una vez que las lluvias más torrenciales comienzan a azotar los distintos estados de México, puedes ver como se eleva significativamente la cantidad de autos que andan rodando con la llanta de refacción. También por estas épocas aumentan las promociones de llantas en los comercios. ¿Es que la lluvia en México destruye los neumáticos? Más o menos. Con las lluvias vienen los encharcamientos y con los encharcamientos empiezan a resurgir los baches. Charco, más bache, más coche, es igual a que ya se te ponchó la llanta y ojalá traigas herramienta y no lleves mucha prisa.

 

7. El puesto de quesadillas y el café de olla

En México tenemos muy buen café. Estados como Chiapas, Veracruz y Oaxaca son famosos internacionalmente por la calidad de sus granos. A pesar de esto, es bien difícil encontrar buen café en los miles de lugares destinados a atender a los viajeros a la hora del desayuno. En el típico puesto a un lado de la carretera encontrarás dos opciones para satisfacer tu necesidad de cafeína: agua para Nescafé y café de olla. El fanático del café inmediatamente le huirá al primero, pero los invito a darle chance al segundo. Esta emulsión de piloncillo, canela y café tiene una identidad muy propia y, aunque no podría considerarse un buen café bajo muchos estándares, es muy reconfortante y se lleva de lujo con un pancito.

 

8. El mal de amores y el mariachi

No importa que te guste el minimal techno o la música de cámara, en cuanto tienes el corazón roto y se te atraviesan unos alcoholes siempre regresan a tu vida las mismas canciones. Quién sabe cómo, pero descubres que te sabes la letra completa de Paloma Negra y, en tu delirio de sufrimiento, hasta crees que le puedes imprimir más sentimiento que la mismísima Chavela Vargas. Creeme, no puedes.

 

9. Las ollas y el horno

Tal vez esto te pueda sorprender, pero ese cajón gigante de la cocina que está abajo de la estufa —sí, ese en el que van las ollas, los sartenes y los refractarios— es un horno perfectamente funcional en el que podrías preparar pan o un rico pastel.

 

10. El zumbido de oídos y las habladurías

Si te zumban los oídos de forma recurrente, probablemente necesites ir al otorrino para comprobar que todo esté bien con tus conductos auditivos. Claro que si estás en México, puede ser que tu primera preocupación tenga poco que ver con tu salud y mucho con saber quién anda por ahí regando chismes sobre ti. Algo similar pasa con los estornudos recurrentes, signo inequívoco de que alguien se está acordando de ti. Si se juntan ambos síntomas, por favor deja las indagaciones de lado y ve a ver a un doctor.

 

11. El nervio cubital y la suerte

Una sensación de descarga eléctrica por todo el brazo, un par de dedos dormidos y una expresión de dolor que a la vez confunde y entretiene a cualquier testigo, son señas clásicas de un buen madrazo en el nervio cubital, mejor conocido como el nervio. Todo el mundo debe haber sufrido de este golpe al menos una vez en la vida, pero solo un mexicano conoce el suplicio añadido por no poder sobarse. ¿Por qué? Pues porque pegarse en el codo es un buen augurio y sobarlo cambia la polaridad de la suerte… o algo por el estilo.

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