Isabel Barreto (Pontevedra, 1587- ?, 1612)

La primera mujer que ostentó el cargo de Almirante en la navegación española (y la primera almiranta conocida del mundo) nació en Pontevedra. Era de familia noble, lo que le permitió estudiar (sabía leer y entendía latín), viajar y hacer muchas cosas que entonces no podían hacer las mujeres. En 1595 acompañaba a su marido, almirante, en una expedición de cuatro navíos que iba hacia las Islas Salomón: él murió, pero antes de morir nombró a su mujer gobernadora en tierra y a su cuñado Lorenzo Barreto, hermano de Isabel, almirante. Cuando Lorenzo también falleció, ella tomó el mando. Sofocó motines y disidencias con mano dura y recondujo la expedición hacia Filipinas con éxito.

María Pita (Sigrás, 1565-1643)

María Pita (su nombre real era María Mayor Fernández de Cámara y Pita) tiene una plaza y una estatua en A Coruña. Y no cualquier plaza: es la más importante, la del ayuntamiento. Se lo merece, claro: cuando en 1589 las tropas inglesas asaltaron la ciudad y el alférez inglés que lo dirigía todo mató al marido de Pita, esta le arrebató la lanza y lo mató a él (era hermano de sir Francis Drake). Dice la leyenda que, al grito de «quen teña honra, que me siga», logró desmoralizar a la tropa inglesa y darle la vuelta a una batalla que parecía perdida.

Marcela y Elisa

Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga se conocieron estudiando en la Escuela Normal de Maestras de A Coruña y se enamoraron. Tras unos años de separación (los padres de Marcela la enviaron a estudiar a Madrid al ver cómo evolucionaba la amistad), se reencontraron ya como maestras en Galicia y la relación continuó. En 1901, Elisa se vistió de hombre, se inventó un pasado (una infancia en Londres, un padre ateo —con lo que consiguió un bautizo—) y se convirtió en Mario. El 8 junio de ese mismo año, Elisa-Mario y Marcela se casaron. Pronto se supo lo que pasaba en realidad y fueron perseguidas, excomulgadas y huyeron a Argentina. El acta de matrimonio, eso sí, nunca llegó a ser anulada.

Maruja Mallo (Viveiro, 1902- Madrid, 1995)

Los integrantes de la Generación del 27 que estudiamos en los libros de texto tenían muchas cosas en común: habían nacido en fechas cercanas, tenían una educación similar y… eran todos hombres. Pero en aquel grupo de artistas y poetas había también muchas mujeres que solo ahora la crítica está empezando a recuperar: eran las llamadas Sinsombrero, apodo conseguido tras un acto en el que Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca se quitaron el sombrero en público en Madrid (porque se les congestionaban las ideas) y escandalizaron a los transeúntes. Mallo, nacida en Viveiro, era pintora (artista total, en realidad) y llevaba en Madrid una vida moderna nada normal entre mujeres de la época: iba en bici, hacía deporte, asistía a eventos literarios y cafés… Su obra está reconocida internacionalmente y entre sus amigos y admiradores estaban Lorca y Alberti, pero también Magritte y Neruda, Picasso y Miró.

Concepción Arenal (Ferrol, 1820- Vigo, 1893)


Una de las pioneras del feminismo español, nunca dejó que ser mujer supusiera una desventaja. Siempre quiso ser abogada y se disfrazó de hombre para poder asistir como oyente a la Facultad de Derecho, y para participar en tertulias literarias y políticas. Fue la primera mujer premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas (se presentó con nombre de hombre) y la primera que recibió el título de visitadora de cárceles de mujeres. En sus escritos, no se cansó de criticar las teorías que defendían que la mujer es inferior basándose en la biología y defender el acceso de la mujer a todos los niveles educativos. Su cita más famosa sigue de actualidad: «abrid escuelas y se cerrarán cárceles».

Las Marías

Foto: Elda

Su estatua en la Alameda de Santiago de Compostela es de lo más fotografiado de la ciudad, pero ¿quiénes eran ellas? Las hermanas Maruxa (1898-1980) y Coralia Fandiño Ricart (1914-1983) paseaban todos los días por la zona vieja de la ciudad y se hicieron famosas por su ropa y maquillaje algo excéntricos y por flirtear con los jóvenes universitarios (todo un colorido algo inusitado en plena España franquista). Su historia, como todas las historias de locura, es algo trágica: de familia anarquista, sufrieron durante la Guerra Civil y la posguerra la represión en sus propias carnes, con hermanos huidos y la Policía Social utilizándolas a ellas para intentar encontrarlos (dicen que con torturas y violaciones). Enloquecer fue para ellas un mecanismo de supervivencia.

Elisa (1898-1933) y Jimena Fernández de la Vega (1898-1984)

Estas dos hermanas gemelas fueron las primeras mujeres en estudiar en la Universidad de Santiago de Compostela, donde acabaron sus estudios de Medicina en 1919. Obtuvieron la Gran Cruz de Alfonso XII por sus excelentes expedientes y Jimena el Premio Extraordinario. Fueron médicas e investigadoras y, sí, parientes de la que entre 2004 y 2010 fue vicepresidenta primera en España: eran tías de María Teresa Fernández de la Vega.

Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837- Padrón, 1885)

No podía faltar: el primer nombre que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en las grandes mujeres gallegas de la historia. ¿Qué tiene que hacer una poetisa y novelista para convertirse en el símbolo de un pueblo? Los méritos de Rosalía son unos cuantos: por un lado, la calidad indiscutible de sus obras, marcadas por una fuerte melancolía y por abrir la etapa moderna de la poesía española; por otro, por atreverse a escribir en gallego (aunque lo hacía también en castellano) en el siglo XIX, un momento en el que el idioma llevaba unos cuantos siglos de desprestigio literario y social. Contribuyó así a la salida del gallego de sus Séculos Escuros y la entrada en el Rexurdimento.

Sofía Casanova (A Coruña, 1862- Poznań, Polonia, 1958)

Habría pasado a la historia solo por su producción literaria, pero llama más la atención otro detalle de su biografía: como periodista, fue corresponsal de guerra. Cubrió las dos guerras mundiales y la persecución de los judíos por parte de los nazis; además de la lucha sufragista en el Reino Unido o la formación del Partido Bolchevique en la Rusia zarista. Fue miembro de la Real Academia Galega, entrevistó a Trotsky, sus crónicas aparecieron en el ABC y el New York Times, y en 1925 su nombre se barajó entre los candidatos españoles al Premio Nobel de Literatura. Ahora bastante olvidada, se está empezando a reivindicar su figura.

María Castaña (siglo XIV)

Es de los tiempos de Maricastaña y nunca mejor dicho: es a esta lucense a quien nos referimos cuando usamos esa expresión. No se sabe mucho de ella, más allá de que participó con su familia en una revuelta popular en 1386 contra el obispo de Lugo, fray Pedro López de Aguiar, que era su señor feudal. En la revuelta murió el mayordomo del obispo y María Castaña y sus dos hijos fueron acusados de provocar su muerte, por lo que tuvieron que donar sus bienes a la Iglesia.

Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851- Madrid, 1921)

Leer a Emilia Pardo Bazán es exclamar «¡sí!» cada tres líneas y sonreírse todo el rato. Novelista, periodista, poeta, dramaturga, traductora y catedrática, entre otras muchas cosas, hablaba varios idiomas, viajaba sin parar y no dejaba a nadie indiferente. Su abierto activismo feminista le granjeó unas cuantas enemistades, especialmente al moverse en un mundo de hombres: fue la primera mujer nombrada Presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, la primera Consejera de Instrucción Pública, la primera catedrática de Literatura Contemporánea en Lenguas Neolatinas de la Universidad de Madrid…

Celia Rivas (1913-1974)

Su padre importó un camión de Estados Unidos y ella decidió conducirlo. Se sacó el permiso en 1932, convirtiéndose en la primera mujer conductora de camiones en España, y, cuando su padre murió, se puso al frente del negocio familiar, que fundó, (Hijos de Joaquín Rivas, poner Hijas no estaba bien visto) y logró sacarlo adelante.

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