1. ¿Cuándo venir?

Si tienes cierta flexibilidad a la hora de escoger época del año en la que venir, piensa bien qué lugares quieres visitar, cuál es tu presupuesto y qué tal llevas el calor o el frío. Estas tres variables te darán el mes perfecto. Si no soportas el calor pero quieres ir a un país como Italia, evita los meses de julio y agosto (especialmente si vas al sur). Si sueñas con fiordos pero por debajo de los 15ºC sientes que mueres, viaja precisamente en esos meses. Ten en cuenta también las temporadas: julio y agosto (especialmente agosto) son temporada alta, así que todo será más caro y en los lugares más turísticos te moverás siempre rodeado de gente.

El consejo más práctico es que consultes de forma específica el clima del país y región que vayas a visitar y no te fíes de lo que crees saber. Ni en España hace siempre buen tiempo y calor ni en Rusia solo frío.

2. ¿Cómo moverte?

Distancias largas

Avión
Volar por Europa puede ser muy barato gracias a las aerolíneas low-cost. Sus ventajas son evidentes: el precio y la velocidad. No obstante, ten en cuenta también otros detalles que a veces hacen que no valga la pena: si quieres facturar equipaje tendrás que pagar extra (y son muy estrictos con las medidas del equipaje de mano); además, muchas de estas aerolíneas usan aeropuertos secundarios, algo alejados del destino principal al que quieres ir, por lo que tendrás que pagar ese extra de transporte (y contar con ese tiempo). Muchas de estas aerolíneas exigen también hacer el check-in online y te cobrarán un extra si llegas al aeropuerto sin haberlo hecho.

Usa buscadores de vuelos como el de Google, Skyscanner, eDreams o Atrápalo. Eso sí, una vez hayas encontrado tu vuelo oficial, es más recomendable comprarlo directamente en las webs de las aerolíneas.

Tren
Viajar en tren es más caro y más lento, pero es sin duda el medio más cómodo. Si vienes a Europa al menos un par de semanas y quieres recorrerla, una opción muy recomendable y económica es hacerlo en tren con un billete de Eurail (no lo confundas con el Interrail, que es solo para ciudadanos o residentes en Europa). Este pase te permite viajar en trenes de casi toda Europa durante un periodo de tiempo, subir donde quieras y bajar donde quieras. Hay distintos tipos de billetes y ofertas (para recorrer solo un país, para explorar alguna región en particular, etc.).

Sin billete Eurail también puedes viajar en tren sin problema. Aquí el precio depende del país en el que estés. En general, comprar los billetes por internet y con tiempo sale más barato, y suele haber descuentos para jóvenes o para estudiantes.

Autobús
La opción más económica, y ni siquiera mucho más incómoda que el tren. Existen muchas compañías de autobuses con ruta internacional que son low-cost y con flotas de lujo (también hay, especialmente en rutas dentro de un país, autobuses abarrotados e incómodos). Si vas a estar por Europa del este (rutas a y desde Praga), Student Agency Bus es baratísima y con autobuses increíbles. FlixBus es también muy barata y puedes cancelar hasta 15 minutos antes del viaje, pero no son los más puntuales. También están Eurolines o Busabout. Esta última ofrece billetes tipo Eurail, en modalidad hop-on hop-off bastante flexible.

Para comparar precios y rutas de avión, tren y autobús, goeuro es la mejor idea.

Compartir coche
El carpooling es bastante popular en Europa y hay varias plataformas que ponen en contacto a conductores que van a hacer un recorrido con otros viajeros que quieren hacerlo. La más popular es sin duda Blablacar, por lo que es también en la que encontrarás más viajes disponibles y más seguridad (más usuarios han valorado a conductores y pasajeros). El conductor sube un viaje a la web, de dónde sale, adónde va y la hora, dice cuántas plazas disponibles tiene y cuánto cobra por pasajero (la idea es simplemente compartir gastos, no obtener beneficio). El pasajero solo tiene que apuntarse al viaje que le interese.

Alquilar un coche
Si eres buen conductor (o no, vaya, con tener carnet y confianza en uno mismo ya vale) y tu plan va más allá de las grandes ciudades, alquilar un coche es siempre una buena opción. Es sin duda la forma más flexible de viajar y te permite llegar a lugares a los que es más complicado ir solo usando transporte público (en general siempre hay algún bus o tren regional que llega a los lugares más inesperados, pero dependes de horarios y frecuencia). El principal inconveniente es el de siempre, especialmente en ciudades: ¡aparcar! Pero si tu plan es de pueblos, naturaleza o ciudades pequeñas, no tendrás problema.

Moverte en ciudades: transporte público

Dentro de las ciudades, el transporte público será tu salvación: es lo más económico, rápido y cómodo. Incluso en los lugares pequeños en los que no hay metro, la red de autobuses urbanos suele cubrirlo todo bastante bien. Y, si no, caminar suele ser también una opción recomendable: ¡es la mejor forma de conocer un lugar!

Entérate al llegar a cada sitio de las opciones disponibles (metro, autobús, tranvía…) y de los bonos de transporte. A no ser que vayas a realizar muy pocos trayectos, vale la pena hacerse con un bono (unos serán por número de viajes, otros por período de tiempo). En las ciudades más importantes, la frecuencia es alta y especialmente en Centroeuropa y por el norte, todo es hiperpuntual.

Taxi
Son más caros, pero por lo general totalmente seguros y una opción siempre disponible. Si sois un grupo de tres o cuatro personas, en algunos lugares puede incluso ser más barato que ir en metro.

Servicios como Uber o Cabify no funcionan en todas partes y están bajo el punto de mira de las autoridades europeas, pero donde están, funcionan igual que en el resto del mundo.

Bicicleta
Muchas ciudades tienen servicios de alquiler de bicicletas urbanas, con distintas estaciones donde tomarla y dejarla. Los carriles bici son muy habituales, especialmente en países como Alemania, Austria, los Países Bajos o la Europa nórdica, y moverse en bici siempre aporta felicidad.

3. Cruzar fronteras: espacio Schengen y Unión Europea

En Europa existe el espacio Schengen, un acuerdo entre 26 países que permite moverse por ellos sin necesidad de enseñar el pasaporte o tener que pasar por aduanas. De hecho, en la mayoría de los casos el único indicador de que has cruzado la frontera es la señal de “Bienvenido a…”. Es común identificar los países que forman el espacio Schengen con los que forman parte de la Unión Europea, pero la coincidencia no es exacta: hay países de la UE que no están en Schengen (Irlanda, Reino Unido —de momento aún en la UE—, Bulgaria, Croacia, Chipre y Rumanía) y países que no están en la UE que sí están en Schengen (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza).

Dependiendo de desde dónde vengas, los requisitos para entrar en Schengen y los países de la UE serán distintos, por lo que lo mejor es que consultes la situación particular de tu país en fuentes oficiales. Las webs de los ministerios de exteriores suelen tener una sección de viajes con información detallada por destinos.

Una vez dentro del espacio, tendrás 90 días para moverte por él.

4. Hazte con una SIM

Si no quieres renunciar a internet en el móvil y no quieres depender de zonas wifi (en muchos países hay muchas, en otros menos), lo mejor es que te hagas con una tarjeta SIM. Desde hace un año ya no hay gastos de roaming en la Unión Europea, por lo que podrás usar la misma durante todo el viaje. Hay letra pequeña, sí, puedes consultarla aquí.

5. Los museos no tienen que ser tan caros

Viajar a Europa suele incluir visitar museos, pero si echas un vistazo a los precios, quizá te lleves un susto. Con la excepción de Londres, donde la mayor parte de los museos son gratuitos, las entradas hacen que cualquier viajero con poco presupuesto se lo replantee todo: el Museo del Prado en Madrid, 15 euros; el Louvre en París, 17 euros; los Museos Vaticanos, 17 euros… Y eso quedándonos solo con los museos más conocidos de cada sitio. Si quieres visitar más, multiplica la cifra por el número de museos.

Afortunadamente, la mayoría tienen descuentos u ofertas especiales. Explora bien su web y fíjate en si cumples los requisitos para alguna entrada reducida, pregunta en la oficina de turismo si hay algún pase que incluya varios museos por un precio algo inferior y entérate de si hay algún día de la semana o mes con entrada gratuita.

Si vas a ir a alguno de los museos más populares, planéalo con antelación: en muchos casos es imprescindible comprar la entrada antes por internet. Y reserva tiempo, tanto para la visita como para la cola que posiblemente tengas que hacer.

6. No subestimes las distancias

Desplazarse siempre lleva tiempo, y en muchos casos más del esperado. Las comunicaciones dentro de un país o entre países no siempre son todo lo rápidas que querríamos, especialmente si te mueves entre lugares secundarios y periféricos, fuera de las vías más veloces que lo conectan todo con las capitales. Fíjate bien en los horarios de los trenes y autobuses y, si vas a conducir, ten en cuenta que muchas veces serán muchas horas y que al llegar estarás cansado.

7. Aprovecha las visitas guiadas

Todo se entiende mejor cuando te lo cuentan y puedes hacer preguntas, por lo que recurrir a las visitas guiadas es siempre buena idea. Además, hay muchísimas gratuitas o muy baratas: los propios museos suelen organizarlas, y luego están los free tours, muchas veces temáticos, en los que solo se le paga una propina al guía al final.

8. ¿Debes dejar propina?

Aquí la Unión Europea está poco unida y el tema propinas varía mucho de un país a otro, tanto la cantidad como la forma de hacerlo. Lo habitual es dejar entre un 5 y un 10%, normalmente redondeando el precio. En países como España —donde dejar propina es normal si has comido o cenado, pero no por un café—, cuando pagas te devuelven el cambio en un platito y puedes dejar lo que consideres justo. En otros, como Austria, sueles decirle tú al camarero cuánto quieres que te cobre (es decir, si fueron 4,5 euros y pagas con un billete de 10 euros o con tarjeta, le dirías “cinco” (funf!)). En algunos países es más habitual dejar propina que en otros, pero ninguno es como Estados Unidos, donde siempre hay que sumar ese extra. No pasa nada si tu presupuesto es limitado y no la dejas.

9. Precios y moneda

También hay mucha variación, entre países e incluso en ciudades del mismo país. Para que te hagas una idea, los países más caros son Suiza, Noruega, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Islandia y Luxemburgo; los más baratos, Ucrania, Bulgaria, Eslovaquia, Polonia y Rumanía.

En cuanto a la moneda, 19 de los 28 países de la UE usan el euro. Quedan fuera y tienen su propia divisa Reino Unido, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Hungría, Polonia, República Checa, Rumanía y Suecia. Tampoco tienen euros, porque no forman parte de la UE, Noruega, Suiza, Albania, Azerbaiyán, Bielorrusia, Bosnia y Herzegovina, Georgia, Islandia, Liechtenstein, Macedonia, Moldavia, Rusia, Serbia y Turquía.

Lo más fácil si vas a ir a alguno de estos países es sacar directamente dinero de un cajero una vez que estés ahí. Si solo vas a atravesar uno de paso (en coche, por ejemplo), confía en que acepten la tarjeta y paga con ella.

10. Seguridad

Europa es por lo general segura. Como en todo, depende del país y de la zona, pero normalmente las precauciones básicas y tu instinto bastarán. Como turista, el mayor peligro (por frecuencia) al que te enfrentarás será el de los carteristas, así que mejor divide tus tarjetas, no lleves todo tu dinero contigo y ten especial cuidado en zonas muy abarrotadas. Eso sí, te robarán sin que te enteres, así que por lo menos te ahorras el susto y el miedo.

11. No quieras verlo todo

Es bastante habitual (y comprensible) querer aprovechar que has hecho un viaje tan largo para intentar ver cuantos más lugares mejor. Pero piensa que normalmente es más satisfactorio tomarse las cosas con un poco más de calma: Europa es grande y cada país y región distinta y con muchísimos rincones que valen la pena; si haces un viaje muy intenso y metes seis capitales en una semana, al final solo tendrás fotos con los monumentos famosos y recuerdos confusos de estar constantemente con prisa.

Mi consejo es aceptar que no es posible verlo todo y centrarse en absorber y disfrutar lo que sí estás conociendo: una semana en París es mejor que dos días, aunque tengas que sacrificar otros destinos. Por supuesto, depende del estilo de viaje de cada uno, pero ir a la cuna del slow travel, Italia, y hacer Roma-Florencia-Venecia en tres días debería estar prohibido.