Foto: David Shankbone

1. ¿Qué más, vecino?

No estás pidiendo verduras en la tienda de tu barrio, así que te sorprenderá que esto sea lo primero que un colombiano diga al verte. Conociéndote, español, responderás con un inevitable “¿qué más qué?” con el ceño fruncido. Además, ¡quien lo dijo no es tu vecino ni de lejos! No sufras, tenemos la traducción perfecta: ¿qué te parece un “qué tal, tío”?

2. ¡Qué chévere!

Olvídate de que las palabras “guay” y “mola” vuelvan a salir de tu boca. Desde el mismo instante en que pises Colombia tu lengua solamente podrá repetir continuamente “chévere” para demostrar cuánto te gusta todo lo que ves. Y si esta no te encaja, prueba con “bacán”. Éxito garantizado.

3. Marica

A falta de nombres propios, los sucedáneos siempre son buenos, aunque tal vez te choque un poco que en lugar de “tío” y “colega” los colombianos hayan adoptado la palabra “marica” para referirse a sus congéneres. No te pongas gallito si tus amigos te lo gritan en la calle al verte: ¡te están llamando, no insultando!

4. Camellear en las drogas

Ya sabemos de dónde le viene la mala fama a Colombia: ¡de la lengua! Todas las ciudades están llenas de establecimientos con el nombre Drogas escrito en la puerta y, para sorpresa (y a veces decepción) del español no venden gramos, sino aspirinas. Si un colombiano te dice que está camelleando en las drogas no debes asustarte: la realidad es que vende jarabes, pomadas y pastillas para la tos, generalmente vestido con una bata blanca.

5. ¿Me regalas un café?

Lo primero que pensará un español al entrar a un café y oír los pedidos es que los colombianos tienen un morro que se lo pisan (he ahí una expresión castiza que tampoco se entiende fuera de nuestras fronteras). En realidad no es así: por mucho que le endulcen el oído al vendedor con el “me regalas”, al final pagará la cuenta como todo hijo de vecino.

6. Guayabo

El español conoce bien la sensación que le embarga a uno los domingos después de una noche de beber hasta que el cuerpo aguante. Si está en Colombia, en lugar de ron y whisky sudará aguardiente y se solucionará el malestar con un plato típico: el calentao. Nada como las sobras del día anterior (generalmente judías, arroz, huevos y otros manjares) para recuperarse de una buena resaca.

7. Pelao

Al español que le piden que busque al pelao de la camisa azul perderá el tiempo buscando a un calvo vestido de cielo. En estas tierras, “pelao” se utiliza para llamar a cualquier persona joven, así que ojo al dato, que probablemente tú también seas uno.

8. Champús

Agárrate, porque el champús, para los colombianos, es una bebida a base de maíz trillado y melao (miel de panela o azúcar de caña) y frutas tan desconocidas en nuestras tierras mediterráneas como el lulo, la guanábana, la naranjilla o el membrillo. El que se equivoque y se lo eche en el pelo, que se atenga a las consecuencias.

9. Chiva

El español amateur pedirá a sus parceros (amigos) colombianos salir de fiesta y estos le dirán que esta noche toca chiva. ¡Grito al cielo! Ya se imagina el español cabalgando cabras a ritmo de salsa pero nada más lejos de la realidad: la chiva es un vehículo abierto, de vistosos colores, que sirve de transporte público en las veredas (los pueblitos del interior) y, por qué no, también de discoteca móvil en las ciudades.

10. Amañarse

Le preguntarán al español los compadres colombianos, sea cual sea el lugar a donde llegue, que si está amañado. El españolito retomará su cara de póker y no sabrá qué contestar. ¿Le estarán llamando tramposo, así de buenas? Nada de eso: el parcero le está preguntando que si le gusta el lugar. Mejor responder con un “¡amañadísimo!” y quedar en buen lugar. Nivel experto en colombianismos.

11. La patilla y el pitillo

No, ni estamos hablando de tus gafas ni de los cigarrillos que te fumas. En Colombia las patillas se venden en los mercados y puestitos de la calle, son verdes por fuera y rojas por dentro y tienen unas pepitas negras… ¿Adivinas qué son? Exacto: ¡sandías! Y si le pones un pitillo (una pajita) y un chorro de aguardiente adentro, lo tienes todo, marica: una fiesta improvisada por los delirios de la lengua madre. Y a quien no le guste: ¡paila!