Nadie ni nada es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo. Aunque la comida mexicana es reconocida a nivel mundial, entre sus platillos hay algunos elementos bastante polémicos. Aquí no vas a encontrar chiles en nogada ni mole poblano, esta lista está reservada para la comida que es deleite de algunos y pesadilla de muchos otros. ¿Tú de qué lado estás?

1. La concha con frijoles

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La concha es uno de los elementos más típicos de la panadería mexicana. Un pan esponjoso, dulce y muy bonito que es el complemento perfecto a la hora del café o del chocolatito. Todo va muy bien hasta que alguien la parte por la mitad y la rellena con frijoles refritos y queso. Esta extrañísima invención (jarochos, los estoy viendo a ustedes) está bastante difundida en el centro del país y las opiniones al respecto no podrían estar más polarizadas. Los que defienden esta mezcolanza se escudan tras la sentencia de “pruébala y luego opinas”, mientras que sus detractores preferirían comerse unos calzones sucios. Obviamente, así nadie se puede poner de acuerdo.

2. Hamburguesas a la mexicana

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Antes de dejar la concha en paz, no nos olvidemos de esos nuevos inventos con los que la cocina de autor nos ha ido inundando poco a poco. Así como las hamburguesas en pan de dona están engordando a la hipsteriza de Nueva York, lo mismo sucede aquí con —va de nuevo— la concha y ¡hasta con el pan de muerto! Debo admitir que no se me antoja y nunca he probado ninguna de estas versiones, pero como me decía mi mamá cuando era un niño remilgoso, ¿tú crees que si supiera feo la gente se lo comería? Pues no, ¿verdad?

3. El chito

Dejando de lado si es carne de chivo, burro, caballo o quién sabe qué, la verdad es que no conozco una sola persona que abogue por el chito. Esta carne dura y enchilada, común en algunas cantinas capitalinas y en los alrededores del zoológico de Chapultepec, es un de las botanas más extrañas del universo culinario mexicano. No lo vayas a confundir con un tamarindo, pero si ya lo hiciste, ¿por qué no nos compartes tu experiencia?

4. La torta de tamal


Llevando la ingesta de carbohidratos a niveles ridículos tenemos a la reina de las tortas mañaneras de la Ciudad de México. Muchos se atragantan nada más de pensar en la cantidad de masa que implica cada bocado, mientras otros ya se están saboreando el desayuno de mañana. Definitivamente no es algo que debas comer todos los días, pero tampoco siento que merezca todo el odio que se le expresa. A final de cuentas, todas las tortas orgullosas de llamarse tortas en México tienen proporciones monstruosas y cuentan con la misma capacidad de hacer que tu ropa se encoja con el consumo continuo. En mi opinión, si el tamal es bueno, el pan de alrededor es lo de menos.

5. Los tostilocos


Este invento tijuanense se ha ido extendiendo poco a poco por todo México, Estados Unidos y dicen por ahí que hasta por Filipinas. Definitivamente no es la botana más saludable (siendo sinceros, pocos de los elementos de esta lista lo son) y no cualquier estómago puede sobrevivir un encuentro frontal con sus versiones más barrocas, pero si les agarras el gusto pueden llegar a ser muy adictivos. Recuerdo claramente la primera vez que fui a un puesto de tostilocos y la confrontación entre mis glándulas salivales diciendo a huevo y mi lado racional diciendo ni madres. Hay veces en que no conviene hacerle caso al lado racional.

6. El chicharrón preparado

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Ancestro del tostiloco que todavía puede encontrarse en puestitos varios del centro del país. Curiosamente, estas dos botanas han sabido coexistir en el mercado de la comida callejera, pese a que medio mundo les hace el feo.

7. La gomichela


En realidad puedes escoger la versión de michelada que se te antoje e igual habrá polémica. Si para algunos resulta pecado ponerle limón y sal a la cerveza, ya me imagino lo que opinarán de ponerle gomitas, chamoy y dulces de tamarindo. Y si ya están torciendo la boca del horror que les estoy contando, mejor no les cuento de la vez que probé el gomipulque… experiencia que aún trato de olvidar.

8. El arroz con plátano


Y con esto no estoy hablando de la fusión con la comida caribeña ni de los platillos preparados con plátanos fritos, hablo de tomar un plátano de la penca, cortarlo en rebanadas y dejarlo caer sobre un humeante plato de arroz a la mexicana recién salido de la olla. El arroz rojo (a la mexicana) es uno de mis platillos favoritos para acompañar un buen guisado, y ver como la gente le pone plátano encima es algo que sencillamente me sobrepasa. Claro que de eso a ponerle catsup…

9. Las sesadillas

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Manjar del crudo conocedor y la mejor forma de taparte las arterias en dos sencillos pasos (comprarlas y comértelas), las quesadillas de sesos son un antojito clásico de fin de semana. Sin embargo, su extraña consistencia y el simple hecho de que sean sesos, aleja a la mayoría de los comensales de este grasoso y delicioso platillo.

10. La tostada de pata


Su apariencia gelatinosa espanta a muchos comensales, pero los que le entran a la pata hablan de ella como si se tratara de uno de los grandes manjares de la comida mexicana. Dicen que la comida entra por los ojos y siendo honestos, la pata no hace muchos méritos en este sentido.

11. El taco de ojo, de cachete y de tripa


Taquero que se respete le entra a todo sin miramientos, pero hay un abismo de diferencia entre echarse un taco de costilla y uno de ojo. Supongo que la mayoría de los mexicanos hemos comido cosas más extrañas en nuestros tacos bajo la bendición del desconocimiento, pero tener conciencia de que lo que se está a punto de degustar es el ojo de una vaca puede frenar a más de uno.

12. Los bichos

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Escamoles, chicatanas, chapulines, gusanitos de maguey y muchos otros bichos están dentro de la oferta culinaria típica de México; sin embargo, muchas personas evitan toda esta variedad de sabores por el simple hecho de “ser bichos”. A veces se nos olvida que las vacas, los chivos y los pollos también son “bichos”, sólo que más grandes y con menos patas.

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