Fuente: ociodeaka.com

Creciste preguntándote por qué…¡¿por qué otra vez sopa?!

Todos lo sufrimos: sopa, polenta, guiso de mondongo, guiso de lentejas y más sopa. Todos platos horrendos, pero cargados de superpoderes para que los niños crezcamos “bien alimentados”. Tantas veces nos hicimos eco de la pregunta de nuestra heroína Mafalda: “¿Y no será, digo yo, que confundís alimentación con alimentaje?”.

 

Pero comiste las mejores milanesas con papas fritas del mundo.

Porque seamos justos: nadie, pero nadie las puede hacer como una madre argentina. De hecho hay quien cree que las milanesas deberían estar incluidas en nuestra bandera. El asado y la napolitana con papas de una madre argenta se encuentran sin duda compartiendo el podio culinario albiceleste.

 

Te enseñaron a no ser uno más, a ser vos mismo, único y original…

Porque «lo que hagan los demás me importa un pito» y porque “Si Fulano se tira a un pozo ciego, ¿vos vas y te tirás también?».

 

Conocés la acepción argentina del verbo “ligar”.

Que en España se refiere a ganar una conquista amorosa y, en general, quiere decir “unir”. Pero si fuiste criado por una madre argentina, “ligar” es sinónimo de castigo por alguna macana que te mandaste. “¿Pero por qué? “.“¡Porque lo digo yo que soy tu madre!”. Y punto.

 

Aprendiste desde chico todo lo que tu casa NO es…

«¿Qué horas de llegar son estas? ¡Esto no es una pensión», «¿Venís nada más a comer y a dormir? ¡Esto no es un hotel!» . O «Acá no se pide comida a la carta, ¡que esto no es un restaurante!». Y así…

 

Te cansaste de pensar todos los domingos a la mañana: “Madre hay una sola… ¡y justo tuvo que tocarme a mí!”.

¡Cómo les molesta a las madres vernos dormir hasta tarde! Casi tanto como que digamos que estamos aburridos. ¿Será que no les gusta ver como la vida nocturna nos pierde? ¿O lo hacen solo por romper las pelotas? El domingo a la mañana es el momento elegido por las madres argentinas para limpiar, aspirar y baldear. Todo hecho con gran despliegue y con mucho (mucho) ruido. Cuando finalmente logran que nos levantemos, ahí están esperándonos, con una lista de tareas con nuestro nombre.

 

Sabés que nunca podés decir que estás aburrido.

«Si estás aburrido ponete a limpiar tu habitación o limpiá el baño”. «Cortá el pasto si no tenés nada que hacer». “¡Ponete a estudiar!».

 

Tu altar tiene un santo más.

Sanseacabó.

 

Mamaste el arte de la ambivalencia.

Ya que recibiste órdenes tales como «¡Cerrá la boca y comé»! “¡Callate y contestame!” o “Salí, vení para aca!”.

 

Siempre vas a ser el nene de mamá.

No importa si ya pasamos las tres o cuatro décadas de vida, siempre vamos a seguir escuchando, con tono entre preocupado y amoroso: «Abrigate, nene», «Tené cuidado con quién andás», «Ojo dónde te metés…».

 

A medida que crecés, vas haciendo tuyas todas las letras del tango sobre el amor de tu “madre querida”.

“Si es la madre en este mundo/ la única que nos perdona/ con sentimiento profundo/ sale amor y no abandona”. Porque sí, ellas cambian y cambiamos nosotros, pero ya como adultos y lejos de casa, ¡cómo se la extraña a mamá!. Amor es una palabra muy trillada que no me gusta usar, a veces siento que el amor es como los unicornios, un mito, pero cuando pienso en mi madre cambio en seguida de opinión…El amor de madre es el amor verdadero, el único amor a primera vista, absoluto e incondicional. Y como cantaba Pappo: ¡Qué nadie se atreva tocar a mi vieja!.