Foto: Adon Metcalfe

1.

Pagar con tarjeta de crédito absolutamente todo, hasta un chicle. El dinero en efectivo es marciano en Islandia.

2.

Estar en calcetines en todos sitios. Hasta en el supermercado es posible ir a comprar descalzo, y no te miran como a un hippy colgao. Eso sí, repasa los agujeros siempre.

3.

Los aparcamientos para carritos de bebés en las superficies comerciales y edificios burocráticos. ¿Quién en España dejaría a su bebé en la calle con total tranquilidad?

4.

El silencio. ¿Qué es esa sensación extraña y poco familiar? ¿Qué pasa a tu alrededor que pesa como crema y suena como….nada? Es el silencio.

5.

“El suspirito islandés”. Tienen un tic al hablar, que es como un suspiro de preocupación, inspirando brevemente, entre frase y frase. Es muy desconcertante hasta que te das cuenta que es una afirmación. Ahorro de palabras.

6.

El olor a huevo podrido por las calles y sobre todo en cada ducha y baño que uses. Todo sea por una limpia y gratis energía geotérmica suministrando calefacción y agua caliente a todo el país.

7.

Un policía con un gato en brazos es una imagen chocante, y si encima no lleva ni pistola ni porras ya te quedas loca. Bienvenidos al país más feliz y seguro del mundo.

8.

Tú también puedes tener tu propio nombre islandés, basta con que elijas el nombre de tu padre o madre, le coloques el -son detrás si eres chico, y el -dottir si eres chica. Yo soy Sonsoles Alfonsdottir, Sonsoles la hija de Alfonso. Sorprende que la guía telefónica no está ordenada por apellidos, sino por nombres.

9.

Cuando ves las auroras boreales por primera vez bailando en el cielo. ¿Qué es eso? No puede ser! ¿Dónde están los proyectores? ¡Eso es un mapping!

10.

La primera vez que ves el sol de medianoche. Que el sol no se esconda de forma vertical sino que recorra la línea del horizonte y de hecho que no llegue a esconderse del todo, es muy muy loco.

11.

Sentir la inmensidad absoluta en un paisaje marciano.