Crédito: Bárbara Paz Rebolledo Bustamante

1. Voy a aprender el idioma local para realmente experimentar el nuevo país.

Hasta que te encuentras totalmente perdido en medio de un lugar como la Isla de Lesbos (Grecia), tratando de llegar a la plaza Safo en Mitilene. Pero no hay nadie que hable una bendita palabra en tu idioma. Literalmente, le rogarás de rodillas a cualquiera para que te indiquen cuál es el dirección en la que ir y no perder el bus. Hasta ahora lo único que has logrado es decir yassas (hola) a pesar de ya haber pasado dos meses en ese país.

 

2. No me voy a alcoholizar hasta perder la conciencia en un país extranjero.

Esa es una idea increíblemente estúpida y lo sabes. Y sin embargo, ahí estás, a los besos con un hombre portugués que tiene un lunar raro en su cara, en un bar repleto de gente en Atenas, mientras tus nuevos amigos del hostel se ríen y tratan de sacarte de la situación. Les agradecerás más tarde.

 

3. Voy a disfrutar de mi soledad.

Amarás la soledad y la actitud de “hago lo que quiero” en general, hasta que una noche te encontrarás sentado en una café en la plaza de Dubrovnik, bajo la torre con el reloj, mirando como amigos y extraños se mezclan y se divierten agarrados de las manos mientras toman un cappuccino. Y te resistirás a la tentación de acercarte a una mesa y decir “hola, puedo ser su amiga?”, porque sabes que esa no es una buena manera de empezar una amistad.

 

4. No voy a llamar a mis padres llorando.

Hasta que estás inmovilizado con la peor infección urinaria de tu vida, después de navegar una semana por el Adriático, a pocos días de tener que regresar a casa. Todo lo que te gustaría hacer es llamar a tu mama y dejar que ella te cuide, dándote sopa de pollo, en vez de estar en un hostel ruidoso, con demasiado dolor como para siquiera ponerte en pie. Es que las madres tienen ese toque especial…

 

5. Voy a tomarme tiempo para reflexionar, leer y escribir más.

Encontrarás serenidad, de una u otra manera. Amarás la vida tranquila de la finca de olivos, comenzar tus días con mermelada casera de higos y miel de las colmenas, la poda de los olivos y el trabajo en los viñedos. Y después, pasarás tus noches leyendo y escribiendo, y adorando cada minuto de tu experiencia, hasta que querrás tener una semana en la que comportarte como un mochilero fiestero estúpido, porque recuerda: NADIE sabe que estás aquí. Entonces, puedes asumir cualquier personaje en este lugar.

 

6. Me voy a mantener en forma.

Te prometes a ti mismo que bajarás tutoriales de yoga y apps a tu teléfono para entrenar. Juras que vas a hacer trekking cada vez que puedas o que vas a salir a correr, porque solo de esa manera podrás quemar las calorías de las pizzas napolitanas que te comerás en Italia. En cambio, te terminas auto-convenciendo que caminar a todos lados compensa que seas una babosa perezosa.

 

7. Voy a comer sano.

Conservarás esta promesa por un tiempo más largo que las otras, hasta que te das cuenta de que comer ensaladas en cada una de tus comidas es una idea ridícula cuando hay un mundo de carnes asadas y tartas de queso y curry picante allí afuera, literalmente en la vereda frente a tu casa. Lo mismo aplica a tomar alcohol o probar bebidas locales. Un trago de Inca Cola y admites que deberás tomar ese brebaje mientras dure tu viaje a Perú porque quizás nunca más vuelvas a probarlo.

 

8. No me voy a enamorar.

Llegó el bendito momento de dedicarte a ti mismo. Parte de la razón por la que viajas solo (o sola) es porque estás sin pareja, y quieres hacer esto mientras no tengas compromisos, no haya ataduras, sino que puedas flotar libre como un globo. Hasta que conoces a un extraño alemán guapísimo y una semana después estás acurrucándote en sus brazos cual oso de peluche.

 

9. Me voy a enamorar.

Y entonces decides que enamorarte mientras estás de viaje no es tan mala idea, pero luego llega el momento de seguir camino. Y entonces es cuando piensas “LPM, sacar una visa es taaaaan complicado”. Y además te preguntas qué ocurrirá si pasan mucho tiempo juntos y la magia desaparece más rápido que el gas de una botella de cola dietética abierta.

 

10. No voy a tener miedo de salir de mi zona de confort y conocer a nuevas personas.

Cuando en realidad, caminar al bar de un hostel y presentarte ante un grupo de personas con las que nunca hablaste pero que parecen conocerse entre sí es una de las cosas que más miedo te da hacer en tu vida. Quizás necesites un par de shots de vodka antes.

 

11. Voy a encontrarme a mí mismo.

Te encontrarás a ti mismo. Te encontrarás a ti mismo comprendiendo que viajar es bastante fácil y que incluso si no haces grandes descubrimientos sobre tu ser interior, por lo menos la vas a pasar excelente en el camino. Por lo menos hasta que regreses a tu casa, a tu pequeño rinconcito de Universo, a tu cubículo frente a una computadora, y te parezca difícil creer que hiciste todo lo que hiciste si no fuera por las fotos de Instagram. Te darás cuenta de que “necesitas hacerlo de nuevo”. Una y otra vez, porque viajar solo se convierte en una adicción… y no es un mal hábito que adquirir.


 

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 22 de octubre de 2014.