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12 palabras hermosas que todos los viajeros deberíamos empezar a usar

by Ana Bulnes 3 May 2018

Llega un momento en el que nos cansamos de decir y leer y escribir y escuchar wanderlust. ¿Es una palabra bonita y perfecta para describir lo que sentimos muchos cuando estamos mucho tiempo en casa? Sin duda. ¿Ha sido usada hasta la extenuación y no deja de ser un poco lo-típico-que-dicen-esas-personas-que-se-creen-únicas-y-especiales-por-viajar-y-nos-caen-un-poco-mal (a veces nosotros mismos, que no falte la autocrítica)? También. Y aunque no hay nada malo en el hecho de que sea una palabra extranjera, a veces esta fascinación por lo foráneo —algo que compartimos todos los amantes de los viajes— hace que olvidemos zambullirnos en nuestro propio diccionario, lleno también de tesoros.

Y no, no tenemos ninguna palabra que sea un equivalente directo de wanderlust, pero sí muchas que deberíamos empezar a usar cuando hablamos de nuestros viajes.

errabundo

¿Nómada? ¿Trotamundos? A partir de ahora puedes empezar a definirte también como errabundo, que según el DLE es un adjetivo que sirve para referirse a quien «va de una parte a otra sin tener asiento fijo». Si eres como un caracol y en tu mochila o maleta va tu casa, si siempre estás por ahí y no recuerdas la última vez que estuviste más de seis meses en el mismo sitio, puedes añadir la palabra a tu bio de Instagram.

hatear

No, no, esto no tiene que ver con el odio, aunque se haya empezado a usar así en el mundo internetero por influencia del inglés. Hatear está en el diccionario desde principios del XIX y significa «recoger la ropa y otros objetos de uso personal cuando se va a salir de viaje». Es decir, hacer la maleta o empacar, preparar el hato o «ropa y otros objetos que alguien tiene para el uso preciso y ordinario».

hipo

El hipo no es solo eso que nos pasa cuando se nos desacompasa la respiración y vamos por ahí pegando saltitos. También es un ansia o deseo intenso de algo. Puedes decirlo cuando te pases horas soñando con tu siguiente viaje: «tengo hipo». Pero puntualiza para que no intenten solucionarlo dándote un susto: «hipo de viajar».

magnetizar

Tenemos hipo de viajar porque todo ese movimiento, ese pisar territorios nuevos y ver cosas que nuestros ojos nunca han visto, nos magnetiza. Es fácil de entender el significado, ¿no? Los viajes nos atraen como un imán. Este uso del verbo magnetizar no me lo he inventado yo: en su tercera acepción, significa «atraer, fascinar a alguien». La segunda también es bastante maravillosa: «producir a alguien sueño magnético por fascinación, hipnotizar». Esto es lo que nos pasa cuando viajamos en tren y miramos por la ventanilla.

chapaleteo

No es lo ideal, pero a veces ocurre: nos toca un viaje de lluvia inesperada día tras día. Al final no hay más que sacar paraguas y chubasquero y lanzarse igual a explorar el lugar en el que estamos, pero es inevitable tener algún momento de esos en los que suspiras y piensas: «podía parar de llover, ¿no?». A partir de ahora, respira hondo y céntrate en los sonidos. En el chop chop chop de la lluvia al caer. Y, cuando vuelvas a casa y te pregunten qué tal, di que uno de los momentos en los que más disfrutaste fue cuando te paraste a escuchar el chapaleteo. ¿El qué? El «ruido que hace la lluvia al caer».

mu

No tiene nada que ver con vacas, el significado más conocido y usado de esta palabra, sino más bien con el jet lag. Mu tiene dos entradas en el diccionario y es la segunda la que nos interesa, aunque esté en desuso. Significa(ba) ‘sueño, acto de dormir’. Según parece, lo usaban las nodrizas diciendo algo así como «vamos a la mu». Reinvindiquemos su utilización en un nuevo contexto, el viajero, para defender esos momentos de cansancio y sueño provocados por atravesar varias zonas horarias. «Me voy ya a la mu, que llevo 24 horas sin dormir»

noctívago

Cuando la mu te esquiva y tu cuerpo no se adapta bien a la nueva zona horaria y te encuentras explorando siempre de noche. Di que eres un noctívago, persona que anda vagando siempre de noche, acepta tu condición con orgullo y no mires atrás.

estro

Hay algo en estar en un lugar desconocido (o que no es el habitual) que hace que nuestro cerebro se revolucione y tengamos algunas de nuestras mejores ideas. Un montón de planes para nuestra vida cuando volvamos y revelaciones sobre nosotros mismos, la visita constante de las musas si eres alguien con algún tipo de aspiración artística, la certeza de que estamos sufriendo algún tipo de transformación profunda que no comprendemos bien… Viajar suele tener este efecto, nos despierta el estro, la «inspiración ardiente del poeta o artista». Es también el «período de celo o ardor sexual de los mamíferos»… que, para qué negarlo, a veces también aparece cuando respiramos aire extranjero.

mundanear

Mundanear es en realidad algo menos bonito y poético que eso que nos imaginamos al leer la palabra (¿vagar por el mundo? ¿ir de tren en avión y de barco en coche? ¿cruzar fronteras, visitar museos y subir montañas?). Es «atender demasiado a las cosas del mundo, a sus pompas y placeres», pero ¿qué es viajar sino pisar la tierra y descubrir pompas y placeres por doquier? Mundaneemos todo lo que podamos.

nefelibata

Gracias a esas listas de palabras bonitas que repiten siempre las mismas veinte palabras (¿de verdad no hay más?), nefelibata ya no es ninguna desconocida. Y, sí, admitimos que es un vocablo que enseguida nos evoca poesía y belleza y con el que los viajeros nos podemos sentir bastante identificados: viene del griego νεφέλη nephélē ‘nube’ y -βάτης –bátēs ‘que anda’, es decir, ‘que anda por las nubes’, y se usa para referirse a personas soñadoras. Porque en realidad no es incompatible: somos nefelibatas en casa y mundaneamos en cuanto iniciamos el viaje.

celícola

Si los vuelos largos no son para ti ya ningún secreto, si sientes casi que pasas más tiempo sobrevolando el mundo que pisándolo, puedes decir que más que un simple terrícola, tienes también algo de celícola: «habitante del cielo». Pilotas y azafatos deberían hasta tener su tarjeta de residencia.

hodofobia

Lo que no tienes: miedo a los viajes. Hodo- porque en griego hodos significaba ‘camino’. Y, aunque no exista, podemos empezar a hablar de hodofilia, ¿no?

Somos hodófilos, celícolas, nefelibatas, noctívagos y errabundos. Magnetizados por el chapaleteo, llenos de hipo de mundaneo y estro de ir a la mu en distintos rincones del planeta. ¿Aún no has empezado a hatear?