1. En la familia, siempre tiene la última palabra…

Y suele ser alguna variante de “sí, mi amor”. Aunque tienen fama de machos, en lo cotidiano el poder de decisión reside en su mujer y rara vez lo cuestionan. Así se trate de unas vacaciones o de dejarte ir a tal o cual lugar. ¿Cuántas veces le pediste permiso para irte de fiesta y te dijo que le preguntaras a tu mamá?

 

2. Con tus primeros novios, no te dejaba salir ni a la esquina sin chaperón.

Los sinaloenses tienen fama de ser algo coquetos y canijos, y obviamente, para cuando tu novio puberto va, tu papá ya fue y vino. Lo último que quiere es que te topes con “otro cabrón con las mismas mañas” que él tenía en la secundaria.  

 

3. Suele ser algo estricto con sus hijos.

Como cuando te mandaron a deshierbar las tierras en pleno verano, con un calor de aquellos, para que te curtieras…

 

4. Con sus hijas, todo lo contrario.

Mientras tú sudabas y sufrías de alucianciones por el pinchi calorón, con pala en mano y una gran porción de campo por deshierbar, tu hermana y tu mamá estaban encerraditas con el aire acondicionado a tope, tomando limonada y muertas del aburrimiento, buscando algo que ver en Netflix.  

 

5. Ladra pero no muerde.

No es novedad que los sinaloenses por lo general hablan a gritos, y esto puede ser algo intimidante para quien no está acostumbrado. Si a esto le sumamos su excelente manejo de malas palabras, tu novio el foráneo se cuestionará un par de veces la idea de salir corriendo; y si lo hace, tu papá sinaloense no tardará en consolarte con tiernas palabras como: “No te agüites mija, ya sabíamos que el cabrón era p*tito”.

 

6. Le cuesta un montón manejar sus emociones.

Porque la mayoría han sido criados en contextos más o menos hostiles, donde rige la ley del más fuerte, los hombres no lloran, ni tienen derecho a mostrarse vulnerables. Quizás es por eso que ya entraditos en copas, se pueden poner bastante emotivos.  

 

7. Es súper amiguero, sencillo y sociable.

Papá sinaloense que se respete, va por la calle saludando y sacándole plática a todo el mundo, tiene muchos amigos y cada fin de semana le sobran reuniones y carnes asadas…  pero eso sí, la familia es primero.

 

8. La fidelidad no es su fuerte.

Obviamente hay excepciones, pero su fama los precede. Así que al analizar la historia familiar inevitablemente te preguntarás cuántos primos, tíos y quizás hasta hermanos tendrás regados por el mundo. Posiblemente nunca lo sepas.

 

9. No sabes si es católico por convicción o por miedo a contradecir al matriarcado.

Sospechas que si por él fuera, cambiaría la misa dominical por un desayunito para crudos, pero no se atreve a contradecir a tu sacrosanta madre y mucho menos a la abuela, así que bien bañado, perfumado y puntual en la puerta de la iglesia.

 

10. Es SÚPER trabajador.

Buscan siempre darle lo mejor a sus familias y no escatiman esfuerzos. Tienen una voluntad férrea y no le temen al trabajo duro. No importa cuántas veces las heladas de enero quemen el trigo, o el precio del tomatillo se vaya al suelo, cada temporada, con nuevos ánimos y un montón de esperanza, saldrán a labrar la tierra.  

 

11. La carrilla es su deporte favorito.

En la “hermana república de Sinaloa” o aprendes a aguantar y tirar carrilla, o te cambias de entidad. Estamos hablando de niveles que rozan el bullying, y aunque definitivamente no es ni lo más sano ni lo ideal, así son las cosas.  

 

12. Detrás de su mirada recia y carácter firme, se esconde un corazón de oro.

Han logrado salir adelante a pesar de la compleja realidad social en la que han crecido; gracias a su espíritu optimista y su entrega, te han dado lo mejor que han podido, y quizás, mucho más de lo que ellos recibieron. Por eso los amamos, con sus heridas y sus defectos; y no los cambiamos por nada. 

 

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