1. El chupacabras

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Cuando todos los noticieros le dedican un espacio a seguir la ruta de un ser sobrenatural que anda por ahí de cabrón, sabes que algo está mal. Claro que el verdadero miedo debía haber estado enfocado en Salinas y la inminente devaluación de 1994… pero ¿qué niño que se respete le tiene miedo a la inflación y no a un monstruo de origen desconocido?

 

2. El señor de la basura

El miedo era específicamente a que te ofrecieran como tributo al señor de la basura. Consecuencia natural de que te portaras mal, claro está. Yo nada más pensaba en las actividades macabras en las que dicho personaje involucraba a todos los niños que le ofrendaban.

 

3. La invasión extraterrestre

Jaime Maussan, te culpo por implantar en mi cabeza la idea de que seres de otro planeta nos vigilan en forma de luces misteriosas desde su base en el Popocatépetl.

 

4. El aire y la boca chueca

Dicen que el que come y canta, loco se levanta. Pero de cierta forma el terror a la locura se veía infinitamente superado por el hecho de que se te fuera a enchuecar la boca si acaso se te ocurría salir a la calle inmediatamente después de comer. Está científicamente comprobado que “el aire” está por todos lados.

 

5. El cara de niño

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Hasta el nombre tiene tintes tétricos. La verdad es que este animalito ni tiene cara de niño ni otra cosa terrorífica que lo distinga. El cara de niño es una especie de grillo súper desarrollado que en algún momento se volvió mito urbano. Por ahí corría —¿corre?— el rumor de que el encuentro con este bicho podía ser mortal, por lo que encontrar uno en tu patio o jardín era prácticamente sinónimo de muerte. El mito también hacía énfasis sobre su naturaleza indestructible, lo que fomentaba la creatividad a la hora de enfrentar al pobre animal.

 

6. La bruja de los colores Blanca Nieves

Uno de los artículos escolares más comunes era la cajita de colores Blanca Nieves. Por el frente todo bien, con la susodicha y los enanos echando relajo, pero la parte posterior tenía una escena dantesca con una bruja decrépita cruzando el bosque más horrible que se ha visto jamás… o por lo menos esa era mi impresión a los cinco años. Yo por eso siempre pedía los colores del mapita.

 

7. Las historias de fantasmas de Nino Canún

Para empezar, permítanme aclarar que en los ochenta no había nada en la televisión matutina que no fueran noticias o Nino Canún. El programa normalmente trataba temas de política y otras cuestiones sociales, pero de vez en cuando se enfocaba en lo paranormal. Después de horas y horas de escuchar historias de fantasmas, nadie iba a dormir tranquilo por un par de noches. Y ni todo el panel de escépticos podía hacer nada para remediarlo.

 

8. La Mano Peluda

La secuela natural después de chutarse el programa de Nino Canún. La Mano Peluda era un programa de radio que se transmitía a altas horas de la noche y en él se contaban las historias más macabras de encuentros paranormales. Debo decir que en este caso el miedo fue eventualmente sustituido por el puro morbo y sí, yo seguí escuchando La Mano Peluda hasta mis años de universidad.

 

9. La llorona

La llorona, la nahuala o cualquier otro espantajo local… en México no hay pueblo en el que no abunden las historias sobrenaturales con personajes bien establecidos. Quién iba a poder dormir sabiendo que las noches están plagadas de todo un compendio de almas en pena en busca de venganza.

 

10. El tecolote

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Porque el canto del tecolote es presagio de muerte. Yo ni sabía que era un tecolote, pero nada más de pensar en que uno me fuera a cantar por ahí cerca se ponía la piel de gallina.

 

11. Los Pitufos

En algún momento de los ochenta, estos personajes dejaron de ser los inocentes hombrecitos azules popularizados por Hanna-Barbera para convertirse en las huestes de Belcebú. Admito que yo era muy fan del un disco de canciones de los Pitufos, pero le perdí toda confianza cuando me enteré que escucharlo a la inversa transmitía mensajes provenientes del mismísimo infierno.

 

12. La ira de la madre

Ya sea que encontrara eso que tú no pudiste encontrar, que te contara hasta tres o que sacara la chancla, la madre mexicana es un miedo no infundado que marcó la infancia de más de uno.