Crédito: Eddie Milfort

1. Te acuerdas cuando no sabías que era el mezcal…

Aunque ahora pienses que eres todo un experto, te apuesto a que la primera vez que le entraste a un buen mezcal, no tenías ni la menor idea de lo que te estabas tomando. Seguramente lo acompañaste de naranja, limón, sal de gusano o cualquier otro invento que hiciera que te supiera a todo, menos a mezcal.

 

2. ¡Y también te acuerdas de cuando a nadie le gustaba!

Hasta hace no muchos años, la gente le hacía el feo al mezcal y sólo era requerido cuando de borrachera monumental se trataba. En los antros y bares donde ahora tienen hasta variedades orgánicas, te veían feo si sólo pedías mezcal. Los mezcaleros de corazón encontraban sustento en cantinas populares, aunque siempre podías encontrar una buena botella en la casa de los abuelos o entre las cosas de tu papá.   

 

3. Esperas con ansias la Guelaguetza y todo lo que trae consigo.

Por ejemplo… ¡la Feria del Mezcal!

Era típico juntarte con tus amigos para dar varias vueltas por los stands y pedir las rigurosas pruebitas que todo el mundo se toma como si fueran agua. Después de varias vueltas y muchas más pruebitas, siempre podías hacer la vaquita para comprar una botella entre todos, ¡aunque a veces eso ya ni siquiera era necesario!

 

4. Tu conocimiento mezcalero se ha ido refinando.

Antes bastaba con saber si un mezcal era de gusano, reposado o blanco, o en el caso de las cremas de mezcal, elegir tu sabor favorito: coco, capuchino, nuez o el que fuera. Ahora sabes que las cosas no son tan fáciles y que es mejor estar enterado de las diferentes variedades de magueyes y los distintos tipos de mezcal. No es lo mismo un espadín que un tobalá, un tepextate o un arroqueño. Parece mucho rollo, pero no hay nada mejor que conocer el mezcal con el aroma y el sabor perfectos para ti.  

 

5. No le haces el feo a los cocteles de mezcal.

¡Si estás curado de espantos! ¿Recuerdas esos preparados que hacías para tus fiestas, en los que mezclabas agua de jamaica con varios litros del mezcal más barato que pudieras encontrar? Pero no me refiero a esos “cocteles”, sino a la mixología mezcalera que se ha desarrollado en Oaxaca en años recientes. Podrá haber sido raro al principio, pero a estas alturas todos los bares y restaurantes de Oaxaca cuentan con una extensa carta de coctelería con mezcal que ha dejado atrás al ron, al vodka e incluso al tequila (cuyo mención basta para que te duela la cabeza). El mezcal está de moda y hay grandes mixólogos trabajando en mezclas muy originales. ¡Encuentra el que tenga el nombre más exótico y dale chance de conquistarte!

 

6. Alguna vez hiciste del mezcal tu after.

Después de la fiesta o el antro nunca faltaba el acomedido que sacara una botella de mezcal de su casa a escondidas.

 

7. Sabes que es de mala educación no aceptar una mezcalito.

Todos hemos asistido a una bautizo o boda cerca de la ciudad donde el anfitrión insiste en hacer del mezcal el protagonista del evento. Te ofrecen una copita cada cinco minutos y tus buenos modales te obligan a aceptarla. ¿El resultado? Una fiesta increíble donde seguro acabaste brindando y bailando con los festejados. Claro que eso lo sabes porque algunas fotos en Facebook así lo aseguran.  

 

8. Conoces las diferencias entre un mezcal industrial y un artesanal.

Y le das la importancia que se merece al proceso de elaboración artesanal. Saber en dónde y quién produce el mezcal que estás por comprar es información importantísima si quieres un producto de la mejor calidad, y en Oaxaca ¡sí que hay calidad para presumir!

 

9. Sabes cuál es la mejor pareja de un mezcal…  

No hay nada como tener un caballito de mezcal y una cerveza bien fría sudando a su lado. Puede que muchos te critiquen y te digan que esas cosas no se mezclan, pero si a ti te gusta, no hagas caso y disfrútalo.

 

10. Pero también conoces a su otra pareja ideal.

Una barbacoa recién salidita del horno de tierra con tortillas recién hechas y una salsita bien picosa. ¿Alguien se atreve a negarlo?

 

11. Y después de varios intentos fallidos…  

Por fin estás de acuerdo con que “al mezcal se le dan besos y no tragos”. ¿Te imaginas todas las crudas que te hubieras ahorrado si hubieras hecho caso a esto desde el principio?