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1. Pedir limón y sal para beber tequila.

Dicen los mexicanos que su licor nacional debe saborearse y beberse con calma, como si se tratara de un buen whisky. De hecho, según ellos ambas bebidas pueden competir en calidad, algo que contrasta con la forma española de beberlo: con sal, limón y de un trago, y que hará que no nos miren demasiado bien.

2. Organizar un chiringuito en la playa.

Ir a la playa está bien y si es del Caribe, mejor. ¿Qué echamos de menos los españoles allí? ¡No hay chiringuitos! Pero no hay problema: allá iremos con una bolsa cargada de cervezas para montarlo hasta en el más espectacular de los arenales.

3. Imitar el acento mexicano.

En un país como España con tantos acentos estamos acostumbrados a imitar a gallegos o andaluces, así que es imposible que vayamos a México y no nos pasemos el día diciendo “ándale, ándale” en cuanto veamos la ocasión.

4. Quedarnos con la boca abierta el Día de los Muertos.

En el 1 de noviembre, el Día de los Muertos, los mexicanos ponen ofrendas (altares) para sus seres queridos que fallecieron y conmemoran a sus difuntos con una gran fiesta donde hay comida y mucho arte. Dulces con forma de calavera, velas, flores… Una fiesta llena de color que poco tiene que ver con el modo en el que celebramos esa misma ocasión en España y que nos dejará pintada cara de asombro para todo el día.

5. Preguntar por los bocadillos de jamón.

Los tacos, tortas, tamales y tostadas son parte de la vida diaria y todos ellos se pueden encontrar casi en cualquier esquina. Entre la visita a una iglesia y a un museo será el momento perfecto para tomar ese almuerzo tan típico que con sus ingredientes súper frescos forman parte de la comida rápida de México, aunque más de uno irá diciendo que “dónde puede comprar un bocadillo de jamón y dejarse de tanta tontería”.

6. Cantar rancheras en cuanto aparece un mariachi.

No podemos remediarlo y da igual lo mal que cantemos. Si aparece un grupo de mariachis no dudaremos en pedirles sus sombreros mexicanos, suplicarles que canten “Clavelitos” y unirnos cantando bien alto.

7. Recorrer en bañador las ruinas mayas.

El bañador es en teoría para la playa, pero los españoles nos lo ponemos y lo lucimos sin vergüenza en cuanto tenemos ocasión, especialmente si estamos de vacaciones y hace calor. Si empezamos a sudar en Chizchen Itza, ¿por qué no íbamos a pasear a torso descubierto?

8. Recordar la mítica “Los ricos también lloran” viendo sus telenovelas.

México es el rey de la fórmula “chico y chica se enamoran, pero por alguna razón trágica no pueden estar juntos, aunque después de superar infinidad de obstáculos finalmente se casan”. Si exportan estas historias a países tan diferentes entre sí como Filipinas o Israel, ¿cómo vas a estar en tierras mexicanas y no pasar un rato entretenido frente al televisor con alguna de estas novelas, mientras recuerdas cuando en España emitían “Los ricos también lloran”?

9. Gritar como el que más en un espectáculo de lucha libre.

La lucha libre mexicana es el deporte-espectáculo más popular de México, tan solo por debajo del fútbol. Los luchadores, que salen al ring muchas veces cubiertos con una máscara, realizan peligrosos saltos y acrobacias, algunas incluso para abandonar el ring. Los españoles nos uniremos sin pensar a los gritos de los mexicanos que animan a su favorito, mientras no podemos evitar comparar el espectáculo con lo que tenemos más cercano: ver Pressing Catch por la tele.

10. Hablar de fútbol y presumir de nuestro equipo.

Tanto en España como en México el deporte nacional es el fútbol, así que está claro que en cuento tengamos oportunidad entablaremos conversación con cualquiera que muestre interés sobre si somos del Madrid o del Barcelona y pasaremos un buen rato presumiendo de las glorias de nuestro equipo del alma.

11. Pedir una Coronita.

Cada vez que queramos una cerveza diremos “una Coronita”, la que en España es la cerveza mexicana por excelencia. ¿Por qué no arriesgarnos y la próxima vez pedir que nos recomienden su mejor cerveza? ¡Seguro que nos sorprendemos!

12. Lanzarnos de bomba a un cenote.

Su forma circular, sus aguas color turquesa, y esas elevaciones que parecen puestas a propósito para que practiquemos nuestro salto bomba hacen imposible resistirse.

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