Crédito: Fotur Colombia

 

1. Viajar es más barato de lo que la mayoría cree.

¡Adiós al viejo cuento de que viajar es sólo para los que tienen mucha plata! Claro, si pensás en un viaje como unas vacaciones a un resort del Caribe, seguramente será muy costoso, pero si lo que querés es hacer un viaje mochilero usando el transporte local, viajando a dedo, durmiendo en hostales, acampando y comiendo en mercados y puestos callejeros en lugar de restaurantes, entonces no hay que tenerle tanto miedo al presupuesto.

 

2. Existen muchas comunidades en internet que pueden reducir el costo de tu viaje.

Cada vez hay más opciones para reducir los gastos de viaje. Couchsurfing, por ejemplo, no sólo te ahorra el gasto de alojamiento, sino que te permite conocer gente local en todo el mundo. También existe la posibilidad de conseguir trabajos temporales a cambio de alojamiento y comida a través de páginas como Wwoof, Help X o Workaway. ¡Hasta es posible cuidar casas cuando los dueños están de vacaciones! Sólo tenés que unirte a la comunidad de Trusted Housitters o Mind my House.

 

3. Hay mucha más gente buena que mala (y la televisión no te cuenta toda la verdad).

“¡Irán es muy peligroso!”, me decían cuando estaba planeando mi primer viaje a ese país. Después de dos visitas puedo decir que en ningún lugar del mundo encontré gente tan hospitalaria. Así como se dice que Irán está lleno de terroristas, también se cree que viajando a terreno desconocido, seremos una presa fácil para toda esa mala gente que está ahí afuera al acecho. Hay una realidad con la que todos viajeros coincidimos: la enorme mayoría de la gente con la que te cruzás estará dispuesta a ayudarte y sólo una ínfima minoría es la responsable de algún problema.

 

4. No necesitás cargar la mochila con todo lo que creías.

Viajando vas a aprender a reducir tu equipaje a lo mínimo e indispensable. Lo que usás cuando estás viviendo en tu ciudad no es parámetro para armar la mochila, ya que en casa estamos acostumbrados a acumular sin demasiadas preocupaciones. Pero cuando cada cosa que ponés en la mochila será un peso extra para tu espalda, vas a aprender a distinguir entre un lujo y una necesidad.

 

5. Las visas no son tan complicadas como suenan.

Aunque muchos lo toman como una traba que puede frustrar buena parte del viaje, en realidad se trata de un simple papel. Existen muchos países que no requieren visado y los que lo piden, suelen resolverlo mediante un simple trámite que se realiza en el Consulado correspondiente. Tendrás que llenar un formulario, presentar algunos papeles y, eso sí, pagar el monto requerido. Son muy pocos los países que se portan estrictos para dar un visado de turismo.

 

6. Es bueno planear el viaje, pero es mejor tener libertad.

Es importante saber a dónde estás yendo, definir cuáles son tus intereses y, con base en eso, saber qué lugares te gustaría visitar; sin embargo, tener un itinerario en el que cada día está planeado hasta el mínimo detalle, sólo logra cansarte física y mentalmente; a final de cuentas, terminarás perdiendo la libertad que buscabas cuando decidiste hacer el viaje.

 

7. No todo es color de rosa.

Los viajes son complicados. No todo serán paisajes de postal y felices encuentros con otros viajeros. También hay momentos difíciles: interminables viajes en bus, caminar por horas bajo el sol o la lluvia en busca de alojamiento, esperar por un transporte que nunca sale, sentirte solo en una ciudad donde nadie te entiende, armar y desarmar la mochila a diario, cambiar de cama todas las noches, despedirte continuamente de gente que conociste, extrañar a tus familiares y amigos… y un sinfín de etcéteras que varían según cada persona. Pero para los viajeros, todos estos momentos se compensan con la felicidad y la libertad que sólo viajando se puede conseguir.

 

8. Es mejor viajar solo que mal acompañado.

Si no tenés un compañero de viaje con tus mismos intereses, entonces lo mejor que podés hacer es… ¡viajar solo! Elegir una persona con quien compartir 24 horas al día no es algo sencillo; tiene que ser alguien con quien compartas la misma visión del viaje, energía, presupuesto y en quien puedas confiar para tomar decisiones. Puede que te encuentres a alguien con estas características mientras viajas solo, aunque también es probable que aprendas a disfrutar la falta de compañía.

 

9. No hay que tenerle miedo a la vuelta.

“¿Y cuando vuelvas, qué pensás hacer?” Esta pregunta seguramente ya te la hicieron y te la hiciste a vos mismo cientos de veces. El miedo a volver de un viaje largo y encontrarse sin plata y sin trabajo es el que aterroriza a muchos, pero todo depende de qué sentido le des a tu viaje. Si pasas meses yendo de fiesta en fiesta y reventando todos tus ahorros en alcohol, seguramente no le encontrarás mucho provecho; pero si lo tomás como una inversión, que te servirá para formarte como persona, notarás una gran diferencia entre el que se fue y el que volvió. Esta diferencia será claramente visible a la hora de buscar trabajo o empezar nuevos proyectos.

 

10. Todos los miedos previos al viaje se solucionan.

¿Qué pasa si me quedo sin plata a mitad del viaje?, ¿encontraré dónde dormir cada noche?, ¿tendré problemas con las visas?, ¿y si me roban todo? Antes de empezar un viaje largo te encontrarás con miles de incertidumbres revoloteando por tu cabeza. Siempre pensamos que, con tantas cosas a tener en cuenta, algo saldrá mal y nuestro viaje soñado terminará siendo una pesadilla. ¡Tranquilo!, todas esas dudas irán desapareciendo durante el viaje y empezarás a sentirte más confiado con vos mismo. Es importante ser precavido, pero no hay que dejar que los miedos te paralicen.

 

11. El mundo es grande y la vida es corta.

No dejes que nada te detenga si lo que realmente querés hacer es viajar. No hay nada peor que no animarte a cumplir tus sueños por miedo a fracasar o al qué dirán. Recuerda que un viaje puede ser la experiencia más enriquecedora de tu vida.

Si no es ahora ¿cuándo?