La sopa aguada.

Aún cuando de niño sufriste por tener que terminar un plato de sopa que parecía no tener fin, debes aceptar que las madres mexicanas hacen la mejor sopa aguada del mundo y no hay discusión posible en este punto.

 

Llamarte de distintas maneras de acuerdo a su estado de ánimo.

M’hijito: todo está en calma y armonía.
M’hijo: todo bien, pero podría estar mejor.
Juan: Algo hiciste o no hiciste… y ya se dio cuenta.
Juan Alfonso: los dos nombres ya preocupan.
Juan Alfonso Sánchez: ya valió madre.

 

Quitarte lo aburrido.

Hay mucho que hacer en la casa. Si estás aburrido y eres lo suficientemente inocente como para decirlo en voz alta, pronto vas a estar partiendo cebollas, colgando la ropa, descolgando la ropa, limpiando frijoles, barriendo la banqueta o limpiando tu cuarto, que seguro parece nido de perros… ¿Ya se te quitó lo aburrido o quieres más?

 

Adivinar el futuro… especialmente en cuestiones meteorológicas. 

Si te dice que va a llover es porque va a llover y si te dice que va a hacer frío es porque se avecina un vendaval. Importa muy poco lo que diga el Weather Channel… nada te cuesta llevarte un sueter y un paraguas.

 

Detectar tus mentirotas.

Veme a los ojos y dime que no fuiste tú”… es la típica frase con la que tu madre pasa a la modalidad de detector de mentiras. Sabes que no puedes hacer nada contra eso, la prueba del polígrafo y el pentotal sódico juntas no son ni la mitad de efectivas que la mirada escudriñadora de tu madre.

 

Improvisar disfraces.

Sólo una madre mexicana puede convertir tres pliegos de papel crepé, una botella de resistol y unos pompones de colores en la caracterización más fiel de Don Miguel Hidalgo o Doña Josefa… en una sola noche.

 

Acabar con tu depresión a punta de postres.

Ninguna ruptura amorosa o problema con tus amigos es tan poderoso como para imponerse ante el arroz con leche de tu mamá. En caso de emergencia, siempre puede recurrir al chocolate Abuelita o al champurrado para dejarte nadando en serotonina.

 

Curarte cualquier malestar con remedios caseros.

La mitad de las plantas que tiene en la casa sirven para aliviar los síntomas de la mayoría de las enfermedades o dolencias que te pueden aquejar en cualquier momento. Y eso incluye los ajos y las cebollas de la cocina. Saber que un té de ajo o de flores de bugambilia es ideal para la tos, que un dolor de estómago puede desaparecer bajo el efecto de la manzanilla y que ningún mal es lo suficientemente poderoso para vencer al árnica, son cosas que todos tenemos presentes gracias a la intervención de nuestras madres.

 

Asustarte con leyendas urbanas.

Que si se te va a enchuecar la boca si sales a la calle después de comer, que si el señor del costal se lleva a los niños berrinchudos, que si te vas a quedar bizco por estar viendo la tele de tan cerca, que si por aquí se aparece la Llorona, que si no te duermes va a venir el coco o que si se te va a secar la mano si osas levantarla en su contra… tu mamá tenía todo un arsenal de mitos y leyendas cuyo único objetivo era hacer de ti una persona de bien.

 

Encontrar objetos perdidos.

Ya sabes cómo se desarrolla esta escena: tu mamá te manda a buscar su monedero, que ella asegura está en el cajón de su buró; vas hasta el cajón para confirmar lo obvio… el monedero no está ahí; sacas todo lo que hay en el cajón y tu mirada contempla su vacuidad absoluta; acomodas todo y regresas con tu mamá para darle la noticia; llega la inevitable sentencia “Si voy y lo encuentro… ¿qué te hago?”. Lo más frustrante no es la inminencia del castigo sino la facilidad y rapidez con el que va a encontrar el monedero. “Si fuera víbora te picaba la mano”. Muchos monederos y muchos años después, siempre te quedará la duda de si el monedero siempre estuvo en el cajón…

 

Quitarte la cruda después de una noche de copas…

Ningún restaurante compite con los desayunos que tu madre te puede preparar para eliminar las consecuencias de una noche loca. Los chilaquiles y los huevos revueltos en salsa verde o roja son parte de sus recetas contra todo mal etílico. ¿Ya te sientes bien? Ahora puedes ir al mercado a comprar lo que necesita para la comida, pasar a recoger las cosas que dejó en la tintorería, bañar al perro…

 

Tener la razón.

¿Alguien va a discutir al respecto?