1. Contar historias de miedo y fantásticas.

Nuestra cultura está cargada de mitos e historias fantásticas, en las que lo irreal y extraño se mezcla con lo cotidiano. Estas suelen tomar lugar entre fincas y sitios alejados a las ciudades… aunque también hay leyendas urbanas. El borracho al que le sale el sombrerón a la madrugada, el finquero que no cuida su cultivo y le llega el patetarro, la historia de la chica bonita que lava sus ropas en el río y la acecha el mohán… ¡Y qué decir cuando la linda chica termina siendo la patasola! No por nada uno de los más grandes exponentes del realismo mágico, Gabo, es colombiano.

2. Echar carreta.

Además de nuestra afección por las historias fantásticas, también se nos da por echar cuentos. Se trata de narraciones no del todo verdaderas que tienen intenciones ocultas… Existe el que le echa el cuento a la chica para enredarla o el que le echa el cuento al maestro, a la mamá o al policía para evitar el castigo –por ejemplo, echándole la culpa de la borrachera al sereno-. También, lamentablemente, están los que saben identificar a los desprevenidos para estafarlos. Casi que es una profesión el ser cuentero en este país.

3. Salir de rumba.

En Colombia decimos que celebramos hasta “la tirada de un pedo” (sic). Eso no nos lo quita nadie en el mundo: bailamos, tomamos y festejamos cualquier cosa, porque si y porque no… ni siquiera hace falta la excusa de un cumpleaños, una bienvenida o una despedida. La felicidad de las personas permanece en cualquier mes y en cualquier día.

4. Pedir rebaja o ñapa y diferir a 24 cuotas.

Una de las costumbres más arraigadas de los colombianos es pedir descuento, rebaja o ñapa. Es que sin rebaja, ¿quién compra? O sin la encima, ¿quién se motiva? Y si se paga con tarjeta de crédito, se busca diferir las cuentas a 24 cuotas. Ya quisiéramos en las tiendas de cadena tener más descuento del que dice en la etiqueta…

5. Bautizar a los niños con nombres como Shakira, Batman, Usnaby, Primitivo, Dios, Obama…

Si en algo somos campeones, es en poner nombres más que raros a los pobres infantes. En el momento en que conocen la luz del día, algunos padres colombianos les escogen raros nombres según el evento, personaje o noticia de moda. Hay ejemplos un poco extremos, como ponerle al niño el nombre del barco que acaba de llegar de los Estados Unidos, o ¡hasta el número del vuelo del avión en el que viajaba la madre cuando comenzó el trabajo de parto!

6. Adaptarnos rápidamente a los cambios de temperatura.

En este hermoso país tenemos todos los climas posibles y no existe el concepto de estaciones. Esto hace que podamos adaptarnos a cualquier clima rápidamente: conocemos desde las temperaturas bajo cero y las nieves perpetuas hasta los desiertos y las playas calurosas.

7. Inventarle chiste a todo.

El sarcasmo es una de nuestras principales aptitudes. Ante las peores noticias sobre el futuro económico del país, sobre desastres naturales o sobre riesgos a la seguridad pública… sin importar lo que haya sucedido, rápidamente empezarán a circular chistes cargados de ironía y humor negro entre grupos de amigos y redes sociales. Si no eres colombiano, te llevará un tiempo pero te acostumbrarás. Luego le empezarás a ver el lado bueno a todo lo malo, y solo podrás sonreír y disfrutar de tu tiempo en el “mejor vividero del mundo”.

8. Vender y comprar minutos.

No se trata de una película sci-fi ni de un planteo metafísico sobre la economía capitalista. Pero lo cierto es que en Colombia se vende el tiempo… El minutico a $100 pesos, para ser más exactos, “así no hay disculpa de no llamar a la mamá”. Los minutos para teléfonos celulares se venden en cada esquina.

9. Esquivar huecos.

La topografía Colombiana no te aburrirá nunca… así como tampoco lo harán las calles de las ciudades. Aquí, los conductores debemos ser expertos en esquivar huecos, alcantarillas sin tapas y calles en mal estado.

10. Comprar en cualquier esquina.

Y si, aquí no solo se puede comprar en centros comerciales y tiendas. Las calles colombianas tienen comercio en toda parte: en los andenes, en las esquinas y especialmente en cada semáforo. Si quiere distraerse del trancón en hora pico, tendrá múltiples opciones para escoger.

11. Llevar a cabo pequeños rituales para tener suerte.

Como dicen, la esperanza es lo último que se pierde. Aquí la fe está puesta en la mata de sábila detrás de la puerta, en ponerle al niño la manillita para evitar el mal de ojo, en prender velas a deidades religiosas… Y también, claro, en pedirle a chuchito que interceda por nosotros.
Imagen de portada: xlordashx