Foto: Alejandro Mallea

1. Tomar.

No por nada lideramos en el continente el consumo per cápita de alcohol. La nueva generación lo sabe, vez que salimos del país nos sorprende que la gente tome cervezas por la noche, o que comparta una botella de vino. Nosotros compartimos pisco, 35º de puro poder.

2. Cantar el himno nacional.

En partidos de fútbol, para el “18” o simplemente en momentos de euforia, no falta la ocasión para sacar a flote el patriotismo exacerbado ¿La marsellesa? Sí, tal vez es más linda y simbólica, pero nadie más canta el himno nacional como si al acabarse nos fuéramos a morir, nadie.

3. Prender carbón.

Con papel de diario, con cartón, con ramas o con velas, son solo algunas de las alternativas que todo chileno que se respeta posee para prender un fuego. Los vecinos del Río de la Plata son los reyes del asado, sí, pero ellos ocupan leña, no el querido carbón de espino.

4. Sacarnos partes.

Aquí no arreglarás el problema con un billetito y una sonrisa cómplice como en otras partes del continente, ya que nuestros carabineros son incorruptibles. Sin embargo, son humanos y tienen sentimientos. Esta humanidad sí es aprovechada por conductores avezados en el arte de improvisar. Parientes enfermos, urgencias extremas, tragedias siderales, cualquier excusa sirve, y si la acompañamos con un llanto femenino, las probabilidades de salir impune son altas.

5. Los hot dogs.

Los completos (hot dogs chilenos) son los hermanos mayores del clásico hot dog. Más grandes y groseros, abundantes en palta, tomate y mayonesa. Una experiencia obligatoria en Chile, ya que no en cualquier parte te comes un sándwich del porte de un antebrazo, como afirma el propio Anthony Bourdain.

6. Celebrar la fiestas patrias.

Dicen que los fuegos artificiales el 4 de Julio en Estados Unidos son una locura Pero ¿después que? Los demás países de Sudamérica tienen el carnaval como su gran celebración, pero en Chile nos quedamos con nuestras fiestas patrias: dos días de feriados que se pueden alargar a cuatro días de fiestas, fondas, emboques, palo encebado, cueca, chicha y anticuchos. El “18” es nuestro carnaval.

7. Hacer todo a última hora.

Revisión del auto, pagar matrículas, renovar la licencia, pagar la tarjeta, hacer la tarea del colegio, ir a votar, hacer el trabajo de la Universidad, hasta para donar en la teletón. Esa urgencia casi patológica por sentir la presión y tener que correr, sino ¿para qué?

8. Levantarnos de tragedias.

Terremotos, incendios, maremotos… La geografía no nos trata bien, pero siempre después de cada tragedia nos reunimos y encontramos la manera de levantarnos. Es ahí cuando el chileno solidario asoma: la gente y algunas instituciones, no el gobierno.

9. La palta.

Los mexicanos tendrán el guacamole, pero nosotros no necesitamos ayuda de otros vegetales para maravillarnos con la palta, con un buen pan batido y una palta hass, los sabores están garantizados.

10. Tomar “once”.

Tomar once o el té para los “más” británicos. Ese espacio de tiempo entre el almuerzo y la cena que los chilenos rellenamos con té o leche de chocolate para los niños y que acompañamos con altos niveles de carbohidratos en marraquetas con palta y/o huevos y, como no puede faltar el dulce, también siempre habrá un queque o kuchen de la abuela. El tea time a la chilena.

11. Degenerar el castellano.

Hablamos rápido, nos comemos las s, las d y muchas vocales. Además usamos una infinidad de modismos y coa. La fama nos precede y todo el mundo sabe que a los chilenos no se nos entiende, lo bueno es que en el extranjero tenemos nuestro propio dialecto. Una vez unos colombianos pensaron que estaba hablando turco con otro compatriota.

12. Las empanadas.

Variedad, tanto en sabores, preparaciones y tamaños. Las encontramos al horno y/o fritas, siendo la de pino la reina (en Ecuador empanada chilena), omnipresente durante todo el año. Pero si nos adentramos en la zona costera, el panorama se vuelve aún más interesante, ostión, macha, jaiba, camarón, un gran etcétera. ¡Una delicia!