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12 extrañas supersticiones que sobreviven en el imaginario mexicano

México
by Rulo Luna Ramos 9 Jan 2015
La olla de los tamales tiene que ser adornada con unos aretes formados con las hojas de maíz.

Porque estos aretes impiden que los tamales escuchen los chismes de las cocineras y se concentren en lo que les corresponde… ¡cocerse bien!

Los orzuelos son causados por observar cosas impuras.

Especialmente perros dándose amor… Ahora, si tu atención ya fue secuestrada por una pareja de perros en plena calentura, apúrate a separarlos echándoles agua, es lo único que puedes hacer para evitar la perrilla.

No hay mejor remedio para la tos de perro que un collar de limones.

Es una desgracia que tan efectivo remedio no funcione en humanos…

Jamás comas sandía en el desayuno después de una borrachera…

¡O te vas a morir!

El silbato del afilador es siempre una mala señal.

Hay quien al escuchar el característico sonido entra en un frenesí convulsivo para quitarse la mala suerte de encima, sacudiéndose de pies a cabeza como a quien le da el telele, mientras que otros se guardan las manos en las bolsas para que no se les vaya el dinero. ¿Quién tiene razón? Créanme que ni el propio afilador con todo el poder de su silbato puede resolver esta incógnita.

Si comes directamente del sartén o la cazuela, caerá un tormentón el día de tu boda.

Aunque te cases a mediados de marzo, en Los Cabos, donde no llueve nunca…

El salivazo en la oreja es un amuleto de lo más efectivo contra los males futuros.

Hay dos escuelas de pensamiento que han abordado esta húmeda costumbre. Por un lado están los que afirman que ponerse un poco de saliva en las orejas cuando te sorprende un aguacero impide el desarrollo de cualquier enfermedad respiratoria, pero también están los que aseguran que dicho salivazo es un escudo contra los regaños maternos cuando llegas demasiado tarde a tu casa después de una fiesta.

El madrazo en el codo.

¿Qué carajos hace un nervio que te paraliza la mitad del cuerpo apenas lo tocas en un lugar tan expuesto a golpes como el codo? Independientemente de la incoherencia anatómica, cada vez que te pegas en dicho nervio tienes que hacer de tripas corazón y evitar sobarte, porque el madrazo atrae la buena suerte y cualquier intento por aminorar el sufrimiento, eliminará la recién ganada bonanza.

Siempre hay que esperar que los anillos estén en posición antes de que el festejado se digne a apagar las velas.

Si prender chingo de velitas, apagar las luces, cantar todas las estrofas de las mañanitas y echarse un chiquitibum no han dejado el pastel lleno de cera derretida, todavía hay que esperar. ¿A quién le importa que el pastel quede incomible? ¡Hay que afianzar los deseos!

Que alguien por favor me explique cómo la mollera se puede caer, y cómo -si ya se cayó- es que se la vuelven a poner al pobre niño.

Los niños pequeños son la convergencia de los mitos más raros, pues carecen de herramientas para defenderse de las fantasías y costumbres más locas de sus madres. Algo tan inocente como la mollera, puede convertirse en el origen de un sinnúmero de afecciones al pasar del terreno médico al mundo de lo sobrenatural. Seguro algo tiene que ver con la curada de espanto, el mal de ojo, los eclipses y el hilito rojo.

El cigarro de la suerte de las mujeres fumadoras.

Comprar una cajetilla, abrirla, sacar un cigarro, voltearlo, reintroducirlo a la cajetilla y amenazar de muerte a cualquiera que intente tomarlo o lo llegue a tomar por error. Todo el paripé detrás de este cigarrito es tomado más en serio de lo que el observador casual podría pensar, aunque hay quienes opinamos que es una táctica sutil para que nadie les robe el último cigarro de la cajetilla.

Y si quieres que se vayan las visitas de tu casa…

¡Qué mejor remedio que poner la escoba tras la puerta! Si no me creen, pregúntenle a sus abuelitas… y ¡díganle adiós a las visitas indeseables!

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