Los mexicanos tenemos dos modalidades cuando se trata de expresarnos. Cuando estamos en confianza, nos dejamos ir como hilo de media y lo florido de nuestro vocabulario se impone contra todo indicio de buenas costumbres y mesura. Pero existen esas otras situaciones —enfrente de los niños, cuando están los suegros, con tu abuelita la que cree que las groserías son el arma del diablo para corromper a la humanidad— en la que tenemos que moderar nuestro lenguaje. En estas ocasiones, muchos hacen uso del ingenio para darle la vuelta al problema y terminan en discursos por demás incomprensibles, aunque interesantes y divertidos. Esta es una lista de los eufemismos más comunes que te podrás encontrar por México.

1. Abuelita soy tu nieto

Lejos del reconocimiento genealógico que se intuye con esta confesión, esta es una expresión que sustituye a la afirmación contundente de un sincero a huevo. Como buen eufemismo, su efectividad radica en el reconocimiento fonético de la expresión original en deformaciones que van de lo creativo —abuelita de Batman, a Wilson— a lo más burdo —awiwi, a hueso. Y tú, ¿sabes a qué sabe el pan de huevo?

2. No manches tu vida de colores

Expresión sin sentido que te identificará como chavo fresa atrapado en los ochenta. Por qué no querrías manchar tu vida de colores es un completo misterio, a menos que consideres esta frase como un burdo intento por no decir no mames. Existen otras variantes como la futbolística no Manchester United, la kid-friendly no mouse, Mickey o simplemente cortar la palabra a la mitad con un sonoro no maaaaaaaa…

3. ¡Hijo de tu qué barbaridad!

Hay mil y un motivos para decirle hijo de tu pinche madre a alguien, pero si tu fin es sonar bastante más ridículo, puedes recurrir a una serie de expresiones que relacionan al interpelado con varias progenitoras que van desde Pink Floyd (la más psicodélica), hasta la mañana, la guayaba, la tiznada, la tostada y un interminable etcétera.

4. Te vas, pero si derechito… al cuerno

Sabemos, o por lo menos intuimos, que la chingada vive bastante lejos. Afortunadamente tiene un montón de vecinos menos altisonantes como el cuerno, la goma, la fregada —su prima hermana— e incluso el carajo, a los que puedes recurrir en situaciones que así lo ameriten.

5. Hacer del dos

Los mexicanos tenemos un problema con decirle caca a la caca, ya no digamos con la mierda, que aunque todo el mundo entiende, pocos usan como sinónimo de excremento. De esta frustración freudiana, nacen frases como hacer del cuerpo, hacer del dos y sinónimos como popó o —la peor de todas— popis.

6. ¡Ay, güero!

En algunos sectores anacrónicos de la sociedad mexicana, el güey sigue siendo considerado como un insulto que debe ser evitado a toda costa, aún cuando la inmensa mayoría de nosotros lo usamos prácticamente como una muletilla. Si, por azares del destino, no sólo perteneces a este grupo, sino que te mueres de ganas por decirle güey a alguien, siempre puedes equipararlo con una bestia de carga diciéndole buey. ¡Usar palabras sin sentido para mantener el discurso a la altura de las buenas costumbres nunca fue tan satisfactorio!

7. Ah, cómo chilla la niña

Si alguien te suelta esta frase, y no hay una niña chillona por los alrededores, puede ser que te convenga bajarle dos rayitas a tu desmadre —o a tus desmanes, para estar en contexto— y dejar de estar chingando al prójimo.

8. El baile de Berta

Ni bailó ni fue Berta, lo que pasó fue que valió y valió verga, verde, vértebra, verch, gaver… o, como dicen por ahí, ya fue, se llamaba.

9. Pintando cuernos

No podíamos no incluir en esta lista las señas que se utilizan para insultar a distancia. Aunque muchas personas harán uso de su dedo medio o te pintarán huevos cuando te manden a freír espárragos, hay otras tantas que preferirán mantener la compostura y pintarte cuernos. Una seña muy socorrida entre taxistas de la vieja escuela.

10. Me lleva la que me trajo

No, no se trata de tu madre. Se trata de la mismísima chingada, que viene por ti desde sus rumbos en casa de la ídem.

11. Ca’ón

Otro que escucharás en los círculos más fresas de México. Como si inventar una palabra a la que le faltan letras la pasara por un baño de virtud, esta es la opción amigable de la omnipresencia del cabrón en el vocabulario mexicano. También puedes decir que algo está cañón o cortar la palabra a la mitad y combinarla con otros inventos, teniendo resultados del calibre de no maaaa ca’.

12. Te voy a partir tu mandarina en gajos

Nuevamente, no es un ofrecimiento. Si alguien te dice esta frase es que está a punto de reventarte toda tu madre, tu mauser, o sea, tu mismísima jefecita. Huye y cuéntaselo a quien más confianza le tengas.