Crédito: Rei Ayanami en Tokyotres

1. Aprendiste a hacer disfraces de cualquier cosa usando cualquier material que tuvieras a mano.

En la mayoría de los colegios en Colombia los niños no solamente se disfrazan para celebrar Halloween. Durante todo el año escolar hay presentaciones, bailes y muestras artísticas en las que el ingenio de los profesores pone a prueba la creatividad de las madres, quienes deben hacer disfraces de toda clase de animales, objetos y personajes célebres.

Recuerdo que alguna vez tuve que disfrazarme de fuego (si, ¡de fuego!). Mi madre pasó horas en su máquina de coser la noche antes de mi presentación, pues obviamente -como buena niña colombiana- le avisé a último momento. Llegué al colegio con una trusa negra con telas rojas naranjas y dorados cosidas en forma de llama y fui la niña-fuego más feliz de la clase.

 

2. En tu casa hay una o varias fotos vergonzosas de tu infancia en alguna repisa, mesa o pared.

Nuestras devotas madres gustan de retratar nuestro “primer todo”. Eso incluye una foto de bebé en bola en un platón, olla o tina, desplegada públicamente para que todos tus amigos la vean al visitarte.

Además, esa devoción de las madres colombianas por sus hijos en tan grande que en algún espacio de la sala o el estudio tienen una o toda una recopilación de fotos vergonzosas. Como esa en la que sales cuando estabas mudando de dientes, o la más graciosa de la primera comunión. También suele haber un recuerdo visual de las niñas con la capul o de los niños con el peinado de lado o el peluquiado clásico de los noventas (el famoso honguito). Tampoco falta en algún lado la clásica “Foto Japón” con fondo azul o gris, en la que tú, tu madre y tus hermanos posan “naturalmente”.

 

3. Identificas al “Griffin” como uno de los mejores inventos de la humanidad.

Esto especialmente aplica a quienes asistimos a colegios en los que el uniforme de educación física exigía tenis de tela blancos. El “Griffin”, ese líquido blanco y pastoso usado para cubrir manchas en tela blanca, se usaba en cantidades industriales durante nuestra infancia. La rutina se repetía cada noche antes del día de deportes: ya era muy tarde para lavar los tenis y había que llegar en la mañana con tenis inmaculadamente blancos, entonces mamá los pintaba con paciencia, sabiendo que después de un par de horas volverían negros de mugre otra vez.

 

4. Te sacaron por lo menos un diente de leche tirando de un hilo.

Cuando los niños empiezan a mudar de dientes, se ponen molestos con deshacerse de ellos para poder dárselo al “Ratón Pérez”. Tan molestos, que no siempre hay tiempo de ir al odontólogo: a veces nuestras madres o tías nos los sacan amarrando el diente a un hilo y jalando con fuerza.

 

5. En tu lonchera escolar no faltaron los bananos, granadillas, bocadillos y el famoso jugo de guayaba, mora o curuba en el botilito.

Las madres colombianas también se han caracterizado por bridarles a sus hijos la mejor alimentación, lo que incluye una lonchera llena de frutas y otras delicias. En mi época, no habían muchas opciones de jugo en cajita; entonces a muchos nos mandaban en la lonchera el jugo (ya sea de mora, curuba o guayaba) en el botilito. Algunas madres llegaban a usar una técnica anti-derrame en el botilito, poniendo un pedacito de bolsa plástica entre la tapa y el frasco para evitar que la lonchera quedara toda regada de juego.

 

6. Vas al baño antes de salir de paseo.

Siempre, antes de salir de la casa ya sea de paseo o a un viaje que requiera estar largas horas en un carro, avión, etcétera, vas al baño. No sea cosa que debas terminar en un asqueroso baño de estación de gasolina o “hacer del cuerpo” escondido detrás de un árbol. Y que además, debas escuchar (una vez más) todo lo del punto siguiente.

 

7. Te criaste con tres frases místicas: “se lo dije”, “uno nunca sabe” y “mejor prevenir que curar”.

Son frases que has escuchado durante tanto tiempo que ya se han vuelto parte de la cotidianidad de tu propio hablar. Te hacen creer que las madres pueden casi predecir el futuro, especialmente en lo que respecta a errores. Cuando uno la embarra, lo primero que dicen las madres colombianas es “se lo dije”; y para evitar esas embarradas, los argumentos reiterativos son “prevenir es mejor que curar” porque “uno nunca sabe”.

Otro ejemplo del “prevenir antes de lamentar” es la salida a la playa. Además de untarnos cantidades industriales de bloqueador solar, nos ponían camisetas ya sea en la playa o en tierra caliente para evitar dolorosas quemaduras solares.

 

8. Siempre sales medianamente arreglada de la casa, hasta para comprar el pan en la esquina.

Es que, claro, ¡uno no sabe con quién se pueda encontrar!

Si uno no se ve medianamente decente, ellas no dudan en preguntar “¿Vas a salir así?”, lo cual es una forma no tan sutil de sugerir que te arregles mejor “porque uno nunca sabe”. Lo peor es que el día que no le paras bolas a lo que tu mamá dijo, te encuentras a medio mundo mientras tienes el pelo revuelto, la lagaña en el ojo y la peor pinta del universo.

 

9. Sabes que la leche de magnesia alivia toda clase de quemaduras solares.

Esto aplica para todos los cachacos que cuando vamos a tierra caliente nos ponemos rojos como camarones. Nuestras madres colombianas no sólo tienen miles de recursos para hacer disfraces… también saben de todo un poco, incluyendo de medicina. Entonces lo untaban a uno con cantidades industriales de leche de magnesia, hasta parecer un pequeño fantasmita.

 

10. Tuviste la conversación de “esta casa no es un hotel” más veces de las que puedes recordar.

Durante tu adolescencia y juventud, cuando empezaste a salir de fiesta y demás “eventos sociales”, escuchaste a tu madre decir esta frase célebre cada vez que llegabas a altas horas de la madrugada a la casa. A lo que uno simplemente respondía: ‘perdón ma, no lo vuelvo a hacer’; para saber que al siguiente fin de semana la misma historia se repetiría otra vez.

 

11. Irracionalmente defiendes que la comida de las mamás colombianas es la más deliciosa del mundo.

Más allá de que racionalmente imagines que para la mayoría de los hijos la comida de sus mamás es deliciosa, sin importar de qué parte del mundo se trate. De la misma manera, defiendes que las madres colombianas son las más cariñosas y bondadosas. No hace falta más explicación, ni hay necesidad de ninguna estadística.