Crédito: jonathan_hamner

1. Hacer amigos en todas partes del mundo.

Somos simpáticos, extrovertidos, un poco caraduras y siempre vamos de frente. La amistad para nosotros es un culto y, para qué negártelo, ¡somos los mejores amigos del mundo!

2. Buscar soluciones en el diván.

Por algo tenemos la mayor cantidad de psicoanalistas per cápita…En Argentina todos pasamos por el diván, hasta el perro, es casi un rito de iniciación para nosotros. Aunque después nos cansemos (o se cansen nuestros bolsillos), de añares de terapia sin mejora alguna y terminemos descubriendo que salir a correr bajo el sol tres veces por semana nos hace más felices que seguir ahondando en el drama sin fin de la envidia del pene.

3. Remarla en las crisis económicas y nunca acostumbrarnos a los tiempos de bonanza.

De una forma o de otra, logramos salir siempre de las crisis, aunque muchas veces terminemos con el orgullo y los sueños por el piso. “El que apuesta al dólar pierde”, “La Argentina está condenada al éxito”, “El que depositó dólares, recibirá dólares”…De todas zafamos, pero siempre estamos preparándonos para la próxima crisis, porque si de algo estamos seguros es de que habrá una próxima…

4. Putear.

Expresivos y apasionados, tenemos unas puteadas gloriosas de esas que llenan la boca y nos permiten hacer catarsis furibundas para que luego -ya relajados-, podamos volver a ser amigos como al principio. ¡La reputamadrequeteremilpariolaconchadelalorahijoderemilputasandateacagar! 🙂

5. Dar cátedra de todo tema que surja (y guitarrerar mucho en el intento).

Porque sabemos de todo. Desde fútbol y política, hasta cómo cocinar un pavo, las cotizaciones del día Wall Street, los secretos de la monarquía japonesa y los vericuetos del yo, del superyó y del ello. Y lo que no sabemos lo vamos improvisando o guitarreando ¿vio?, en base a suposiciones y a mucha pero mucha inspiración divina.

6. Vender.

La vida y los economistas nos han hecho buscavidas expertos. Esto sumado a la gran creatividad que nos caracteriza, mal llamada “viveza criolla”, nos hace ideales para vender de todo. El cielo es el límite, así que mucho cuidado, ¡que un argentino hasta puede hacerte comprar un buzón!

7. Chamuyar.

Sin dudas, uno de nuestros grandes dones es el de poder decir chamuyos con total naturalidad. El chamuyo es algo así como una verdad a medias, o una mentirita endulzada, o una justificación creativa ante lo imposible. Vale tanto para que podamos vender un paraguas un día soleado de 30 grados, como para convencer a tu socio potencial de que ese negocio es un negoción. Lo usamos para zafar de los retos de las madres y para enamorar a nuestro objeto de deseo: “¿Los otros? Los otros te quieren para la cama nada más. ¡YO te quiero en serio!”.

8. Inventar.

A ver quién se sabe la lista de memoria y la puede repetir conmigo. Ahí va: El bolígrafo, el dulce de leche, el tango, las huellas dactilares, el colectivo, los dibujos animados, el alfajor, la milanesa napolitana y la técnica del by pass coronario (¡Gracias, Doctor René Favaloro!).

9. Organizar manifestaciones.

No importa el motivo, que la realidad siempre nos regala una razón más o menos triste o alegre para salir a la calle con pancartas, bombos, velas, cacerolas o sin corpiño. ¡Que las calles se hicieron primero para protestar y para celebrar y luego para circular libremente! Nuestros métodos incluyen sentadas, cortes de calles y de rutas, bocinazos, suelta de globos y nuestra marca registrada: los cacerolazos. Como sea, nos vamos a hacer escuchar.

10. Musicalizar las penurias de la vida a través del tango.

Porque ya sabés, la lucha es cruel y es mucha y a veces se tardan unas cuántas décadas en decirle a la vida “mano a mano hemos quedao”. Como dijo el gran José Larralde: “El tango es lo único que existe. Todo lo que te puede pasar en la vida está en un tango”.

11. Cebar mate.

El agua en su punto justo, antes de que comience a hervir, la yerba sin polvillo, la bombilla adecuada… Hola pasá, ¿tomamos unos mates? amargos o dulces? A mí me da lo mismo, decime cómo los tomás vos…Bueno dale, pasámelo, ¡que el mate no es micrófono!.

12. Organizar fiestas.

Nos encanta pasarla bien y no escatimamos en usar todos los recursos a nuestro alcance para ello. No es casualidad que seamos los creadores de los dichos mundialmente famosos “A poner toda la casa al asador” y “Esta noche tiramos la casa por la ventana”. Ni se nos ocurre fijarnos en las horas de sueño que vamos a perder y siempre, en las buenas y en las malas, encontramos espacio para la joda. ¡Qué lindo es ser argentino!