Crédito: Esparta Palma

1. ¿Quesadillas con queso?

Sí, las quesadillas se piden con queso y todo tu berrinche etimológico no va a hacer que la señora de las quecas cambie de opinión. Si quieres tus quesadillas con queso y no quieres pagar el doble, te vas a tener que hacer tus propias quesadillas.

 

2. ¿Por qué hay botellas de agua en los jardines?

En algún momento, algún chilango emprendedor decidió que la mejor manera de evitar que los perros ajenos hicieran de las suyas en su jardín, era alejarlos con el objeto que más odian: una botella llena de agua. La aversión entre los cánidos y el agua embotellada nunca ha sido comprobada por la ciencia, pero el remedio se viralizó por toda la ciudad… mejor ponerlo, dijeron, qué tal que sí funciona, dijeron. Los restos de este experimento sin sentido aún se pueden observar en las áreas verdes de la ciudad.

 

3. ¿Por qué tenemos tantas calles con nombres de ríos que no existen?

¡Sí existen! Corren por un tubo por debajo de la calle que lleva su nombre.

 

4. ¿Qué carajos es el chito?

¿Carne de burro deshidratada y enchilada? El mito está presente en todos los puestos de botanas y aunque a estas alturas nadie cree que se trate realmente de carne de burro… yo no metería las manos al fuego en defensa de alguna otra hipótesis.

 

5. ¿A dónde se fue “la región más transparente del aire”?

No se fue a ningún lado, ¡ahí está! Nada más hay que quitar el exceso de partículas suspendidas con unos buenos ventarrones o con una tormenta. El denominativo con el que Alexander Von Humboldt bautizara al Valle de México normalmente se esconde bajo unos cincuenta o cien puntos IMECA.

 

6. ¿Por qué en todos lados te sirven los chilaquiles con bolillo?

Porque somos unos atascados… ¿si no por qué?

 

7. ¿Dónde es abajo del reloj?

La frase “nos vemos abajo del reloj” es a todas luces reconocible para cualquiera que tiene la costumbre de citarse en las instalaciones del Metro. “Abajo del reloj” se refiere simplemente a la parte central del andén, donde se encuentra un pequeño letrero que indica la dirección del tren y un recuadro negro, aún más pequeño, que casi siempre está apagado. Si esa pantallita cuadrangular funcionara, sería un reloj, igual de inconspicuo, pero por lo menos le daría a nuestro punto de encuentro favorito un poco de lógica.

 

8. ¿Por qué llenamos botes con cemento y les ponemos una varilla en el centro?

Fácil: ¡para apartar lugares de estacionamiento! Tuvimos que inventar un dispositivo lo suficientemente grande, pesado, estorboso e inútil como para que nadie se lo quisiera robar.

 

9. ¿Por qué me siento mal?

La ciudad se encuentra a unos -nada desdeñables- 2,250 metros sobre el nivel del mar. Si esperas llegar y retomar tu rutina de ejercicio aeróbico matutino de inmediato, es probable que vayas a sentir como que corriste un maratón… después del calentamiento.

 

10. ¿Por qué le ponen patas de pollo a los esquites?

Para darle sabor al caldo y un extra de proteína.

 

11. ¿Por qué nadie tiene cambio?

El trolebús no te da cambio, los taxistas se ofenden si les quieres pagar con un billete de cien y el del Oxxo te va a querer dar unos chocolates viejos en lugar de dinero. Lo más recomendable es siempre salir de casa con un poquito de morralla.

 

12. ¿La ciudad de verdad se está hundiendo?

Sí, y los síntomas del hundimiento están por todos lados. Una vuelta por los edificios más chuecos del centro puede ser una buena forma de ilustrar este fenómeno, pero nada supera las escaleras del monumento a la Independencia. Nuestro querido Ángel está tan bien cimentado, que todo se ha ido hundiendo a su alrededor y se le han tenido que agregar nuevas escaleras con el paso del tiempo… ¿alguien ya estará pensando en la posibilidad de un elevador?