Foto: Ekke

1. ¿Por qué no hay persianas?

A ver, ¿a quién narices se le ocurre tener ventanas sin una buena persiana que nos aísle de la luz? Estamos de vacaciones y lo que menos nos apetece es que el sol nos despierte cada mañana a las cinco, como pasa en los países en los que el astro solar tiene la mala costumbre de aparecer cada día a una hora que casi es la de irse a la cama. Y justo en esos países todo lo que ponen para dejar la luz fuera es una cortina que si no pusieran daría lo mismo.

2. ¿No se puede fumar?

Venga, vale que no se pueda fumar en bares, hoteles y restaurantes. Pero que llegues a países como Corea del Sur o Japón y que hasta en las calles encuentres señales que prohiben fumar ¡¡es el colmo!! Te sientes como un delincuente si se te ocurre encender un cigarro y terminas escondido en algún rincón para que nadie vea que te estás saltando las reglas.

3. ¿Qué es eso de cenar a la hora de la merienda?

Claramente las 12 del mediodía no es la hora de la comida, es la hora de la cerveza, del aperitivo con los amigos, no la hora de ponerse a comer un filete con patatas. Por no hablar de las cenas a las seis de la tarde, esa es la hora a la que uno se levanta de la siesta y se toma un café con hielo. ¿Cuándo se dará cuenta el resto del mundo de lo equivocados que están con este tema? ¡En muchos lugares de dejarte sin cenar como llegues más tarde de las ocho de la tarde!

4. ¿Desde cuándo las propinas son obligatorias?

Eso de que en algunos países tengas obligatoriamente que dejar propina en los restaurantes es algo totalmente inaceptable. ¡Una cantidad de hasta un 15% del total de la cuenta en muchos lugares! Y ojo con no hacerlo: encima el camarero vendrá a increparte. En España no somos de dejar propina, si dejamos algo será porque el servicio ha sido bueno o han tenido algún detalle con nosotros, pero si no lo haces nadie pregonará a voces por todo el local que los clientes de la mesa 12 se han ido sin dejar el dinero extra para el servicio.

5. No quiero que me hablen de fútbol.

Sí, totalmente de acuerdo: en España el deporte más popular es el fútbol, lo sigue una gran parte de la población, pero otros muchos preferimos el tenis (siguen con fervor a Rafa Nadal), las motos (ahí tenemos a Pedrosa, Lorenzo o Márquez), el baloncesto o la natación sincronizada. En todos ellos España destaca, pero nadie parece saberlo, y cada vez que estás en el extranjero y alguien escucha que eres español rápidamente vendrá a hablarte de Messi, Ronaldo o el Barça. ¡¡Que no me gusta el fútbol, no sé quiénes son esos señores y no me interesa saber quién ha ganado la liga!! Pero ellos, erre que erre, a cantar la alineación del Real Madrid como si estuvieran en un examen.

6. Y no, tampoco quiero hablar de flamenco.

Pues no, en España las mujeres no vamos por la calle con faldas de volantes y peinetas, eso es un traje regional, la gente se lo pone en las fiestas. No es el sari a la española ni mucho menos, se usa para bailar flamenco y no todos sabemos hacerlo. Es parte de nuestra cultura, pero también lo son la jota y la sardana. Y yo prefiero el chotis, ¿qué pasa? Pero el topicazo está ahí y parece que no podamos hacer nada para cambiarlo.

7. ¿Por qué este teclado no tiene eñe?

Nosotros los españoles somos muy nuestros, tanto que hasta en el nombre de nuestro país tenemos una maravillosa letra que nadie más utiliza (excepto los países que hablan castellano como nosotros). La EÑE. Así, con mayúsculas. Pero nos fastidia mogollón llegar a China, querer mandar un mail desde un ordenador de ese país y ¡sorpresa!: no tiene eñe. ¿Cómo pretenden que escribamos a nuestra gente sin esa letra tan importante para nosotros?

8. ¿No conocen las aceras?

Con lo agradable que es dar un paseo por una de esas amplias aceras que tenemos en todas las ciudades españolas, ¡parece que el resto del mundo no las conoce! Países en los que la acera es para que los coches aparquen (¿y por dónde narices caminamos los peatones?), países en los que de las puertas de casas y hoteles se sale directamente a la calzada en la que no queda más remedio que compartir espacio con coches, motos y a veces hasta con camellos, cabras y elefantes. Vamos, que no nos lo ponen muy fácil, con lo sencillo que sería un espacio para las personas en cada calle…

9. ¿Es que no tienen estaciones, con frío en invierno y calor solo en verano?

¿Aquí nunca me va a hacer falta la bufanda que he traído? Si estamos en diciembre, tiene que hacer frío, como en España, que para eso tenemos el clima perfecto: calor en verano, frío en invierno. No puede ser que llegues a Tailandia y haga calor las 24 del día. Por mucho que nos avisen, nosotros no terminamos de creer que de verdad pueda ser así, y al final llevamos un abrigo y unas botas que nunca vamos a usar en ese viaje. Aunque alguno siempre hay que se pasa el día protestando por el calor porque se empeña en ponerse el jersey de cuello vuelto.

10. Está todo lleno de guiris.

Nos encanta estar en cualquier rincón del mundo y hablar de otros viajeros diciendo “mira esos guiris, con sandalias y calcetines”. No podemos evitarlo, nos creemos los reyes del estilo y no somos conscientes de que en ese lugar que estamos somos tan guiris como esos a los que criticamos, y seguro que para los oriundos del lugar nuestro aspecto debe ser tan gracioso como para nosotros lo de esos hombres con calcetines blancos debajo de las sandalias.

11. España no son solo Barcelona y Madrid.

Estás en Perú, China o Argentina y alguien te pregunta de dónde eres. Con una sonrisa respondes “de España”… y entonces van y te sueltan la otra pregunta de rigor que parece ir unida a esa primera “¿Madrid o Barcelona?”. Pero por favor, que hay mundo más allá de la Sagrada Familia y el Museo del Prado, que Teruel, Huelva y Palencia también existen. Ganas te dan de llevar contigo un mapa del territorio español y mostrar con orgullo tu pueblo que está perdido en los Picos de Europa.

12. Donde esté una buena tapa de jamón…

Que sí, que hay que probar de todo, que la gastronomía es parte del viaje, pero ¿por qué pica todo tanto en muchos lugares? Si no sabe a nada, solamente te crea una sensación de que la boca te abrasa y ya está. Eso no es comer, eso es sufrir. Sin duda, donde esté un buen plato de queso y jamón del bueno, que se quite lo demás.

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